Posts Tagged ‘FMI’

Choque de democracias en la UE

29 abril, 2013

nao robem futuroHubo un tiempo en el que se consideraba una enfermedad británica. Pero ahora el euroescepticismo se ha extendido por todo el continente como un virus. Como muestran los datos del Eurobarómetro, la confianza en el proyecto europeo ha disminuido incluso a más velocidad que las tasas de crecimiento. Desde el comienzo de la crisis, la confianza en la Unión Europea ha caído 32 puntos en Francia, 49 en Alemania, 52 en Italia, 94 en España, 44 en Polonia y 36 en el Reino Unido.

Lo más llamativo es que en la UE todo el mundo ha perdido esa fe: tanto los acreedores como los endeudados, los países de la eurozona, los aspirantes a serlo y los que decidieron no adherirse al euro. En 2007, pensábamos que el Reino Unido, donde la confianza era de menos 13 puntos, era el bicho raro con su euroescepticismo. Ahora, los cuatro países más grandes de la eurozona tienen niveles de confianza en las instituciones de la UE inferiores a los de Gran Bretaña entonces: Alemania, menos 29, Francia e Italia, menos 22, y España, menos 52. ¿Cuál es la explicación?

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Rebelión a bordo

27 abril, 2012

El poder se puede ejercer de dos maneras: directamente, sometiendo una decisión a debate público y posterior votación, o de una manera más sutil, eliminando de la agenda pública la discusión sobre una política y sus alternativas. De lo que no se habla, no existe; de ahí que los políticos dediquen tantas energías a controlar la agenda pública.

Así estaban las cosas en Europa respecto a la austeridad. Sin embargo, en poco menos de una semana, los diques se han roto y el debate ha irrumpido con fuerza, permitiendo una recomposición total de los términos del debate europeo. Como todo cambio súbito, resulta más fácil explicarlo a posteriori que predecirlo a priori pero lo cierto es que han sido numerosas las voces que en los dos últimos años se han mostrado a favor de un cambio de estrategia. No obstante, una y otra vez, estas voces fracasaron. Y si fracasaron fue en gran parte porque los destinatarios de estos mensajes pudieron cuestionar la legitimidad de los que planteaban el cambio de rumbo. Por un lado, los mensajes provenientes del otro lado del Atlántico eran rehusados con el argumento, primero, de que Estados Unidos y la Unión Europea era tan distintos que hacían imposible que las recetas aplicadas en un lado funcionaran en otro y, segundo, al atribuir un sesgo ideológico izquierdista a los economistas estadounidenses (Krugman, Sachs y Stiglitz, entre otros) más críticos con las políticas de austeridad europeas.

Algo parecido ha venido ocurriendo con los mensajes que venían del sur de Europa, rechazados con argumentos similares: por ideológicos, cuando venían de los socialistas, o por auto-interesados, al cuestionarse el derecho de un paciente irresponsable y endeudado a opinar sobre su tratamiento. Eso explica que ni siquiera el cambio a gobiernos de orientación conservadora en los cuatro países del Sur de Europa pudiera alterar los términos del debate europeo. Pese a sus impecables credenciales conservadoras, Passos Coelho, Rajoy, Monti y Papademos han estado amordazados: en su actual situación de debilidad económica, coaligarse contra Alemania y Francia, de la que dependen para salvarse, carecía de sentido.

En esas circunstancias, no cabe dudar de que la victoria de Hollande en la primera vuelta de las presidenciales francesas es la que ha dado un vuelco al debate. Sin embargo, Hollande no es toda la historia: primero, porque todavía no ha ganado; segundo, porque los conservadores del sur de Europa tienen, por razones obvias, reticencia a confiar en un socialista francés; y tercero, porque incluso aunque gane, su margen de maniobra será mínimo y su capacidad de imponerse a Alemania muy reducida. En la memoria de Hollande sin duda está grabado lo ocurrido en 1981, cuando Mitterrand salió en tromba por la izquierda y fue inmediatamente devuelto al redil por los mercados, que se cebaron contra el franco (ahora lo harían contra su deuda).

Tan importante para el cambio o incluso más aún ha sido: primero, la caída del Gobierno en los Países Bajos, pues el Gobierno conservador de Rutte era y es un aliado esencial de Alemania. Segundo, que el Fondo Monetario Internacional pasara a cuestionar públicamente la rigidez con la que la estrategia de austeridad se está aplicando. Tercero, el fracaso de las políticas de austeridad en el Reino Unido, donde Cameron, otro adalid de la austeridad, no ha podido generar crecimiento ni siquiera con el respaldo de los bajísimos tipos de interés sobre su deuda garantizados por el Banco de Inglaterra. Y cuarto y último, la sucesión de datos económicos negativos a lo largo de toda Europa han mostrado que el desacoplamiento económico entre los países del Norte, que irían creciendo como resultado de sus virtuosas políticas, y del Sur, que tendrían que esperar a crecer hasta que tuvieran efecto las reformas, es imposible.

Frente a los argumentos de fuera (EEUU), de abajo (el Sur de Europa) o de enfrente (los socialistas), estos argumentos provienen del corazón del sistema, lo que ha hecho imposible que fueran ignorados. Así pues, un cambio en Francia era una condición necesaria, pero no suficiente. Hasta qué punto cambiarán las cosas como resultado de este realineamiento de fuerzas es todavía una incógnita pues el proceso acaba de empezar y está lleno de incertidumbres: en mayo tendremos la segunda vuelta de las elecciones presidenciales francesas, las elecciones griegas y el referéndum en Irlanda sobre el Tratado fiscal, y en junio las elecciones legislativas francesas. Entre medias, una Angela Merkel sometida a presiones contradictorias desde múltiples ámbitos tendrá que someter a ratificación ante el Bundestag el pacto fiscal europeo y el mecanismo europeo de estabilidad (MEDE). Más que nunca, el futuro de Europa pasa por las manos de la canciller. ¿Sofocará la rebelión y mantendrá el rumbo o aceptará la necesidad de virar?

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 Publicado en ELPAIS el 27 de abril de 2012