Posts Tagged ‘Europa’

En nombre de Europa

14 abril, 2015

DBP_1977_926_Jean_Monnet“Europa no ha sido nunca tan próspera, tan segura ni tan libre. La violencia de la primera mitad del siglo XX ha dado paso a un periodo de paz y estabilidad sin precedentes en la historia europea”. Así abría la estrategia de seguridad aprobada en diciembre de 2003 por el Consejo de la Unión Europea. Vuelvan a leer el entrecomillado, lean la sección de internacional de este diario, e intenten ver cuánto queda hoy de aquella descripción.

Respecto a la prosperidad, a la vista de todos está la exasperante lentitud con la que Europa ha lidiado con la crisis económica. En lo relativo a la seguridad, las cosas tampoco pintan mejor: un rosario de conflictos, desde Ucrania hasta Libia pasando por Siria, nos han dejado un reguero de refugiados, fanatismo e impotencia. Y si nos fijamos en la libertad, no sólo nos topamos con la frustración que provoca el fracaso de los procesos de cambio político en el mundo árabe sino que tenemos que incorporar los retrocesos democráticos que observamos en Rusia y Turquía. Y para colmo, ese reflujo antiliberal se solapa con el resurgir del nacionalismo xenófobo dentro de la propia Unión. Critíquese a Rusia todo lo que se quiera, pero no se olvide que un primer ministro que se sienta en el Consejo Europeo (me refiero al húngaro Víctor Orban) ha manifestado que la democracia liberal no es el único modelo de democracia posible.

La UE necesita de forma urgente una estrategia que aúne sus valores e intereses de forma coherente y ponga a su disposición las herramientas necesarias para defenderlos. Es difícil proclamarse admirador del presidente de la Comisión Europea, sin duda fiel representante de ese establishment europeo que con sus componendas y miopías nos ha hecho perder una década en debates institucionales o riñas de familia. Pero hay que aplaudir a Juncker por su creciente afición a decir verdades como puños, desde el desastre que ha sido la troika al absurdo de que los europeos sigan sin tomarse en serio la idea de poner en marcha un Ejército europeo. Muchos dirán que un expresidente del Eurogrupo proveniente de un país con unas fuerzas armadas de 900 efectivos, un sector financiero sobredimensionado y una política fiscal que sonroja no es el idóneo para decir las verdades del barquero. Pero alguien tiene que comenzar a señalar con el dedo a todos aquellos que han hecho de la administración de la decadencia europea un modo de vida, comenzando por los ejércitos y las diplomacias nacionales, cuya existencia como entes autónomos cada vez tiene menos sentido. En una ocasión Jean Monnet cerró la puerta en las narices a los diplomáticos nacionales con el argumento de que él estaba allí para defender los intereses europeos. Nuestro problema hoy, antes que la estrategia, es encontrar a alguien que quiera hablar en nombre de todos.

Publicado en la edición impresa del Diario ELPAIS el jueves 12 de marzo de 2015

Anuncios

7-25-50

26 julio, 2013

Captura de pantalla 2013-07-26 a la(s) 09.12.59

Mapa: el mundo redibujado de acuerdo al PIB de cada país. Worldmapper

7-25-50*. Tres cifras que forman una secuencia elegante y fácil de memorizar. Esas tres cifras son lo que nos definen como europeos. Sin ellas no podemos entender nuestro presente ni pensar nuestro futuro.

La primera nos habla de cuántos somos. Y la verdad, no somos muchos. La Unión Europea representa hoy el 7% de la población mundial. Somos algo más de 500 millones en un mundo que ha pasado la barrera de los 7.000 millones. Y vamos a ser todavía menos pues, según las proyecciones demográficas, cuando el siglo cruce el ecuador estaremos en torno al 5%. Para entender las diferencia de pensarnos a nosotros mismos en 2040-2050 siendo una fracción tan pequeña de la población mundial, tenemos que mirar atrás y recordar que en 1960, cuando este curioso experimento llamado integración europea se puso en marcha, la vieja Europa, aún abatida y derrotada por la guerra, representaba el 20% de la población mundial. Pasar de un mundo en el que uno de cada cinco habitantes era europeo a otro en el que sólo uno de cada veinte lo será obliga a una reflexión muy profunda sobre quiénes somos, qué queremos y cómo y con quien lo queremos conseguir.

