Posts Tagged ‘Reino Unido y Escocia’

Referéndum en Escocia: el día después

3 octubre, 2014

La-tristeza-ha-aflorado-en-los_54415194252_54028874188_960_639El día después del referéndum escocés podían pasar dos cosas. Si ganaba el sí, los escoceses hubieran tenido que gestionar una economía que pierde competitividad, sostener el Estado del bienestar, regular la banca, pagar las deudas adquiridas durante la crisis, imaginar un futuro sin petróleo y hacer frente al envejecimiento de la sociedad.

¿Y una vez que ha ganado el “no”? Pues entonces, los escoceses tienen que gestionar una economía que pierde competitividad, sostener el Estado del Bienestar, regular la banca, pagar las deudas adquiridas durante la crisis, imaginar un futuro sin petróleo y hacer frente al envejecimiento de la sociedad.

Exacto, han leído bien: los retos son los mismos. Lo único que cambiaba era que en el primer caso, los escoceses tendrían que haber hecho todas esas cosas y, a la vez, construir un Estado propio, mientras que en el segundo caso tienen que hacerlo de forma conjunta con Londres, aunque con un grado de autonomía sustancial.

El punto de vista de los independentistas es que el margen de autonomía que hubieran ganado con la secesión les hubiese gestionar mejor esos retos y, además, hacerlo de forma autónoma, sin someterse a los dictados del Gobierno británico, lo que hubiese tenido consecuencias positivas. Sin embargo, para los contrarios a la secesión, la independencia no sólo significa una menor capacidad a la hora de gestionar esos desafíos, pues dichos problemas se gestionan peor entre 5 millones de escoces que entre 63 millones de británicos, sino también la dedicación de ingentes cantidades de tiempo y recursos a construir la capacidad estatal con la que resolverlos.

La estatalidad, aunque al calor del debate identitario tienda a convertirse en un fin, no deja de ser un medio. Si ganaba el sí, sin duda hubiera sido un día histórico que hubiese dejado las calles desbordadas por la alegría popular y las banderas blanquiazules. Pero este viernes, hubiera habido que hacer cosas tan mundanas como negociar un prefijo telefónico para las llamadas internacionales, gestionar la red eléctrica del país o, al otro extremo de la complejidad, poner en marcha un servicio de inteligencia que prevenga atentados terroristas yihadistas, diseñar y armar unas fuerzas armadas propias, repartirse miles de millones de deuda pública y abrir unas complicadísimas negociaciones con la Unión Europea para lograr que el nuevo país pase el mínimo tiempo posible fuera de la UE.

Paradójicamente, todo ese largo y costoso proceso tendría que haber sido negociado y pactado con el gobierno del país del que se hubieran acabado de independizar. Eso hubiese supuesto que si ganaba el sí, durante los próximos cinco años, los escoceses iban a ver más Londres en sus vidas de lo que han visto en los últimos 300 años. Así pues, incluso desde el consenso y la mano tendida (recuerden que el primer ministro británico, David Cameron, dijo que aunque la independencia le rompería el corazón, no pondría obstáculos a su consecución si ganará el sí), la independencia hubiera supuesto invertir mucho tiempo y recursos en volver a la casilla de salida donde hubieran esperado los mismos problemas de siempre.

Publicado en la edición impresa del Diario ELPAIS el 19 de septiembre de 2014

Referéndum en Escocia: ¿cabeza o corazón?

3 octubre, 2014

head-vs-heart1“Esta votación no es acerca de si Escocia es o no una nación. Escocia es una nación fuerte y orgullosa con una historia extraordinaria y unas gentes con un talento increíble”. Esto no lo ha dicho el líder independentista escocés, Alex Salmond, sino el primer ministro británico, David Cameron, en una vibrante intervención realizada el miércoles pasado en Edimburgo en la que también prometió no obstaculizar la independencia si esta fuera la opción ganadora. “Me rompería el corazón”, dijo Cameron, “pero respetaría esa decisión”.

¿Deben votar los escoceses con la cabeza o con el corazón? El debate en Reino Unido, que hasta ahora había versado sobre los costes de la separación, ha girado 180 grados hacia el terreno de las emociones, las identidades, la historia común; en definitiva, hacia el sentido y lógica de vivir juntos. Ahora, en lugar de preguntarse cuánto cuesta la ruptura, los británicos han comenzado a debatir sobre qué sentido tiene vivir juntos. Con ello parece aceptarse que ni la secesión ni la permanencia son decisiones exclusivamente racionales.

Si las personas solo estuvieran hechas de intereses, si solo se movieran por el deseo de maximizar el retorno económico de sus decisiones, entonces la decisión entre la secesión o la permanencia debería ser relativamente sencilla. O dicho de otra manera, aunque fuera una decisión complicada lo sería exclusivamente debido a que algunos costes son inciertos y / o muy difíciles de calcular. Sin embargo, la experiencia nos dice que las cosas son algo más complicadas.

¿Aceptaría México anexionarse a EE UU solo porque es más rico? ¿O España sumarse a Alemania solo porque los alemanes son más eficientes, tienen menos desempleados y exportan más? Algo parecido ocurre con la secesión: el hecho de que, incluso aunque fuera costosa económicamente, exista un número tan amplio de personas dispuestas a asumir esos costes nos señala muy claramente lo importante que son las identidades y cuánto impacto tienen sobre las preferencias de los actores.

Esa complejidad de las cuestiones identitarias explica el giro adoptado por el Gobierno británico, al que se han sumado laboristas y liberales. Así, mientras Salmond hacía el ridículo comparando la secesión de Escocia con el fin del apartheid en Sudáfrica, Cameron, inteligentemente, intentaba cambiar el debate a otro terreno. “Esta votación no es para elegir entre Reino Unido y Escocia, sino para decidir entre dos visiones distintas del futuro de Escocia”. ¿Es sincera la humedad que recorría los ojos de Cameron? ¿O, como dicen los independentistas, es una impostura que se debe a que, después de llevar meses amenazando a los escoceses con todo tipo de calamidades si deciden marcharse, Londres se ha dado cuenta de que los costes también serían inmensos para Reino Unido, y para el propio Cameron, cuya carrera política seguramente terminaría? Seguro que hay opiniones para todos los gustos, pero quizá dé un poco igual: al fin y al cabo, sabemos desde hace mucho tiempo que la fuerza civilizadora de la hipocresía es un elemento importante de paz y progreso. La cuestión es si no es ya es demasiado tarde incluso para la hipocresía.

Publicado en la edición impresa del Diario ELPAIS el 12 de septiembre de 2014

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