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El error de los socialistas europeos

10 octubre, 2014

Miguel-Arias-CaneteAl contrario de lo que se viene escribiendo estos días, el principal error de los socialistas (españoles y europeos) no está en haberse dividido a la hora de confirmar o rechazar la designación de Miguel Arias-Cañete como comisario de Energía y Cambio Climático. Claro que esa división interna es un error: unidos hubieran muy fácilmente podido negociar con el presidente Juncker el desgajar la cartera de Cambio Climático o, incluso, haber pactado asignar otras responsabilidades al español, que no era idóneo para el cargo, y atribuir esa cartera a alguien con más credibilidad en ese tema y así haber logrado el apoyo de liberales, socialistas e incluso verdes. Pero la responsabilidad última por este espectáculo recae sobre Juncker, que ha forzado demasiado la mano a la hora de asignar las carteras a varios comisarios sin tener en cuenta su perfil, lo que ha puesto en riesgo a toda la Comisión.

El verdadero error de los socialistas europeos, especialmente de los que han votado por Juncker y por su Comisión, es no haber entendido que, para estar en un Gobierno de coalición, que es lo que la Comisión Juncker es, hay que pactar políticas de coalición y asegurarse de que se dispone de los recursos para ejecutar esas políticas. Europa está atascada desde hace demasiado tiempo en una recesión que conlleva unos niveles intolerables de desempleo y frustración ciudadana con las políticas de austeridad. Esa combinación se está mostrando doblemente letal: por un lado, genera desconfianza en la Unión Europea, lo que hace imposible que los Gobiernos pidan “más Europa” como salida a la crisis; por otro, está hundiendo la credibilidad de los partidos socialistas, especialmente los que gobiernan, obligados a aplicar unas políticas de austeridad extremadamente impopulares sin obtener a cambio ningún impulso para el crecimiento.

Esta semana, el Fondo Monetario Internacional, famoso por décadas de hostilidad a los déficits fiscales, ha pedido a los europeos que estimulen su economía con políticas de inversión pública y, lo que es más sangrante aún, les ha recordado que con los bajísimos tipos de interés actuales esas inversiones no incrementarán la deuda a largo plazo, pues se financiarán de sobra con los réditos del crecimiento y empleo que generarán. Pero la UE sigue, erre que erre, empeñada en aplicar la misma y fallida receta económica.

¿Y qué hacen los socialistas franceses e italianos? En lugar de condicionar su apoyo a la Comisión Juncker a un cambio en la política económica, es decir, a un gran pacto por el que cada recorte y cada reforma estructural fuera acompañada de un paquete de inversión pública que estimulara el crecimiento, se conforman, uno con un comisario (Pierre Moscovici) que consiga un poquito de flexibilidad, y otros con el puesto de Alta Representante y comisaria para las Relaciones Exteriores (Mogherini). Se critica a los socialistas españoles por votar contra Juncker, pero antes de hacerlo, los socialistas franceses e italianos deberían mirar al PSOE y preguntarse si su voto a esta Comisión, que es el que realmente ha dado la mayoría a Juncker, es el primer acto de su suicidio político en casa.

Publicado en la edición impresa del Diario ELPAIS el viernes 10 de octubre de 2014

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Jean-Claude habla italiano

18 julio, 2014

Renzi“Salvamos la eurozona y el mercado interior pero seis millones de personas perdieron sus empleos, entre ellos muchos jóvenes. La confianza está volviendo lentamente a Europa pero algunos miembros están todavía lejos de lograr un crecimiento sostenible. Hemos cometido errores en el manejo de la crisis: el ajuste no se ha distribuido equitativamente, sino de forma socialmente injusta y, además, las decisiones tomadas durante la crisis no han disfrutado de suficiente legitimidad democrática, lo que ha deteriorado el apoyo ciudadano a la Unión Europea”.

Este resumen de la intervención de Jean-Claude Juncker ayer en el Parlamento Europeo, significativamente titulado Un nuevo comienzo para Europa: mi agenda para el empleo, el crecimiento, la equidad y el cambio democrático, es lo que explicaría el apoyo recibido por el candidato luxemburgués a la Comisión Europea por parte de socialistas, liberales y verdes. El mensaje de Juncker, junto con las diez prioridades que ha detallado en su programa de gobierno, dibuja una Comisión asentada en un gran pacto político entre las principales fuerzas europeístas que quiere huir de la confrontación ideológica entre izquierda y derecha y cargar todo el peso sobre un eje reformista. Juncker quiere centrarse en la movilización de la inversión pública, el impulso a los servicios digitales, la integración financiera, las interconexiones energéticas, las políticas de inmigración o la creación de un presupuesto separado para la zona euro. Es indudable que el Juncker presidente de la Comisión ha querido desmarcarse del Juncker presidente del Eurogrupo en los momentos álgidos de la crisis o del Juncker primer ministro luxemburgués que, sobre la base de legales pero poco éticas prácticas, logró convertir ese pequeño país en un pequeño paraíso (fiscal y terrenal).

Esta transformación de Juncker hay que anotársela a Marine Le Pen, líder del Frente Nacional en Francia, y a Matteo Renzi, el recién llegado primer ministro italiano. A la primera porque el auge de los populismos eurófobos ha convencido a los líderes europeos de que, aunque el proyecto europeo haya estado severamente amenazado por los mercados, quienes de verdad podrían enterrarlo son los ciudadanos, dándole la espalda. Al segundo le debe Juncker algo que la UE ya había comenzado a practicar pero que necesitaba formalizar: un compromiso de flexibilidad respecto a las políticas de austeridad y, en paralelo, un programa de inversiones públicas que estimule el crecimiento y el empleo.

Los socialistas españoles, junto con los laboristas británicos, se han desmarcado de este gran pacto. Hace cinco años estaban en el Gobierno, lo que les permitió apoyar a Barroso a cambio de situar a una socialista, Lady Ashton, como ministra de Exteriores y lograr una cartera de primer nivel para Joaquín Almunia. Ahora están en la oposición, en periodo de reconstitución y no se jugaban nada, así que han preferido votar en clave interior y contrarrestar el auge de Izquierda Unida y Podemos. La Italia de Renzi llena el vacío europeo que dejan los socialistas españoles. Un frente que el nuevo líder, Pedro Sánchez, deberá atender de forma prioritaria.

Publicado en la edición impresa del Diario ELPAIS el miércoles 16 de julio de 2014