Posts Tagged ‘Irán’

Bibi y la bomba

25 marzo, 2015

8030669230_fcd20f3dc4_oVibrante discurso, coinciden los observadores, el pronunciado el martes en el Congreso de EE UU por Benjamín Netanyahu clamando contra Obama por su intención de concluir un acuerdo nuclear con Irán. Por alguna extraña razón, todas las crónicas de prensa, radio y televisión cometieron el mismo error: rotular a Netanyahu como “primer ministro de Israel”. Extraño proceder cuando es evidente que lo último que hizo Bibi fue actuar como primer ministro de un país aliado. Seguramente el equívoco se debe a lo difícil que fue elegir entre las dos alternativas, ambas más realistas. No es difícil imaginar a los directores de informativos de las principales cadenas de televisión debatiendo entre si debían rotular a Netanyahu como congresista republicano por Jerusalén o como candidato del partido Likud a las elecciones generales que se celebrarán en Israel el día 17. Porque eso es todo lo que hizo Netanyahu: utilizar el miedo a Irán para promocionarse como candidato a primer ministro y, de paso, debilitar a Obama ante los republicanos.

Que Netanyahu pueda bramar contra el acuerdo de nuclear con Irán y, a la vez, mantener fuera del debate público y de los tratados internacionales un arsenal nuclear propio que se estima en 60-80 cabezas nucleares y material fisible para construir hasta 200, es un milagro de orden bíblico solo posible en esa zona del mundo. Hay que recordar que EE UU no es un amigo de Israel, sino su principal valedor. Sin el apoyo diplomático de Washington en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, Israel hace tiempo que habría tenido que elegir entre firmar una paz justa con los palestinos y retirarse de Cisjordania o exponerse a un régimen de sanciones internacionales similares al que sufrió la Sudáfrica del apartheid. Y sin los más de 3.000 millones de dólares anuales que los contribuyentes estadounidenses (votantes de Obama incluidos) transfieren a Israel como ayuda militar, los israelíes no podrían mantener su ventaja militar ante sus vecinos. Sin el apoyo de EE UU, Israel no sería una isla de desarrollo y democracia en Oriente Próximo, sino un cuartel aislado en un vecindario nada amable.

Los republicanos tendrían que tener algo más de cuidado y un poco más de sentido común. Haciendo creer a Netanyahu que es el dueño de la política exterior de EE UU no hacen ningún favor a Israel ni tampoco se lo hacen a sí mismos. Sea porque Teherán, sintiéndose amenazado, decida romper el acuerdo nuclear e ir a por la bomba o sea porque Israel decida unilateralmente bombardear las instalaciones nucleares iraníes y el nuevo presidente de EE UU no tenga la autoridad para impedírselo, es evidente que si Netanyahu es reelegido y los republicanos ganan las elecciones presidenciales de 2016, las probabilidades de una guerra con Irán aumentarán de forma exponencial. Quizá lo lógico sería que Netanyahu se presentara a las próximas primarias republicanas y optara a la Presidencia; eso lo aclararía todo. Cuando la cola mueve al perro, las cosas andan mal.

Publicado en la edición impresa del Diario ELPAIS el domingo 5 de marzo de 2015

Dólares en vez de bombas

18 julio, 2014

dollarIndignación en Francia por la multimillonaria multa, nada menos que 6.600 millones de euros, impuesta por el gobierno estadounidense al banco francés BNP-Paribas por haber violado el régimen de sanciones impuesto en 1997 al régimen sudanés en razón tanto de su apoyo a Bin Laden y su papel en el genocidio de Darfur. El Gobierno francés, vía su Ministro de Hacienda, Michael Sapin, ha declarado que esta multa es injusta y desproporcionada. A juicio de Sapin y muchos otros en Francia, esta multa obliga a los europeos a cuestionarse la supremacía que el dólar disfruta como medio de pago internacional. Basta ya, dicen, del abuso de poder que ejerce Estados Unidos mediante el dólar, que ya el general De Gaulle definió como un “privilegio desmesurado”.