La segunda cifra, 25%, habla de nuestra riqueza. La Unión Europea es la economía más grande del mundo y, con el 16% de las exportaciones mundiales, la primera potencia comercial, por delante de China y EEUU. Pese a la crisis económica que atravesamos, los europeos seguimos constituyendo una enorme isla de riqueza. Que con el 7% de la población produzcamos el 25% de la riqueza mundial habla de nuestra extraordinaria capacidad productiva. Pero también aquí nuestro futuro está en entredicho. Y no sólo por nuestros problemas, pues Europa está estancada económicamente, endeudada y tiene un récord de parados (26 millones) sino porque los demás, fuera de Europa, lo vienen haciendo mucho mejor que nosotros desde hace mucho tiempo. Europa tiene, además, un problema de dependencia energética muy acusado, pues importa el 54% de la energía que consume, un porcentaje que llega al 85% cuando se trata del petróleo o del 62% cuando hablamos de gas.

La tercera cifra (50%) es el porcentaje que supone el gasto social en Europa sobre el total del gasto social mundial. Si Europa es una potencia mundial en algo es en gasto social: destinamos prácticamente uno de cada tres euros que producimos (el 29.4% del PIB) a políticas sociales. Esa creencia en la equidad y la inclusión que articulamos en torno al concepto de estado del bienestar es una parte esencial de nuestra identidad. Pero financiar estos ideales es muy caro: las políticas de salud, que han permitido a los europeos disfrutar de una esperanza de vida récord, se llevan el 11% de lo que producimos y la pensiones que dignifican a nuestros mayores un 12%. Pero aún con todo ese formidable esfuerzo, en la UE hay 40 millones de personas que viven en situación de extrema pobreza y exclusión social.

(more…)

He vuelto

19 julio, 2013

drone-landingCoincidiendo con el cambio de siglo, se puso de moda hablar del declive de Occidente y del auge de Asia y los BRIC (Brasil, Rusia, India y China). El argumento dominante era que el siglo XXI iba a ser un siglo asiático y que Occidente tenía que tomárselo con deportividad: al fin y al cabo, se decía, lo verdaderamente anómalo de los últimos doscientos años era el auge de Occidente; el siglo XXI simplemente nos traería la restauración del poder económico y militar de Asia a los niveles habituales durante la mayor parte del último milenio.

La crisis financiera iniciada en 2008 no haría sino confirmar esas proyecciones. En una reedición del argumento de La Guerra de los Mundos de H. G. Wells, EE UU parecía haber sido derrotado por el virus del liberalismo económico y financiero que con tanto empeño había inoculado al resto del mundo. No en vano, Warren Buffet, el multimillonario estadounidense, definiría las hipotecas subprime y los derivados financieros como las verdaderas armas de destrucción masiva de nuestro tiempo.

Al otro lado del Atlántico, el resto de Occidente no parecía estar en mucho mejor forma: también en Europa una innovación financiera llamada euro, teóricamente destinada a proteger a sus portadores de la inestabilidad financiera y garantizarles un lugar al sol en el siglo XXI, se convertía en una pesadilla, poniendo en cuestión su modelo de integración político y económico y, a la vez, acelerando su declive global.

(more…)

¿Quién da la espalda a quién?

