Posts Tagged ‘recortes’

Tres contratos

30 septiembre, 2013

tres contratosEl anuncio del Gobierno holandés la semana pasada sobre la sustitución del Estado de bienestar por una nada bien definida “sociedad participativa” está en la parrilla de salida para constituir la noticia del año. Sin duda que el titular ha sido algo grueso ya que la lectura del discurso ofrece algunos matices importantes. Con todo, la alarma está justificada: si los holandeses, que son un paradigma de riqueza, eficiencia y democracia y se mueven como pez en el agua por la globalización declaran difunto el modelo social europeo, ¿qué esperanza nos queda a los que vivimos en países con modelos económicos fallidos, sistemas políticos disfuncionales y sociedades mucho más cerradas al exterior? ¿Cómo no sumirse en la depresión si se nos dice que el inmenso destrozo causado por las políticas de austeridad no va a servir para hacer sostenible aquello que mejor nos define ante el mundo y que consideramos que es la aspiración lógica y natural de cualquier individuo y colectivo? ¿Significa eso que Europa ya no progresará más, que ha tocado techo y, a partir, de ahora, retrocederá?

Una sociedad se sostiene sobre tres contratos. El primero es el contrato intergeneracional: gracias a él, los que trabajan sostienen a los dependientes, mayores y menores. Aunque a veces se olvide, las pensiones no se pagan con el ahorro generado por los pensionistas mientras trabajaban, sino con los impuestos de los que están trabajando. Esa transferencia masiva de renta entre generaciones (que representará 121.000 millones de euros en España en 2013, el 12% del PIB), es aceptada por la sociedad sin cuestionamiento alguno. Los mayores, como gustan de decir los políticos, son “nuestros” mayores, apuntando a la fortaleza del vínculo identitario y social subyacente en la política de pensiones. Un sistema de pensiones basado al 100% en la capitalización, en el que la pensión simplemente significara la recuperación del ahorro privado que cada individuo ha logrado acumular a lo largo de su vida laboral implicaría un cambio radical en nuestro modelo político, económico y social.

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España, sin política exterior

7 abril, 2013

Fotofamilia4_tn579x385La política exterior de España se encuentra en un estado crítico. Como consecuencia de la crisis, sí, pero también como resultado de las decisiones tomadas en los últimos años. Para justificar esta aseveración no hace falta más que mirar con algo de detenimiento a los tres pilares que conforman la acción exterior de cualquier país: la diplomacia, la defensa y el desarrollo.

En cuanto a la diplomacia, son varios los elementos, estructurales y coyunturales que se conjugan para crear esta situación. El más evidente tiene que ver con la crisis, que ha tenido un profundísimo impacto sobre la capacidad de actuación de España en el plano internacional. España, que siempre luchó por hacerse un hueco entre los grandes de la UE, tiene hoy extremadamente difícil no ya ser influyente sino ni siquiera hacerse oír en Europa, mucho menos fuera de ella.

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Los equilibrios de Hollande

15 febrero, 2013

funambulismoMuchos atribuyeron la victoria electoral de Hollande a la animadversión que generaba su antecesor más que a méritos propios. Gobernar en la estela dejada por un hiperactivo como Sarkozy no debe ser fácil, especialmente en Francia, donde se da por hecho que la grandeza del ego del Presidente tiene que estar a la altura de la grandeur de la propia República. Y tampoco es que el propio Hollande hiciera mucho por desmentir esa percepción, con una apariencia afable que los críticos en seguida vilipendiaron como falta de carácter.

El momento político tampoco estaba del lado de Hollande: de igual manera que los presidentes de derechas saben que serán reelegidos por bajar los impuestos, agradar a los mercados y hacer brillar la ley y el orden, los presidentes de izquierdas saben que su destino político está ligado a la redistribución y la extensión de derechos. Nada peor pues que llegar al poder en una situación en la que hay que imponer recortes de gastos y hacer gestos visibles de austeridad ante unos mercados que, espoleados por una portada del The Economist que mostraba Francia como un bomba de relojería a punto de estallar, parecían estar deseando lanzarse contra el país.