En lo referido a la supremacía no les falta razón: la economía estadounidense representa un quinto de la economía global pero el 85% de las transacciones de divisas se llevan a cabo en dólares y, a su vez, el dólar supone el 60% de las reservas de los bancos centrales del mundo. Tampoco están desencaminados en lo absurdo de esa supremacía: multitud de bancos y empresas europeas siguen denominando sus transacciones entre ellos en dólares, en lugar de en euros. También en la cuestión de la legalidad de las sanciones está BNP en lo cierto: aunque manejar las transacciones exteriores del régimen de un terrorista y genocida como Omar al Bashir fuera repugnante desde el punto de vista moral, si esas transacciones hubieran sido llevadas a cabo en euros, habrían sido plenamente legales, pues la Unión Europea no secundó dichas sanciones.

A la luz de estas razones, parece evidente que un mundo con algo menos de unipolaridad monetaria sería más que bienvenido. ¿Seguro? No está tan claro. Fijémonos en las discusiones sobre paraísos fiscales y, en general, sobre la opacidad del sistema bancario internacional. Durante décadas, esa opacidad no pareció importar mucho a los gobiernos, ni siquiera al estadounidense. Pese al tópico que dibujaba los paraísos fiscales como islas tropicales de aguas cristalinas, los más importantes estaban en lugares tan anodinos como Delaware o Zúrich, pero también en el corazón Europa, como Luxemburgo, Viena o las islas del canal de la Mancha. Al parecer, mientras los paraísos fiscales sirvieron para que empresas e individuos eludieran impuestos y blanquearan dinero proveniente de la corrupción, el crimen organizado o los tráficos ilícitos, no hubo mucha urgencia en acabar con ellos. De ahí que la cháchara proveniente de las reuniones de la OCDE o el G 20 no sirviera de mucho. Pero desde que Estados Unidos asumió que ese canal financiero paralelo era el que permitía sobrevivir al terrorismo y a sus patronos y financiar el programa nuclear de Irán, Washington decidió pasar a la ofensiva y poner fin a la opacidad del sistema financiero global. Sin la presión de Estados Unidos, vecinos tan respetables como Luxemburgo, Suiza o Austria, que durante décadas han bloqueado cualquier avance en esta materia, estarían todavía resistiéndose a cambiar su legislación sobre transparencia bancaria. Paradoja: el miedo de gobiernos y empresas al Departamento del Tesoro estadounidense puede ser una herramienta de progreso global.

Publicado en la edición impresa del Diario ELPAIS el viernes 11 de julio de 2014

Perdemos la vecindad

23 diciembre, 2013

ukraine euLlega fin de año, e intentamos hacer balance de lo logrado. Mirando a nuestro alrededor encontramos dos noticias buenas y dos malas. En el haber tenemos el acuerdo con Irán. Es provisional, sí, y todavía tiene que dar sus frutos. Pero haber logrado detener, aunque sea temporalmente, un tren que se encaminaba hacia la nuclearización de la teocracia iraní y el consiguiente conflicto bélico con Irán y EE UU es un logro que debe ser celebrado.

Más cerca, y en una escala más pequeña, tenemos el acuerdo entre Serbia y Kosovo; un acuerdo que, de nuevo, no resuelve inmediatamente los problemas pero que los cambia de vía y permite que los dos países, en lugar de mirarse con odio, comiencen a mirar hacia Europa. Estos dos acuerdos, cada uno a su manera, permiten comenzar a tirar del hilo que desenredará dos ovillos cruciales para la estabilidad de Oriente Próximo y los Balcanes: aunque queda mucho por hacer, la lógica del acuerdo ha sustituido a la lógica del conflicto. No es poco.

Pero entre un acuerdo de alcance global (Irán) y un micro acuerdo (Serbia-Kosovo), tenemos un gran problema regional, más bien dos. Nuestras vecindades más inmediatas, al Este y al Sur, se alejan de nosotros, lenta pero inexorablemente. Como estamos viendo en el caso de Ucrania, la resurrección de Rusia como potencia política, económica y militar está actuando como un gigantesco electroimán geopolítico que succiona haca sí toda la esfera post-soviética, desde Bielorrusia hasta las repúblicas centroasiáticas.