11 junio, 2013

Captura de pantalla 2013-06-11 a la(s) 14.17.15Vemos en la mayoría de las encuestas que se llevan a cabo en Europa que la ciudadanía está dando progresivamente la espalda al proyecto europeo. Pero con esta encuesta de Metroscopia en la mano podemos permitirnos darle la vuelta a la pregunta y formularla en términos inversos. ¿Quién ha dado la espalda a quién? ¿La ciudadanía al proyecto europeo o el proyecto europeo a la ciudadanía?

Porque lo que se refleja en estos datos es la amplitud y solidez del europeísmo de los españoles. Pese a la mala imagen de la UE y a su pobre desempeño político y económico durante esta crisis, un 69% de los españoles siguen sintiéndose europeos en alguna medida, un porcentaje todavía bastante elevado, que demuestra que en España la identidad nacional y la identidad europea siguen constituyendo dos caras de la misma moneda. Igual que en Alemania se decía que “un buen alemán tiene que ser un buen europeo”, en España el europeísmo se ha dado por hecho entre la ciudadanía. Y aunque esa fe esté siendo sometida a tensión, no parece que en lo esencial se haya visto debilitada.

No se trata solo de retórica o de sentimientos vacíos de contenido. Aunque Europa no está funcionando bien, eso no quiere decir que los españoles quieran ir hacia atrás y deshacer lo andado hasta ahora. Al contrario, tres de cada cuatro españoles son partidarios de que la UE tenga un presidente de verdad, elegido en unas elecciones europeas donde los partidos se presenten con listas trasnacionales. También hay una amplia mayoría de personas a favor de que la UE tenga un Gobierno que merezca tal nombre, aunque suponga ceder soberanía. Y aunque la “unión política” sea un concepto demasiado abstracto como para saber exactamente cuál sería su contenido, casi un 60% está a favor de ella. Por tanto, pese a la crisis, “más y mejor Europa” sigue siendo la opción favorita de los españoles.

Esto nos distingue de otros países vecinos, donde las fuerzas políticas euroescépticas o directamente xenófobas campan a sus anchas. Por el momento, en España no parece haber eurofobia, ni entre la ciudadanía ni entre las fuerzas políticas. Los dos grandes partidos (PP y PSOE) siempre han sido parte del consenso europeo. Y lo mismo se puede decir de los nacionalistas catalanes y vascos; tanto CiU, ERC, PNV o UPyD, por diferentes razones y desde intereses y trayectorias distintas, son partidos federalistas que creen que la solución al euro pasa por una mayor integración. Incluso la propia Izquierda Unida, que en otros países de nuestro entorno, desde Grecia a Francia o Portugal, representaría una izquierda algo más radical en temas europeos, nunca ha jugado ese papel euroescéptico ni parece decidida a articular su mensaje electoral en clave antieuropea. Como tampoco tenemos en España partidos de extrema derecha, que combinando nacionalismo y xenofobia suelen nutrir el euroescepticismo en un gran número de países de nuestro entorno (Reino Unido, Países Bajos, Dinamarca o Austria), nos encontramos con un panorama atípico en nuestro entorno. El resultado es que carecemos de movilización, ni a favor ni en contra de la UE.

Paradójicamente, esta falta de conflictividad supone, en las circunstancias actuales, una debilidad política adicional. En otros países de nuestro entorno (sea el Reino Unido, Francia, Italia, Grecia o incluso Alemania), los Gobiernos pueden utilizar una opinión pública crítica con Europa como baza negociadora a la hora de exigir cambios. “Yo estoy a favor, pero mi opinión pública no lo aceptaría”, se oye decir en Alemania. En España, sin embargo, tal afirmación no sería creíble. Esa atonía permite dudar de que el europeísmo de los españoles pueda o vaya a ser movilizado. Un porcentaje abrumador de los españoles, lo hemos visto en esta y en otras encuestas de Metroscopia, considera que las políticas europeas están equivocadas. Por la izquierda se rechaza la austeridad y por la derecha, aunque se comparte el objetivo de austeridad, se resiente la falta de políticas orientadas al crecimiento. Pero un porcentaje muy significativo de españoles considera que las elecciones europeas no son el medio de obtener de esos cambios y que, como siempre, se decidirán sobre cuestiones fundamentalmente nacionales. La nota dominante, pues, parece ser el descreimiento y la ausencia de expectativas sobre la capacidad de la UE de reaccionar. La cifra es rotunda y el mensaje claro: un 86% de los españoles quiere que la UE emprenda políticas orientadas al crecimiento. Dicen que los ciudadanos han abandonado el proyecto de integración, pero lo que aquí vemos es que es más bien la UE quien les ha abandonado.

