Posts Tagged ‘parlamento europeo’

Tarjeta amarilla para Juncker

23 noviembre, 2014

395167_10151178885088581_2143599013_nEn la vida antes de la crisis sólo había dos certezas: la muerte y los impuestos. Pero en la vida tras la crisis, las economías, atrapadas en una espiral de deuda, desempleo y sin crecimiento, más bien parecen zombis. En cuanto a los impuestos, que ya habían pasado del estado sólido al líquido con la liberalización de los movimientos de capitales, ahora han transitado al gaseoso, como muestran las revelaciones sobre las prácticas fiscales de Luxemburgo.

Como ha señalado el economista francés Thomas Piketty, el principal problema que tiene la izquierda del siglo XXI es que no puede sostener el Estado del bienestar exclusivamente sobre los impuestos a los salarios. Y no lo puede hacer por razones de eficiencia, ya que con esos impuestos no basta para sostener las políticas de igualdad, ni por razones de equidad, porque la riqueza patrimonial ha crecido desproporcionadamente respecto a los salarios. Por tanto, aunque cargar todos los impuestos sobre el trabajo y los salarios es, además de injusto, ineficaz, se hace porque las rentas salariales son fijas y las patrimoniales son móviles, líquidas o disfrutan de regulaciones muy favorables. En otras palabras, los superricos y las empresas pueden marcharse y pagar impuestos en otros países; pero asalariados y consumidores, no.

Este doble rasero fiscal representa una amenaza existencial para el Estado del bienestar, por lo que sus partidarios deberían ser intransigentes con los esquemas fiscales que favorecen estas prácticas, y que están más extendidos de lo que parece (Luxemburgo no es una excepción). Sin embargo, como vemos estos días en el Parlamento Europeo, los socialistas europeos, temerosos de debilitar al presidente de la Comisión y de reforzar a los eurocríticos, se han dejado robar la cartera por unas promesas inconcretas de Jean-Claude Juncker sobre la armonización fiscal que seguramente no llegarán a nada una vez sean trituradas por Gobiernos y grupos de interés.

El resultado de las dudas de los socialistas es que los populistas eurófobos, que han presentado una moción de censura contra Juncker, y los Verdes e Izquierda Unida Europea, que acertadamente han visto el potencial político de este tema entre el electorado de izquierdas, les han arrebatado la bandera de la equidad y la transparencia fiscal. Dicen los socialistas que lo importante es el plan de inversiones públicas que Juncker va a presentar la semana que viene, porque eso supondrá crecimiento y empleo. Pero también hay quienes desconfían de ese plan y señalan que no traerá dinero nuevo sino sólo un lavado de cara de partidas presupuestarias ya existentes. Así que, confiados en que su acuerdo de coalición con Juncker funcione, los socialistas sólo han pitado falta cuando seguramente debían haber sacado tarjeta amarilla. Porque no sólo la política debe ser transparente, sino también las empresas.

Publicado en la edición impresa del Diario ELPAIS el viernes 21 de noviembre de 2014

 

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Jean-Claude habla italiano

18 julio, 2014

Renzi“Salvamos la eurozona y el mercado interior pero seis millones de personas perdieron sus empleos, entre ellos muchos jóvenes. La confianza está volviendo lentamente a Europa pero algunos miembros están todavía lejos de lograr un crecimiento sostenible. Hemos cometido errores en el manejo de la crisis: el ajuste no se ha distribuido equitativamente, sino de forma socialmente injusta y, además, las decisiones tomadas durante la crisis no han disfrutado de suficiente legitimidad democrática, lo que ha deteriorado el apoyo ciudadano a la Unión Europea”.

Este resumen de la intervención de Jean-Claude Juncker ayer en el Parlamento Europeo, significativamente titulado Un nuevo comienzo para Europa: mi agenda para el empleo, el crecimiento, la equidad y el cambio democrático, es lo que explicaría el apoyo recibido por el candidato luxemburgués a la Comisión Europea por parte de socialistas, liberales y verdes. El mensaje de Juncker, junto con las diez prioridades que ha detallado en su programa de gobierno, dibuja una Comisión asentada en un gran pacto político entre las principales fuerzas europeístas que quiere huir de la confrontación ideológica entre izquierda y derecha y cargar todo el peso sobre un eje reformista. Juncker quiere centrarse en la movilización de la inversión pública, el impulso a los servicios digitales, la integración financiera, las interconexiones energéticas, las políticas de inmigración o la creación de un presupuesto separado para la zona euro. Es indudable que el Juncker presidente de la Comisión ha querido desmarcarse del Juncker presidente del Eurogrupo en los momentos álgidos de la crisis o del Juncker primer ministro luxemburgués que, sobre la base de legales pero poco éticas prácticas, logró convertir ese pequeño país en un pequeño paraíso (fiscal y terrenal).