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Los tres divorcios de Putin

21 junio, 2013

putinTres divorcios simultáneos son muchos divorcios, hasta para un oficial del KGB a quien suponemos un corazón de hielo. Pero ahí está Vladímir Putin. El primer divorcio, que ha puesto fin a 30 años de matrimonio con Ludmila Putina, podría ser tildado de irrelevante en términos políticos pero a muchos observadores les resultó chocante la manera de anunciarlo: por sorpresa, en el entreacto de un ballet, ante una pregunta aparentemente inocente (pero seguramente preparada) de una periodista sobre por qué se les veía tan poco juntos en público. ¿Había algún mensaje político en la frialdad y autocontrol extremo que mostró al preparar ese anuncio? ¿O solo un dato más sobre el perfil psicológico de este hombre, al lado del cual dice Ludmila que siempre se sintió observada y puesta a prueba (¿deformación profesional?) y que jamás se disculpó por llegar tarde a cenar?

Porque una frialdad parecida hay en la manera en la que Putin ha acometido su segundo divorcio, el que le ha separado de las clases medias urbanas desde que en 2011 anunciara su decisión de volver a desempeñar la presidencia del país. En lugar de intentar entender las causas que han hecho caer su popularidad desde el apogeo del 78% en 2008, cuando abandonó la presidencia, a su 20% actual, Putin se considera traicionado por unas clases medias que, a su entender, le deben el mejor periodo de prosperidad de toda la historia de Rusia. En el Kremlin, dicen los que vuelven de Moscú, se refieren despectivamente a los “bebedores de capuchino” para describir a esa clase media que pulula por los Starbucks de Moscú y San Petersburgo, vive una vida 3G en pantalla táctil, consume marcas occidentales y tiene cuentas en euros en el extranjero. Pero resulta que esos desagradecidos no solo no aceptaron con alborozo la farsa del intercambio de papeles políticos con Dmitri Medvédev, sino que salieron a las calles a manifestarse contra él.

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El legado de Chavez

12 marzo, 2013

chavezSería deseable que el extremismo de Chávez hubiera dejado a la mayoría de los venezolanos agotados y deseando volver a la normalidad. En ese escenario, sin duda el más favorable, nos encontraríamos con que el chavismo sin Chávez no solo sería inviable sino que, con algo de ayuda por parte de una oposición dispuesta a tender la mano, se abriera un futuro con espacios comunes. Aquí, la economía, necesitada de políticas más sensatas que las que impuso Chávez, y el contexto internacional y regional, muy propicio a abrir espacios de liderazgo a países emergentes cooperativos y con recursos, serían favorables.

En el extremo opuesto, el peor escenario sería aquel en el que la falta de cohesión y debilidad del chavismo convenciera a sus herederos de que solo un alto grado de enfrentamiento político y social les garantiza la supervivencia en la Venezuela poschavista. A largo plazo, sin embargo, la polarización y el conflicto civil serían el peor enemigo de su legado.

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El día después del bombardeo a Irán

24 febrero, 2012

¿Qué dirá el comunicado que emane de Bruselas el día después del bombardeo israelí a Irán?¿”Lamentará”? ¿“Deplorará”? ¿”Notará con preocupación”? No sabemos si tal comunicado está ya redactado, seguramente no, pero tal y como van las cosas, sería absurdo no ir preparándolo. Con todo, la experiencia nos dice que la redacción no será el mayor de los problemas: la Unión Europea es especialista en encontrar el lenguaje adecuado para que todos los estados puedan firmar una declaración, da igual cual sea el tema. Mal que bien, el alambique funcionará y, como es su obligación, producirá una alambicada declaración.

La única intriga es cuánto se desviarán los ministerios de exteriores nacionales de ese comunicado de Bruselas. Haciendo honor a la diversidad de visiones que sobre Israel tienen los Estados miembros de la UE, cada capital podrá jugar con los matices: unos comunicados barrerán hacia Israel y otros se mostrarán menos comprensivos. Seguir esos matices será interesante: Reino Unido lamentará el uso de la fuerza pero rápidamente volcará toda la responsabilidad sobre Irán; Alemania hará malabarismos para compensar su acendrado pacifismo y respeto por la legalidad internacional con su incapacidad estructural para criticar Israel; Francia intentará equilibrar su visión tradicionalmente crítica con Israel con su alineamiento estratégico con Occidente. Sumados los 27 puntos de vista, es bastante fácil anticipar que unas posiciones cancelarán a las otras y que todo quede en nada o muy poco.