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Tiempo de recortes en la cooperación española

6 abril, 2012

De acuerdo con el proyecto de presupuestos presentado por el Gobierno, la ayuda oficial al desarrollo se recortará en 1.580 millones de euros, lo que supone una disminución del 70% frente al año anterior. Esta reducción en el presupuesto del Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación contrasta con el recorte medio que ha sufrido la Administración General del Estado, que ha sido de un 17%. Esto supone que la cooperación pasará de representar el 0,4% al 0,26% del PIB, lo que implica un retroceso hasta los niveles de 2002. Como es natural, la comunidad de expertos en desarrollo se ha echado las manos a la cabeza por esta decisión del retrasar nada menos que una década nuestro cumplimiento del compromiso con Naciones Unidas de alcanzar el 0,7% del PIB.

Aunque parezca una perogrullada, el Gobierno recorta la cooperación por una razón muy sencilla: porque puede hacerlo. En una democracia, los políticos intercambian políticas por votos. Al fin y al cabo, la política no deja ser un mercado donde los políticos buscan maximizar los beneficios de sus políticas o, inversamente, minimizar los costes adversos de sus decisiones. En el caso de la cooperación, excepto la pequeña minoría de profesionales dedicados a la cooperación, la mayoría de sus beneficiarios materiales están fuera de nuestras fronteras, es decir, no forman parte del cuerpo político español ni votan en las elecciones generales. De ahí que se los recortes se ceben en el ámbito de la cooperación.

En teoría, las sociedades democráticas avanzadas deberían ser capaces de crear y sostener mecanismos transfronterizos de solidaridad. En la práctica, sin embargo, sabemos cuán difícil es que la solidaridad sortee las identidades nacionales y cruce las fronteras: se trate de la inmigración, de la ayuda oficial al desarrollo o del fondo de rescate para países en dificultad como Grecia, nuestras sociedades, en teoría abiertas pero en la práctica más cerradas de lo que quisiéramos, chirrían y se resisten.

Estos recortes nos muestran pues algo que muchos sospechaban pero que no se atrevían a formular en voz alta: que una década de enormes inversiones y esfuerzos en cooperación y desarrollo no han conseguido afianzar en nuestra sociedad la idea de que la solidaridad no sólo debe practicarse entre generaciones, clases sociales, territorios o individuos, sino que debería extenderse más allá de nuestras fronteras. Aunque los españoles han sido beneficiarios de primer orden de la solidaridad europea durante más de dos décadas, el poso que ha dejado esa solidaridad no parece muy firme. ¿Réquiem in pace pues por la idea de un demos ampliado que trascienda a nuestro cuerpo político? Una pregunta a tener en cuenta de cara al futuro de la presencia global de España y, también, a su posición europea.

Pero no es sólo en el ámbito de los principios donde se han puesto en evidencia los problemas de sostenibilidad de nuestra cooperación al desarrollo, sino también en el de los intereses. Ocho años de gobiernos socialistas impulsaron decididamente esta política dotándola de importantes recursos pero, como se ve ahora, fracasaron a la hora de convertirla en una política de Estado que gozara del respeto del principal partido de la oposición.

De ahí que la política española de cooperación y desarrollo parezca ser ahora víctima de la misma ideologización partidista que la ha venido impulsando. Así, mientras que en los países de nuestro entorno la política de cooperación goza de consenso, tanto en lo referido a los medios como a los fines, el Partido Popular ha visto en dicha política demasiados elementos ideológicos que chirrían con su visión del mundo y su lectura de los intereses nacionales.

Debido a la conjunción de la crisis con la falta de planificación anterior a la llegada al Gobierno, en lugar de mantener sus recursos, como ha hecho el Gobierno de David Cameron en Reino Unido, aquí se ha optado por poner el marcador prácticamente a cero y comenzar desde el principio. Pero sin un pacto de Estado, un intenso diálogo con la oposición y la construcción de un amplio apoyo social a dicha política, dicho comienzo será el preludio del bandazo que vendrá cuando vuelva a cambiar el color del gobierno.

Una política de cooperación y desarrollo sólo será sostenible cuando sea capaz de alinear nuestros valores y nuestros intereses de tal manera que se refuercen mutuamente de forma creíble para todos los actores, políticos, económicos y sociales. Todo lo demás no sólo será un retroceso que dañe nuestra imagen internacional, sino una pérdida de tiempo.

Publicado en el Diario El PAIS  el 6 de abril de 2012