Posts Tagged ‘Rusia’

Pobre Rusia

16 mayo, 2014

putin2Las acciones de Rusia no son más que la respuesta legítima y, por cierto, sumamente contenida, a las constantes humillaciones sufridas por ese país desde que en 1991 decidiera abandonar el comunismo. Depuestas las armas por el eterno rival ideológico y seguro de su supremacía económica y militar, Occidente se ha dedicado a someter y humillar a Rusia de tal manera que nunca pueda volver a resurgir. Este programa se habría ejecutado valiéndose de una doble pinza formada, en primer lugar, por instrumentos económicos como las inversiones en sectores clave de la economía rusa (materias primas e hidrocarburos), pero de forma más profunda y dañina aún mediante la imposición por parte del FMI de un programa de privatizaciones que habría destruido el Estado social ruso, socavado las perspectivas de una democracia real y creado una clase de oligarcas corruptos sin más principios que el enriquecimiento y el servilismo a Wall Street y la City.

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Sangrienta vecindad

9 marzo, 2014

Siria1En lo que a su influencia y capacidad de acción exterior se refiere, la Unión Europea, ensimismada en su crisis, la desafección ciudadana y el resurgir de las xenofobias, es cada vez más un actor político inerte. Esto, que ha quedado ya demostrado con creces en su frontera mediterránea, con la deriva autoritaria de Egipto y la carnicería siria, es ahora evidente también en su frontera oriental a medida que Ucrania se desliza, lenta pero inexorablemente, hacia una guerra civil. Una guerra civil en la vecindad europea puede ser producto del azar, pero dos ya son mucha coincidencia. ¿Estamos ante un nuevo momento yugoslavo en el que Europa se vuelca sobre sí misma mientras sus fronteras arden?

¡Sanciones!, reclaman los más activistas. ¡Suspéndanse las relaciones comerciales, congélense los contactos políticos, hágase una lista negra de individuos a los que se les negará el visado! De acuerdo, si eso nos hace sentirnos mejor, impongamos sanciones. Pero sepamos que esas sanciones no cambiarán nada. O mejor dicho, sí que servirán: para dejar un testimonio indeleble de nuestra impotencia. En Ucrania, como en Siria, hace tiempo que renunciamos a orientar los acontecimientos en un sentido favorable a nuestros intereses.

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Los tres divorcios de Putin

21 junio, 2013

putinTres divorcios simultáneos son muchos divorcios, hasta para un oficial del KGB a quien suponemos un corazón de hielo. Pero ahí está Vladímir Putin. El primer divorcio, que ha puesto fin a 30 años de matrimonio con Ludmila Putina, podría ser tildado de irrelevante en términos políticos pero a muchos observadores les resultó chocante la manera de anunciarlo: por sorpresa, en el entreacto de un ballet, ante una pregunta aparentemente inocente (pero seguramente preparada) de una periodista sobre por qué se les veía tan poco juntos en público. ¿Había algún mensaje político en la frialdad y autocontrol extremo que mostró al preparar ese anuncio? ¿O solo un dato más sobre el perfil psicológico de este hombre, al lado del cual dice Ludmila que siempre se sintió observada y puesta a prueba (¿deformación profesional?) y que jamás se disculpó por llegar tarde a cenar?

Porque una frialdad parecida hay en la manera en la que Putin ha acometido su segundo divorcio, el que le ha separado de las clases medias urbanas desde que en 2011 anunciara su decisión de volver a desempeñar la presidencia del país. En lugar de intentar entender las causas que han hecho caer su popularidad desde el apogeo del 78% en 2008, cuando abandonó la presidencia, a su 20% actual, Putin se considera traicionado por unas clases medias que, a su entender, le deben el mejor periodo de prosperidad de toda la historia de Rusia. En el Kremlin, dicen los que vuelven de Moscú, se refieren despectivamente a los “bebedores de capuchino” para describir a esa clase media que pulula por los Starbucks de Moscú y San Petersburgo, vive una vida 3G en pantalla táctil, consume marcas occidentales y tiene cuentas en euros en el extranjero. Pero resulta que esos desagradecidos no solo no aceptaron con alborozo la farsa del intercambio de papeles políticos con Dmitri Medvédev, sino que salieron a las calles a manifestarse contra él.

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Europa en el laberinto sirio

2 junio, 2013

Europa, kylix griego, 330-320 a.c.El drama de la impotencia europea ante las 80.000 víctimas mortales que acumula el conflicto sirio nos termina de desvelar con toda nitidez qué aspecto tiene ese mundo poseuropeo por el que, en nuestro ensimismamiento con la crisis del euro, tanto hemos trabajado en los últimos años. Esa perpetua celebración de las más mínimas diferencias en la que estamos suicidamente embarcados, entre los europeos pero también dentro de España, ha logrado por fin un objetivo que todo el mundo puede ver y tocar. Seguro que nadie imaginaba que el resultado de tanta introspección iba a ser tan gráfico.

No se trata tanto del baile de desacuerdos entre los Veintisiete al que hemos asistido en torno al levantamiento del embargo de armas a Siria. En unas circunstancias tan difíciles como las que se viven en Siria, donde todas las opciones son peligrosas e inciertas, que las posiciones de partida entre los Veintisiete difirieran era esperable. Lo destacable es que la noche del lunes los europeos solo tuvieran encima de la mesa opciones que reflejaran su impotencia. No se trataba, precisión importante, de decidir sobre si intervenir militarmente en Siria o de lanzar una ofensiva diplomática internacional para lograr doblegar a Asad, no. Se trataba de dirimir si la posibilidad de que los europeos armaran a los rebeldes podría mejorar sus bazas negociadoras en la ronda de negociaciones que se abrirá próximamente en Ginebra.