El bombardeo, de producirse, supondrá una clara violación de la legalidad internacional por parte israelí pero es difícil que la UE se una para sancionar a Israel, máxime si hay represalias iraníes que afecten a los europeos, económica o militarmente, obligándoles a intervenir y tomar partido en la crisis que se abrirá posteriormente. En el peor de los casos, los europeos podrían verse obligados a intervenir militarmente para preservar la seguridad de la navegación en el Estrecho de Ormuz. Pero sin ir tan lejos, las consecuencias económicas serían por sí solas bastante graves pues un repunte de los precios del petróleo y de la inseguridad económica no es precisamente lo que necesitan las maltrechas economías europeas. En cualquiera de los casos, Europa aparecerá como un actor marginal e irrelevante, un actor que, una vez más, se verá obligado a gestionar las consecuencia de las decisiones adoptadas por otros, sin haber podido influir de antemano en ellas.

La discusión sobre el día después debe servir para pensar en el día antes. El bombardeo de Irán por parte de Israel representará un fracaso de primera magnitud. Ese fracaso es un tren que todo el mundo en Europa ve venir pero sobre el que nadie sabe, puede o se atreve a hacer mucho. En la mayoría de las capitales europeas se tiene la sensación de que Israel está manipulando muy efectivamente la situación para que aceptemos el bombardeo como inevitable. Se percibe, con toda claridad, que el camino que Israel quiere emprender es completamente contradictorio con la estrategia que hemos puesto en marcha, consistente en incrementar las sanciones y la presión diplomática sobre Irán. Pero como en 2003, cuando algunos decidieron unilateralmente y de antemano que las sanciones a Irak no funcionarían, tenemos dos juegos funcionando en paralelo: por un lado, el camino incompleto, incierto y sin garantía de éxito de la sanciones, las inspecciones y la legalidad internacional; por otro, el mucho más arriesgado, ilegal e igualmente incierto recurso al uso de la fuerza. Como en 2003, estos dos lenguajes no están integrados: el uso de la fuerza (o la amenaza de su uso) no representa un eslabón más del proceso negociador. Irán sabe perfectamente que este Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, con Rusia y China con derecho de veto, nunca aprobará una acción militar contra ella, incluso aunque las sanciones fallen. Por esa misma razón, los europeos, aunque hemos progresado mucho y hemos logrado unirnos para llevar a cabo una nueva ronda de sanciones, sabemos de antemano (aunque no lo decimos) que las sanciones no serán efectivas: harán daño, pero no forzarán al régimen iraní a abandonar su programa nuclear. Eso explica la percepción, casi unánime, de que el camino de la diplomacia, aunque no esté cerrado, será inútil, lo que a su vez es precisamente lo que necesita Israel para justificar su bombardeo. Y como no logramos romper ese círculo vicioso vivimos ya en el día después de haber sido arrastrados a una guerra que no pudimos evitar. Irán, nos dice Israel, está entrando en la “zona de inmunidad”. Con ese argumento, mientras tanto, Israel se sitúa en la zona de impunidad.

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Las tres guerras de Obama

13 enero, 2012

Barack Obama recibió de su predecesor, George W. Bush, una herencia bélica envenenada. Aunque distinguiera entre Irak como una guerra “elegida” y Afganistán como una guerra “necesaria”, en ambos casos prometió la retirada.

La primera retirada ya ha tenido lugar, y seguramente ha sido mucho más honrosa de lo que Obama jamás pudo imaginar. La retirada de Irak no salva el desastre que fue la invasión ni convalida la pérdida consiguiente de vidas, como tampoco deja detrás una democracia estable, pero permite pasar una difícil página, reducir costes presupuestarios en época de crisis y, sobre todo, permitir a la Administración de Obama centrarse en su verdadero objetivo estratégico: Asia-Pacífico.

