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Armas digitales

14 mayo, 2015

Backlit keyboardEn un pasado no muy lejano, los países enviaban ejércitos a ocupar los campos petrolíferos del enemigo o comandos de operaciones especiales a sabotear sus infraestructuras vitales. La primera Guerra del Golfo, que siguió a la invasión de Kuwait por parte de Irak, es quizá el ejemplo más reciente de una guerra clásica por el control y protección de los recursos estratégicos. En ese mismo pasado, la única opción de la fuerza aérea israelí para detener el programa nuclear iraquí o sirio fue bombardear las instalaciones secretas de dichos países. Y con un afán parecido de extender la Guerra Fría al espacio, la Administración de Ronald Reagan aprobó un costosísimo programa (popularmente llamado guerra de las galaxias) que preveía la construcción de armas que pudieran destruir físicamente los satélites de comunicaciones militares del enemigo.

Sin embargo, como pudo experimentar en 2012 la principal empresa petrolera saudí, Aramco, cuando más de 30.000 de sus computadoras se vieron infectadas por un virus (se sospecha de origen iraní) destinado a paralizar su producción, hoy en día es más fácil asaltar digitalmente las instalaciones petrolíferas de un país que hacerlo físicamente. Algo parecido les pasó a los iraníes cuando en 2010 vieron cómo un virus atribuido a Israel y a EE UU llamado Stuxnet, considerado el primer ciberarma de la historia, alteraba el funcionamiento de las centrifugadoras de la central Natanz y ralentizaba su programa nuclear secreto.

La vulnerabilidad digital es hoy la principal preocupación de Gobiernos y empresas. En una reciente evaluación centrada en la ciberseguridad, solo el 11% de las empresas del sector petrolero dijeron sentirse seguras frente a este tipo de ataques y, peor aún, un 23% reconoció que no vigilaban sus redes. De esas vulnerabilidades puede dar cuenta el Gobierno finlandés, que en 2013 descubrió que todas sus comunicaciones diplomáticas estaban intervenidas desde hacía años por un software maligno de origen desconocido (pero al que no dudaron de etiquetar como Octubre Rojo para dejar claro quién era el principal sospechoso). Y para sorpresa de EE UU, en noviembre de 2014 un virus atribuido a China infectó su red de satélites meteorológicos, poniendo al descubierto la potencial vulnerabilidad del sistema de posicionamiento global GPS, vital para sus fuerzas armadas.

Si un sencillo lápiz de memoria USB puede ser más dañino que una bomba guiada por láser, el flujo de petróleo puede interrumpirse desde un ordenador y los satélites militares se pueden apagar en lugar de destruir, es evidente que estamos ante una revolución de los asuntos militares. El siglo XX fue un siglo físico donde se libraban guerras físicas. Pero el siglo XXI es un siglo digital, por lo que hay que esperar que las guerras también serán digitales. La gran pregunta es si la muerte física del enemigo quedará también obsoleta o si seguirá siendo condición indispensable para la victoria.

Publicado en la edición impresa del Diario ELPAIS el jueves 16 de abril de 2015

Irak, fragua del siglo XXI

10 julio, 2014

fraguaGustaban de llamarse a sí mismos “los vulcanos” en honor a Vulcano, dios romano del fuego y protector de los herreros. Porque eso es lo que pretendían, forjar (a sangre y fuego) un siglo XXI americano. Si Estados Unidos había terminado el siglo XX como única e incontestada superpotencia mundial, habían concluido, era gracias a la combinación de claridad moral y poder militar con la que Ronald Reagan había logrado derrotar a la Unión Soviética y con ella al mal superior: el comunismo. No es que admiraran a Reagan, que sólo era el actor ejecutor del renacimiento americano, es que ellos eran Reagan: casi todos habían trabajado en los segundos escalones de su administración y ahora estaban en la primera fila de la de Bush hijo. Hablamos de Dick Cheney, alojado en la vicepresidencia; Donald Rumsfeld, Paul Wolfowitz y Richard Perle (apodado El Príncipe de las Tinieblas) en el Pentágono y John Bolton, en Naciones Unidas. También de muchos otros, agrupados en torno a un potente laboratorio de ideas: el “Proyecto para un Nuevo Siglo Americano”.

Los herreros ya tenían un martillo, el ejército americano, la máquina militar más poderosa, sofisticada tecnológicamente y costosa de la historia, que suponía el 50% del total del gasto militar mundial. Les faltaban dos cosas: un enemigo de altura, que representara un mal moral absoluto y una fragua donde forjar la historia. Lo primero se lo proporcionó Bin Laden, cuyo desafío fue rápidamente elevado a la categoría de islamofascismo con el fin de facilitar una certeza moral equivalente a la que proporcionó el comunismo. Lo segundo se lo proporcionó Irak. A pesar de que el FBI certificara repetidamente que en Irak no había terroristas de Al Qaeda, Irak era la fragua perfecta para estos herreros. Frente a Afganistán, un país de menor entidad sin valor estratégico, Irak ofrecía una plataforma geopolítica única e inmensamente rica en recursos petrolíferos desde la que controlar todo Oriente Próximo, incluyendo a Irán. Muchos de estos neocon reprochaban a Bush padre, mucho más pragmático que el hijo, no haber “completado el trabajo” en la primera Guerra del Golfo de 1990-1991, dejando a Sadam Husein salir intacto. Ahora era el momento.

Según cuentan los presentes, el 1 de mayo de 2002, un Bush hijo enfadado por las reticencias de la prensa a secundar el entusiasmo contra Sadam, dijo a Ari Fleischer, entonces su jefe de prensa: “Voy a patear el puto culo de Sadam por todo Oriente Medio” (“I’m going to kick his sorry motherfucking ass all over the Middle East”). Bush cumplió su promesa, pero con el trasero de Sadam pateó también al Partido Baas, la Administración y las Fuerzas Armadas iraquíes, que eran las que históricamente habían contenido las tensiones entre kurdos, shíies y suníes, sembró la región de terroristas y encumbró a Irán a la categoría de primera potencia regional. De este siglo que nació con una cita de tanta altura estamos recogiendo ahora los pedazos.

Publicado en la edición impresa del Diario ELPAIS el 20 de junio de 2014