Irak, fragua del siglo XXI

fraguaGustaban de llamarse a sí mismos “los vulcanos” en honor a Vulcano, dios romano del fuego y protector de los herreros. Porque eso es lo que pretendían, forjar (a sangre y fuego) un siglo XXI americano. Si Estados Unidos había terminado el siglo XX como única e incontestada superpotencia mundial, habían concluido, era gracias a la combinación de claridad moral y poder militar con la que Ronald Reagan había logrado derrotar a la Unión Soviética y con ella al mal superior: el comunismo. No es que admiraran a Reagan, que sólo era el actor ejecutor del renacimiento americano, es que ellos eran Reagan: casi todos habían trabajado en los segundos escalones de su administración y ahora estaban en la primera fila de la de Bush hijo. Hablamos de Dick Cheney, alojado en la vicepresidencia; Donald Rumsfeld, Paul Wolfowitz y Richard Perle (apodado El Príncipe de las Tinieblas) en el Pentágono y John Bolton, en Naciones Unidas. También de muchos otros, agrupados en torno a un potente laboratorio de ideas: el “Proyecto para un Nuevo Siglo Americano”.

Los herreros ya tenían un martillo, el ejército americano, la máquina militar más poderosa, sofisticada tecnológicamente y costosa de la historia, que suponía el 50% del total del gasto militar mundial. Les faltaban dos cosas: un enemigo de altura, que representara un mal moral absoluto y una fragua donde forjar la historia. Lo primero se lo proporcionó Bin Laden, cuyo desafío fue rápidamente elevado a la categoría de islamofascismo con el fin de facilitar una certeza moral equivalente a la que proporcionó el comunismo. Lo segundo se lo proporcionó Irak. A pesar de que el FBI certificara repetidamente que en Irak no había terroristas de Al Qaeda, Irak era la fragua perfecta para estos herreros. Frente a Afganistán, un país de menor entidad sin valor estratégico, Irak ofrecía una plataforma geopolítica única e inmensamente rica en recursos petrolíferos desde la que controlar todo Oriente Próximo, incluyendo a Irán. Muchos de estos neocon reprochaban a Bush padre, mucho más pragmático que el hijo, no haber “completado el trabajo” en la primera Guerra del Golfo de 1990-1991, dejando a Sadam Husein salir intacto. Ahora era el momento.

Según cuentan los presentes, el 1 de mayo de 2002, un Bush hijo enfadado por las reticencias de la prensa a secundar el entusiasmo contra Sadam, dijo a Ari Fleischer, entonces su jefe de prensa: “Voy a patear el puto culo de Sadam por todo Oriente Medio” (“I’m going to kick his sorry motherfucking ass all over the Middle East”). Bush cumplió su promesa, pero con el trasero de Sadam pateó también al Partido Baas, la Administración y las Fuerzas Armadas iraquíes, que eran las que históricamente habían contenido las tensiones entre kurdos, shíies y suníes, sembró la región de terroristas y encumbró a Irán a la categoría de primera potencia regional. De este siglo que nació con una cita de tanta altura estamos recogiendo ahora los pedazos.

Publicado en la edición impresa del Diario ELPAIS el 20 de junio de 2014

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