La segunda retirada también está en marcha: tiene una fecha militar (2014) y unos plazos políticos que, bien que mal, parecen estar cumpliéndose. Negociar con los talibanes que ampararon a Bin Laden no parece la mejor manera de cerrar el 11-S, pero visto desde Washington, todas las alternativas son peores. Por tanto, aunque plantee muchas dudas, el consentimiento otorgado por Washington a la apertura de una oficina de intereses talibán en Catar significa que Obama descuenta que su salida no será victoriosa sino, en el mejor de los casos, solo honrosa, sin victoria ni derrota (aunque, eso sí, con un legado muy incierto dada la debilidad de Karzai).

Lo quiera o no, el historial bélico de este presidente premio Nobel de la Paz no acaba aquí. Al tiempo que Obama se zafaba del legado de Bush hijo, se enredaba en tres conflictos bélicos de baja intensidad, como si para un presidente fuera imposible sustraerse del influjo magnético del inmenso poder militar que Estados Unidos pone a su disposición.

La primera guerra de Obama ha sido, sin duda, Pakistán, donde, desde el comienzo de su mandato, el presidente apostó por un incremento radical de las operaciones de bombardeo en el noroeste del país. Esta campaña contra los líderes de Al Qaeda y talibanes allí basados (que habría supuesto la muerte de unos 1.500 activistas) ha requerido, día tras día, torcer el brazo de políticos y militares paquistaníes, sumamente reacios a la presencia y actividades estadounidenses en su territorio. Después de que 26 militares paquistaníes murieran tras una reciente incursión estadounidense (y con el recuerdo fresco de la humillación sufrida como consecuencia de la operación para matar a Bin Laden), el Gobierno paquistaní ha suspendido el permiso a la CIA para utilizar la base de Shamsi para las operaciones de sus aviones no tripulados. Por eso, aunque esta guerra está vinculada a Afganistán y muy bien podría continuar una vez llevada a cabo la retirada de allí, su final es sumamente incierto.

La segunda guerra de Obama se desarrolló en los cielos de Libia. Obama dijo que se sentaba “en el asiento de atrás”, dejando a franceses y británicos la conducción de la guerra, pero lo cierto es que, una vez más, la participación de EE UU fue absolutamente determinante, hasta el punto de que los europeos no hubieran podido sostener la campaña más allá de los días iniciales. La guerra no fue secreta, aunque sí opaca, dado el deseo de Obama de no involucrar visiblemente a Estados Unidos en otra guerra contra otro país musulmán.

La tercera guerra de Obama está cuajando, al parecer, en torno a Irán. Los 8.000 pilotos y técnicos aéreos estadounidenses desplazados a Israel en los últimos días con el objeto de realizar maniobras conjuntas ofrecen una respuesta muy clara al anuncio de Irán de que va a enriquecer uranio por encima de los niveles requeridos para su uso civil. A su vez, la ristra de atentados contra científicos iraníes, aunque supuestamente se lleve a cabo mediante actores interpuestos, bien sean opositores iraníes, los servicios de inteligencia israelíes o, ¿por qué no?, Arabia Saudí u otros que también consideran el programa nuclear iraní como una amenaza de primer orden, no es algo que pueda ocurrir sin la aquiescencia, aunque sea implícita, de Estados Unidos. Sumados a la tensión generada por las sanciones al sector petrolero iraní y las amenazas de Teherán sobre el estrecho de Ormuz, todo indica que los actores involucrados han decidido elevar sus apuestas y, en consecuencia, las posibilidades de un conflicto abierto.

Hasta ahora, igual que Bush hijo, Obama no ha dudado en emplear la fuerza para defender lo que percibe que son los intereses de Estados Unidos. Pero, en contraposición a Bush, ha preferido siempre utilizar la fuerza del modo menos visible posible, no comprometer fuerzas terrestres y permitir que otros asuman el protagonismo. Hasta la fecha, las guerras de Obama han sido de baja intensidad: pero según avanza 2012, las cosas pueden cambiar.

JOSÉ IGNACIO TORREBLANCA 13/01/2012

http://www.elpais.com/articulo/internacional/guerras/Obama/elpepiopi/20120113elpepiint_5/Tes