Esta transformación de Juncker hay que anotársela a Marine Le Pen, líder del Frente Nacional en Francia, y a Matteo Renzi, el recién llegado primer ministro italiano. A la primera porque el auge de los populismos eurófobos ha convencido a los líderes europeos de que, aunque el proyecto europeo haya estado severamente amenazado por los mercados, quienes de verdad podrían enterrarlo son los ciudadanos, dándole la espalda. Al segundo le debe Juncker algo que la UE ya había comenzado a practicar pero que necesitaba formalizar: un compromiso de flexibilidad respecto a las políticas de austeridad y, en paralelo, un programa de inversiones públicas que estimule el crecimiento y el empleo.

Los socialistas españoles, junto con los laboristas británicos, se han desmarcado de este gran pacto. Hace cinco años estaban en el Gobierno, lo que les permitió apoyar a Barroso a cambio de situar a una socialista, Lady Ashton, como ministra de Exteriores y lograr una cartera de primer nivel para Joaquín Almunia. Ahora están en la oposición, en periodo de reconstitución y no se jugaban nada, así que han preferido votar en clave interior y contrarrestar el auge de Izquierda Unida y Podemos. La Italia de Renzi llena el vacío europeo que dejan los socialistas españoles. Un frente que el nuevo líder, Pedro Sánchez, deberá atender de forma prioritaria.

Publicado en la edición impresa del Diario ELPAIS el miércoles 16 de julio de 2014

¿Quién gobierna en Europa?

30 mayo, 2014

?????????????????????????????????????????????????????????????????“¿Quién gobierna?” es la pregunta central de la que arranca la reflexión politológica. “Somos nosotros mismos los que deliberamos y decidimos conforme a derecho sobre la cosa pública”, dijo en el 431 a.C. un Pericles orgulloso. A lo que se sumó Lincoln en 1863 con su clásica definición de la democracia como “el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”, todavía hoy vigente en el artículo 2 de la Constitución francesa. La respuesta en ambos casos es la misma: nosotros nos gobernamos.

Aplicada a Europa, esa pregunta sobre la democracia no tiene una respuesta clara. ¿Quiénes somos nosotros?, es decir, ¿dónde esta el pueblo (demos)? Y quién nos gobierna?, es decir, ¿dónde está el poder (cratos)? ¿Gobierna la Comisión? ¿el Consejo? ¿Alemania? ¿la Troika? ¿el Banco Central Europeo? ¿los mercados? El problema no es sólo la respuesta, sino la pregunta. Porque si en una democracia la pregunta de quién gobierna no tiene una respuesta clara, no se puede hacer responsable a quien gobierna de los errores cometidos, ni controlar sus acciones, ni implicarse en la elección de representantes democráticos, ni confiar en la separación de poderes, ni articular la opinión pública o crear espacios para la deliberación.

El sentido último de las elecciones es elegir a los que gobernarán y legislarán en nuestro nombre. Nuestro voto, expresión última de la soberanía de una nación y de la igualdad entre sus ciudadanos, tiene una doble función: premiar o castigar a los que nos han gobernado y designar a los que nos gobernarán, señalándoles cómo queremos que nos gobiernen. Ello requiere que existan alternativas, y que los que gobiernen puedan llevarlas a cabo. Pero si como hemos experimentado y experimentamos de forma creciente en los últimos años, las alternativas no existen, se difuminan o simplemente son inviables, entonces la democracia se vacía de significado. Echar a los malos gobernantes está bien, es el gran avance histórico que ha supuesto la democracia. Pero lograr que se gobierne al servicio de la mayoría es lo que da el sentido último.

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El eje de la fobia

24 noviembre, 2013

wilderslepenLa derecha populista está creciendo alarmantemente por toda Europa: en Francia, los sondeos conceden al Frente Nacional de Marie Le Pen la primera posición entre las preferencias del electorado, con un 24% de intención de voto, dos puntos por delante de la derecha tradicional y seis por encima del Partido Socialista, en el Gobierno. En el Reino Unido, el UKIP de Nigel Farage podría estar a la par de los Conservadores del Primer Ministro David Cameron, o incluso levemente por encima. Y en los Países Bajos, la popularidad de Geert Wilders no cesa de aumentar. La lista de partidos y movimientos es larga: la derecha populista está sólidamente anclada también en Dinamarca, Bélgica, Italia, Suecia, Finlandia, Grecia, Hungría, Rumanía, Eslovaquia y Bulgaria.

El problema de estos movimientos no es que sean nuevos, sino lo contrario, que no lo son. La mayoría lleva más de una década luchando por arraigarse entre el electorado y adquirir una presencia estable en la instituciones. En su reciente historia electoral e institucional, estos partidos y movimientos han sufrido avances y retrocesos, han aprendido de sus errores y han refinado sus estrategias para volverse más atractivos. Muchos han apartado o relegado a un segundo plano a los elementos más directamente amenazantes, intentando alcanzar a un público que vaya más allá del perfil de joven, varón, violento y sin estudios que tradicionalmente ha protagonizado su presencia callejera y mediática. Ahora, estos partidos apelan a otras generaciones, especialmente a los mayores, más nostálgicos del pasado y, en general, a todos aquellos que sienten sus identidades nacionales asediadas por la inmigración o por la crisis económica, incluyendo por primera vez un importante número de mujeres.

