Posts Tagged ‘impuestos’

Luxleaks: una inmensa estafa

23 noviembre, 2014

103013.cnet.capt_renault.largeParodiando al inefable Claude Rains cuando en la películaCasablanca exclama indignado “¡aquí se juega!” y acto seguido el crupier se le acerca por detrás y le dice: “Tenga, capitán, sus ganancias”, el presidente de la Comisión Europea, el luxemburgués Jean-Claude Juncker, intenta estos días convencer a 500 millones de europeos de que no sólo está escandalizado por las revelaciones conocidas esta semana que apuntan a que 340 multinacionales utilizaron Luxemburgo para no pagar los impuestos que les correspondían sino de que no le va a temblar el pulso a la hora de tomar medidas para que esto no vuelva a ocurrir.

Que Juncker, que ha presidido el Gran Ducado luxemburgués durante nada menos que 18 años compaginando ese puesto con el de ministro de Finanzas, pretenda hacernos creer que no sabía nada nos deja ante una difícil disyuntiva: o bien está mintiendo, lo que debería llevar al Parlamento Europeo a abrirle un proceso de censura, o bien está diciendo la verdad, lo que supone reconocer unos niveles de incompetencia y dejadez en el ejercicio de sus funciones que le restarían cualquier credibilidad para presidir la Comisión Europea.

Porque la cuestión aquí no es que las susodichas empresas aprovecharan un oscuro vacío legal para zafarse de sus obligaciones tributarias y defraudar al fisco luxemburgués sin que este se enterara, sino que la Hacienda de ese país firmó con todas y cada una de ellas acuerdos que convalidaban los esquemas fiscales que les permitirían tributar nada más que un ridículo 2%. Es decir, que en lugar de defraudar a espaldas de la Hacienda luxemburguesa y con algo de incertidumbre, estas empresas defraudaban al resto de los socios europeos con su plena cooperación, por escrito y con su firma al final de la última página.

La gravedad del asunto y sus consecuencias políticas no pueden ser minusvaloradas. Primero, porque evidencia que el éxito político de Juncker, que ha permitido a los luxemburgueses disfrutar tanto de un increíble nivel de vida como de unas prestaciones sociales sin parangón, está construido sobre un esquema fiscal que puede ser legal desde el punto de vista formal pero que era claramente fraudulento en su intención. Algo de mala conciencia tendrían las autoridades luxemburguesas cuando tantos reparos ponían a las solicitudes de información sobre estas prácticas que les dirigía el entonces comisario Joaquín Almunia, y algo de mala conciencia tienen ahora cuando, una vez descubierto todo, se aprestan a decir que no lo van a hacer más.

Pero el daño a la legitimidad de Juncker para presidir la Comisión va más allá del ámbito luxemburgués. Hay que recordar que como presidente del Eurogrupo durante lo más álgido de la crisis del euro, Juncker ha estado al frente de unas políticas de austeridad y de estabilidad presupuestaria que han desembocado en sangrantes recortes sociales y de derechos para millones de europeos. Ahora resulta que mientras eso ocurría el hoy presidente de la Comisión Europea lideraba un país que vaciaba de impuestos las arcas de sus socios justo cuanto más necesitaban esos impuestos. ¿A cuánto asciende lo dejado de ingresar? ¿Cuántos profesores y médicos se podían haber financiado con lo evadido? Ejemplar desde luego no es ni lo va a parecer. Por mucho que se empeñe en convencernos de que va a liderar un proceso de armonización fiscal que impida estas prácticas, Juncker ha quedado expuesto como cómplice de una inmensa estafa a los ciudadanos europeos.

Publicado originalmente en la edición impresa del Diario ELPAIS el viernes 14 de noviembre de 2014

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Políticos en bancarrota

16 septiembre, 2011

Hubo un momento en el que el poder de los Estados era mayor que el de los mercados. Aquellos monarcas absolutos podían endeudarse prácticamente sin límites con el fin de financiar sus guerras dinásticas, proyectos ilustrados o caprichos personales. Cuando la situación se hacía insostenible, se declaraba una quiebra y se volvía a empezar. En algunos casos, como en Francia, las quitas de deuda se hacían por un método tan expeditivo como el de ejecutar a los banqueros: muerto el acreedor, se acabó la deuda. Comparando a aquellos gobernantes con los de hoy, humillados por las agencias de calificación, supervisados al milímetro por instituciones internacionales de todo tipo y pelaje y escrutados en sus decisiones por los tribunales constitucionales, estos deben sentirse unos miserables. Incluso Angela Merkel parece tan impotente y tan sometida a presiones como el resto de sus colegas europeos.

Curiosamente, esto no fue siempre así. Hasta el siglo XIX, que la hacienda pública quebrara no parecía algo de lo que avergonzarse, más bien al revés: algunos ministros de Hacienda sostenían que una bancarrota de cuando en cuando era una manera eficaz de poner las cosas en orden y volver a empezar. De hecho, las bancarrotas eran algo que solo los países ricos se podían permitir y, de alguna manera, reflejaban el poder del Estado y de su monarca. No es una casualidad que entre 1300 y 1799, España se declarara en bancarrota nada menos que seis veces y Francia, coincidiendo con la expansión de su poder en Europa, ocho. Pero al comienzo del siglo XIX, Francia estabilizó sus finanzas públicas (su última bancarrota se produjo en 1812), mientras que España siguió su senda de bancarrotas con nada menos que otras ocho quiebras entre 1809 y 1882. Llegados al siglo XX, el relevo lo tomaron Alemania, Austria y Polonia, que quebraron en dos ocasiones cada una antes de la II Guerra Mundial.

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