Publicado en la edición impresa del Diario ELPAIS el Domingo 9 de junio de 2013

Europaradolandia

10 mayo, 2013

jobless_in_spain.previewCelebramos ayer el día de Europa bajo dos sombras. La primera es la severísima situación de desempleo, precariedad, estancamiento económico y recortes en el Estado del Bienestar que sufren millones de europeos como consecuencia de la crisis. Las magnitudes son impresionantes: si los 26 millones parados que tiene hoy la UE declararan la independencia, ese hipotético estado, Europaradolandia, sería nada menos que el séptimo miembro de la UE, por detrás de Alemania, Francia, Reino Unido, Italia, España y Polonia.

¿Qué país mejor que España para ilustrar el drama que vive Europa? Hay hoy más españoles en paro que ciudadanos daneses en total (5,5 millones), eslovacos (5,4), finlandeses (5,3), irlandeses (4,5), lituanos (3,3) letones (2,3), eslovenos (2,2) estonios (1,3) o que chipriotas, luxemburgueses y malteses juntos (1,7). Si los 6,2 millones de parados españoles decidieran marcharse de España y fundar su propio Estado, en la UE habría nada menos que 11 países con menor población que esta hipotética “República Independiente del INEM” formada sólo por desempleados españoles. Claro que mientras que todos esos parados españoles carecen de una voz política propia que puedan articular institucional o políticamente, esos 11 Estados de la UE tienen un Comisario, se sientan en el Consejo Europeo y pueden bloquear la reforma de los Tratados.

(more…)

Los socialistas y Europa

3 febrero, 2013

MitterandEl 9 de mayo es la fecha con mayor carga simbólica de Europa. En ese día se celebra tanto el aniversario de la Declaración Schuman de 1950, que puso los cimientos de la actual Unión Europea, como la capitulación de la Alemania nazi. Pero para los socialistas españoles, la fecha del 9 de mayo trae un recuerdo amargo. Fue precisamente ese el día, en 2010, en el que Zapatero dio un giro completo a su política económica y adoptó un severo plan de ajuste para la economía española. Zapatero fue doblegado por los mercados, los ministros de Economía europeos reunidos de emergencia en domingo en Bruselas y hasta el mismo Obama, que por teléfono le advirtió de que si caía España, caería Europa desencadenándose una crisis económica global. Ironías de la historia para los socialistas españoles, tan profunda y sinceramente europeístas, el día de Europa de 2010 dio paso a una debacle electoral de primera magnitud.

(more…)

El nuevo tablero europeo

9 enero, 2013

MAPA FISICO EUROPALa crisis del euro ha forzado una realineación sin precedentes en la geografía política europea. Durante décadas, la integración europea ha funcionado como un tablero de juego con varias dimensiones: económica, política, estratégica. En cada una de ellas ha habido dinámicas distintas, pero también equilibrios que han permitido que todos los participantes en el proceso pudieran sentirse satisfechos.