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Asedio al Parlamento Europeo

17 noviembre, 2013

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Con la crisis, las fuerzas populistas, especialmente las de extrema derecha xenófoba, están ganando fuerza. Este auge preocupa ante la perspectiva de que estos partidos aprovechen las elecciones europeas de mayo de 2014 para reforzarse políticamente en un momento sumamente delicado para la construcción europea. Alarman Francia y el Reino Unido, incluso Italia, pues entre los tres eligen un gran número de eurodiputados, pero también países medianos y pequeños, desde Holanda a Suecia, pasando por Grecia, Dinamarca, Austria, Finlandia o Bélgica, donde los radicales son cada vez más visibles.

Hasta la fecha, el principal problema del Parlamento Europeo ha venido de la incapacidad de frenar la continua caída en la participación, que en 2009 se quedó en un desolador 46%. Pero en esta ocasión lo que inquieta es si los euroescépticos aprovecharán la desmovilización de los europeístas para llenar el Parlamento Europeo de eurófobos, contribuyendo a paralizar o deslegitimar la institución. Hay tres escenarios que podrían materializarse, los tres muy preocupantes.

Un Parlamento que se odie a sí mismo

El más grave sería un Parlamento dominado por los euroescépticos, no tanto porque con su número lograran ser mayoritarios, lo cual es muy improbable, sino porque logren condicionar las acciones de los demás partidos, bien obligándoles a adoptar políticas coincidentes con sus intereses o bien haciendo imposible que los demás avancen y aprueben legislación en temas cruciales. No hablamos de hipótesis sino de fenómenos que ya venimos observando: la reducción constante del presupuesto europeo, el frenazo a los procesos de ampliación, las resistencias a introducir a Rumanía y Bulgaria en el acuerdo de Schengen y la decisión tomada después de la tragedia de Lampedusa de posponer cualquier medida sobre inmigración hasta después de las elecciones son medidas que hablan de la capacidad del populismo euroescéptico de fijar tanto la agenda como de influir en algunas políticas clave. Como ocurre con el Tea Party en EE UU, el resultado sería un Parlamento que se deslegitimara día a día a la vista de los ciudadanos y que, aunque ruidoso y hasta circense, en último extremo terminara por ser irrelevante.

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Elegir un Presidente

11 noviembre, 2013

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La designación del alemán Martin Schulz como candidato de los socialistas europeos a la presidencia de la Comisión Europea significa el pistoletazo de salida de unas elecciones europeas que se anticipan como muy complicadas. Con dicha designación, y las que seguirán por parte de otros grupos políticos, los partidos europeos pretenden insuflar un poco de vida a unas elecciones tradicionalmente dominadas por la abstención, que tienden a disputarse más en clave nacional que europea, y a las que ahora se añaden los efectos de la crisis y el auge de los populismos xenófobos que tan peligrosamente se están extendiendo por toda Europa.

Con la crisis, la confianza en las instituciones europeas se ha hundido. Si en 2007 un 52% de europeos tenía una imagen positiva de la UE y un 57% confiaba en sus instituciones, en 2013 sólo un 30% tiene una imagen positiva de la UE y sólo un 31% confía en ella, mientras que un 57% desconfía. La crisis de confianza no distingue mucho entre instituciones europeas: la Comisión Europea, que al comienzo de la crisis suscitaba la confianza del 52% de los europeos y la desconfianza del 27%, ahora suscita la desconfianza del 47% y la confianza de sólo el 36%.

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Europaradolandia

10 mayo, 2013

jobless_in_spain.previewCelebramos ayer el día de Europa bajo dos sombras. La primera es la severísima situación de desempleo, precariedad, estancamiento económico y recortes en el Estado del Bienestar que sufren millones de europeos como consecuencia de la crisis. Las magnitudes son impresionantes: si los 26 millones parados que tiene hoy la UE declararan la independencia, ese hipotético estado, Europaradolandia, sería nada menos que el séptimo miembro de la UE, por detrás de Alemania, Francia, Reino Unido, Italia, España y Polonia.

¿Qué país mejor que España para ilustrar el drama que vive Europa? Hay hoy más españoles en paro que ciudadanos daneses en total (5,5 millones), eslovacos (5,4), finlandeses (5,3), irlandeses (4,5), lituanos (3,3) letones (2,3), eslovenos (2,2) estonios (1,3) o que chipriotas, luxemburgueses y malteses juntos (1,7). Si los 6,2 millones de parados españoles decidieran marcharse de España y fundar su propio Estado, en la UE habría nada menos que 11 países con menor población que esta hipotética “República Independiente del INEM” formada sólo por desempleados españoles. Claro que mientras que todos esos parados españoles carecen de una voz política propia que puedan articular institucional o políticamente, esos 11 Estados de la UE tienen un Comisario, se sientan en el Consejo Europeo y pueden bloquear la reforma de los Tratados.

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