Posts Tagged ‘Snowden’

De rodillas

6 enero, 2014

kneesCuando en noviembre de 2010 Wikileaks comenzó la publicación de los 251.287 telegramas cursados desde la red de embajadas estadounidenses en el mundo a la sede del Departamento de Estado en Washington D.C. muchos celebramos el hecho de que, por una vez, la tecnología pudiera equilibrar a favor de la ciudadanía el inmenso poder de los Estados.

No sólo fue el hecho de que la diplomacia estadounidense quedara al desnudo, revelando con todo lujo de detalles el funcionamiento diario de una de las maquinarias de poder más extensas de toda la historia, sino que la operación orquestada por Julian Assange y Wikileaks hubiera requerido poco más que la candidez de aquella joven cabo de 23 años llamada Chelsea Manning (antes Bradley). El cablegate, como se denominó a la filtración de información oficial más masiva de la historia, demostró que todo lo que se requería para doblegar el poder de los servicios de inteligencia era un individuo consciente sentado delante de un terminal y un puñado de CDs vírgenes. Gracias a Manning nos marchamos de vacaciones navideñas pertrechados de una buena dosis de optimismo.

Tres años después cerramos otra vez el año dominados por la larga sombra de otras filtraciones, esta vez las de Edward Snowden a costa de la red de interceptación de comunicaciones mundiales puesta en marcha por la Agencia de Seguridad Nacional estadounidense (NSA) y sus aliados, fundamentalmente británicos (pero no solo). De repente, las mismas tecnologías que en principio estaban destinadas a proteger a los ciudadanos de ataques como el 11-S se convertían en herramientas de espionaje indiscriminado a líderes mundiales, ciudadanos y empresas.

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El perró que no ladró

3 noviembre, 2013

g29p23f1Si el perro no ladró aquella noche es porque conocía al ladrón que robó el caballo, concluyó Sherlock Holmes en Estrella de plata, el cuento de Conan Doyle. Algo parecido parece estar pasándole a los servicios de inteligencia europeos, incluyendo los españoles. Estamos ante dos hipótesis: una, que no supieran que EE UU estaba recabando de forma sistemática millones de datos de los ciudadanos, lo que supondría haber incumplido la misión de protegerles que tienen encomendada por esos mismos ciudadanos; dos, que lo supieran pero que no hubieran hecho nada al respecto, lo que supondría una grave quiebra en la confianza que los ciudadanos depositan en ellos.

Cada día que pasa la segunda hipótesis es más plausible. ¿Por qué? Porque, por lo que estamos viendo, parece que los servicios secretos europeos no solo son consumidores de esos datos, sino que también han venido participando en su recolección, colaborando directamente con EE UU en el pinchado de los cables submarinos y en la interceptación de las comunicaciones mundiales. Sabíamos que el Reino Unido, como parte de los Cinco Ojos, lo hacía, pero ahora parece que España y Francia también lo han venido practicando.

El comunicado que la NSA hizo público ayer es cristalino: la agencia garantiza que hace todo lo posible por “minimizar” la posibilidad de que en su trabajo se “busquen, recojan, procesen, exploten, retengan o diseminen” datos que afecten a la privacidad de “ciudadanos estadounidenses”. Nótese la doble ironía de esta retahíla: la primera, que la NSA intenta proteger la privacidad de sus ciudadanos pero no garantiza que siempre lo pueda conseguir (especialmente, suponemos, cuando sus datos salen de o entran en EE UU); la segunda es que el comunicado, al negarse a negar aquello de lo que se le está acusando estos días, confirma que respecto a los ciudadanos extranjeros su propósito podría ser el exactamente inverso, es decir, el de “maximizar” la obtención de datos y su almacenamiento.

Este comunicado debe ser leído en paralelo con el que Google ha hecho público a la luz de las revelaciones del Washington Post que señalan que la NSA habría logrado interceptar el tráfico de datos entre los servidores diseminados por todo el mundo que almacenan los datos de sus usuarios. El programa, denominado MUSCULAR en otra demostración del ambiente jovial por los muchos éxitos en la interceptación que parece domina a la NSA, ha sido desarrollado en colaboración con los socios del GCHQ británico, nótese, si se quiere entender lo que está ocurriendo, con un Estado miembro de la Unión Europea. En el comunicado, Google niega haber facilitado voluntariamente acceso a la NSA a sus servidores, confiesa estar preocupada desde hace mucho tiempo por esta posibilidad y hace público que está invirtiendo desde hace tiempo en mejorar la encriptación de sus servidores. Este perro sí que ladra.

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Adictos a los datos

27 octubre, 2013

adiccion-a-internet-299x300Precisamente porque la moral, regida por la ética de las convicciones, y la política, sometida a la ética de las responsabilidades, constituyen esferas diferenciadas, tenemos la obligación de pensar sobre la mejor manera de reconciliarlas. Como ha puesto de manifiesto el filósofo político Michael Ignatieff, lo peor de esta tarea no son los riesgos que se asumen, sino su escaso retorno: en el mejor de los casos, en lugar de encontrar una verdad que nos ilumine, nos encontraremos con una serie de males entre los que elegir el menor.

Dicho esto, y partiendo de que espiar no está bien, pero es necesario, se impone hacer algunas distinciones. El caso más fácil de dilucidar es el que tiene que ver con Gobiernos enemigos o personas potencialmente peligrosas. Espiarles parece más que justificado, pues sus actividades suponen una amenaza al bienestar y derechos de los ciudadanos. El problema es que, por lo que estamos viendo, el Gobierno estadounidense ha desbordado con creces esa primera esfera y se ha adentrado en tres territorios muy problemáticos.

Uno es el espionaje a Gobiernos aliados y amigos, que supone, especialmente en el caso de los jefes de Estado y de Gobierno (Dilma Rousseff, Angela Merkel y la larga lista de los que irán saliendo), una deslealtad que deteriorará la confianza recíproca entre líderes, esencial tanto para recabar solidaridad en momentos clave como para cerrar muchos acuerdos, y hará más difícil que EE UU pueda lograr sus objetivos diplomáticos en el mundo. Pero el problema no solo se origina en la cúpula, sino en la base: europeos y estadounidenses necesitan que sus servicios de inteligencia intercambien diariamente datos con la máxima fluidez, lo que requiere un nivel de confianza tan difícil de lograr como fácil de perder. Para la serie de Gobiernos europeos que se negaron, a petición de EE UU, a conceder el derecho de sobrevuelo al avión del presidente Morales en la creencia de que Edward Snowden viajaba en él, la humillación y el ridículo son mayúsculos: retrospectivamente, más les hubiera valido poder tener la oportunidad de interrogar a Snowden y luego decidir si entregárselo a EE UU o darle asilo.

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