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Licencia para matar

10 febrero, 2012

El veto de Rusia al proyecto de resolución del Consejo de Seguridad sobre Siria otorga a Bachar el Asad licencia para matar. No es que este oftalmólogo de aspecto tímido e inofensivo pareciera necesitar muchos estímulos; al fin y al cabo, viendo la trayectoria del padre, bombardear Hama con artillería pesada parece haber adquirido el rango de tradición familiar. Claro que si a una genética tan bien predispuesta hacia los crímenes contra la humanidad se añade el apoyo incondicional de un miembro permanente del Consejo de Seguridad, entonces la gloria dinástica parecería estar más que garantizada.

Sin embargo, que Bachar haya seguido al milímetro el guión familiar de los Asad no le garantiza el éxito. Los tiempos han cambiado, y de qué manera. Por un lado, las poblaciones de la región han visto caer a intocables como Ben Ali, Mubarak o Gadafi. Por otro, la Liga Árabe ha dejado de ser la inoperante caja de resonancia de tiranos que era. Y al mismo tiempo, la amenaza del islamismo ya no es un cheque en blanco para reprimir a la oposición sin exponerse a preguntas incómodas por parte de los vecinos.

Como sus depuestos colegas de la región, El Asad ha confundido disponer de la fuerza con tener legitimidad, ha subestimado las debilidades de su régimen y ha despreciado todas las oportunidades de negociar con la oposición. Ahora es demasiado tarde, y los manifestantes del año pasado, mayoritariamente pacíficos, que entonces muy probablemente se hubieran conformado con un proceso de apertura limitado, se han convertido hoy en rebeldes armados que no tienen nada que perder. Cada vez más, da la impresión de que El Asad y la oposición han unido sus destinos de forma irreversible: uno tiene que desaparecer para que la otra permanezca.

Por eso, aunque ese maestro del cinismo diplomático en el que se ha convertido el ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, piense que ha salvado al régimen de El Asad, y aunque El Asad y sus partidarios se hayan lanzado entusiasmados a la calle a recibirle, lo cierto es que el veto ruso equivale al último clavo en el ataúd del régimen sirio. Durante mucho tiempo hemos dudado de si El Asad caería, de si sería arrastrado por la espiral que él mismo ha puesto en marcha y alimentado con su ceguera: ahora estamos convencidos de que caerá, aunque también sabemos que lo hará a un coste de vidas mucho más elevado y, además, dejando tras de sí un caos enormemente difícil de gestionar.

Algún día, esperemos que sea pronto, los ciudadanos rusos exigirán cuentas a sus gobernantes por su defensa de regímenes criminales como el de El Asad. Como toda demostración de fuerza, el veto ruso no es más que una muestra de inseguridad y debilidad. Vez tras vez, Moscú traslada al exterior su inseguridad interior, ofreciéndonos un entendimiento de las relaciones internacionales basada en el miedo a ser marginado. Se ponga como se ponga, la Rusia de Putin es y actúa como una potencia en declive. Las quejas de Lavrov por el “histerismo” occidental contra Rusia no son sino un reflejo del pánico ruso ante el desbordamiento sistemático de su poder y la relevancia global por parte de los emergentes, y especialmente China, que representa un desafío mucho mayor para Rusia (que no deja de ser una potencia asiática) que para la Unión Europea.

El problema es que mientras Moscú no acuda a terapia de desintoxicación de la guerra fría y se comprometa con un orden internacional donde haya límites a la soberanía (algo no muy probable mientras China secunde sin fisuras esa visión), la comunidad internacional se verá obligada a gestionar el caos y los crímenes que se amparan bajo este entendimiento del derecho internacional como garante de la impunidad estatal.

Como ocurriera en el caso de Libia, de seguir las cosas así, nos enfrentaremos a un dilema. La intervención militar, en cualquiera de sus formatos, es y será una pésima opción. Idealmente, la Liga Árabe podría declarar zonas seguras, abrir corredores humanitarios, establecer prohibiciones de sobrevuelo a las fuerzas de El Asad e, incluso, reconocer a la oposición como Gobierno legítimo y armarla. Pero, naturalmente, el régimen sirio no desistirá, sino que recrudecerá la represión y se resistirá a aceptar la injerencia exterior. Al otro lado, la no-intervención representará una opción igualmente pésima, especialmente en una situación en la que la oposición armada sea lo suficientemente fuerte para no ser barrida pero a la vez incapaz de derribar al régimen, lo que redundará en un drama para la población civil al que asistiremos impotentes y que removerá nuestras conciencias. Gracias a Rusia, el camino de la diplomacia se estrecha, el de la guerra civil y la intervención se ensanchan. La factura: a Moscú.

Publicado en ELPAIS el 10 de febrero de 2012

Revoluciones sin colores

8 febrero, 2010

Las llamadas revoluciones de colores (naranja en Ucrania, de las rosas en Georgia y de los tulipanes en Kirguizistán) abrieron la esperanza de una pronta democratización de la esfera pos-soviética. Pero en unos pocos años, las ilusiones parecen haberse desvanecido y la frustración extendido. (more…)