En el tablero económico ha habido siempre asimetrías de tamaño y fortaleza, pero nunca una hegemonía que hiciera a nadie sentirse amenazado. La integración europea ha funcionado como una globalización “buena”. Europa se ha dotado de unas reglas del juego transparentes y equitativas, pero también de la autoridad y las instituciones para hacerlas cumplir. Cada país ha podido buscar su nicho de mercado, experimentar con diversos modelos socioeconómicos y de crecimiento y ajustarlos hasta encontrar el éxito. Todos los miembros de la UE han tenido al alcance buenas oportunidades no solo de crecer, sino de hacerlo de forma cohesionada, tanto hacia dentro, generando inclusión social, como hacia fuera, acortando las diferencias de renta entre países.

En el tablero político, las cosas no han sido muy diferentes, pues las vocaciones europeas de Francia y Alemania, aun cuando fundamentalmente diferentes en su origen, ambiciones y visiones, se han complementado siempre. Pero lo mejor del motor franco-alemán ha sido que ha liderado Europa sin necesidad de obligar a los demás a tomar partido por Berlín o París. De esa forma, países como España han podido jugar siempre a múltiples bandas de forma simultánea. Y por si fuera poco, el Reino Unido ha ofrecido siempre una tercera puerta a la que llamar, haciendo del todo imposible que una eventual intención de Francia y Alemania de constituir un duopolio pudiera materializarse.

(more…)

El efecto coyote

1 junio, 2012

Como todo el mundo sabe, en el popular Correcaminos los problemas del coyote no empiezan cuando la carretera acaba y se queda suspendido en el vacío. El coyote sabe que hay un precipicio, pero también sabe que solo caerá cuando mire hacia abajo. Por tanto, si consigue evitar la tentación de mirar, no caerá; incluso podrá retroceder y volver a zona segura. La paradoja de la situación que define el efecto coyote es que, a veces, para sobrevivir hay que negar la realidad cuantas veces sean necesario.

Esta es la situación en la que se encuentra Europa y, por extensión, España. Tras tres años de medias y tardías respuestas, siempre desmentidas al minuto siguiente por los acontecimientos, todos los actores en este juego, Gobiernos, mercados y ciudadanos, han llegado al convencimiento de que la eurozona está suspendida sobre el vacío. Si no quieren mirar hacia abajo es porque saben perfectamente tanto lo que encontrarán como lo poco que les gustará.

Allá abajo verán, en primer lugar, una moneda común que ha demostrado serlo solo en apariencia. Si fuera una moneda común, tendría los atributos que normalmente tienen las monedas: un Banco Central que actuara como prestamista de última instancia y que estuviera dispuesto a intervenir ilimitadamente en el mercado para respaldar esa moneda, fuera vía los tipos de interés, mediante compras de deuda o sencillamente dándole a la máquina de imprimir billetes. Si esa moneda común fuera tal, también tendría una política fiscal y un presupuesto común dotado de los suficientes recursos como para prevenir y atajar las crisis, incluyendo un mecanismo común para resolver las crisis bancarias y, en definitiva, el respaldo de un verdadero Gobierno económico europeo.

Nada de eso encontraremos si miramos hacia abajo: si lo hiciéramos, lo que en realidad nos encontraríamos es un sistema de tipo de cambios fijos extremadamente rígido que, no solo carece de mecanismos colectivos para corregir desequilibrios y atajar las crisis, sino que tiene como principal objetivo contener los problemas de deuda, privada o pública, en el ámbito nacional, aunque, como muestra el caso de España, generen un círculo vicioso y una dinámica insostenible que lleve a que sus miembros caigan uno detrás de otro.

El Gobierno es consciente de la situación y sabe que España está suspendida en el vacío. Cómo hemos llegado hasta aquí da un poco igual: probablemente haya partes iguales de ingenuidad, inexperiencia, exceso de fe europeísta, dogmatismo ideológico, soberbia y puro y simple desbordamiento por acontecimientos imprevistos, nada en definitiva que no sea recurrente en la política y común entre los seres humanos. El plan original del Gobierno, hacer un ajuste rápido y duro y ganar la confianza de los mercados, se parecía demasiado al puesto en marcha por el Partido Popular al llegar al Gobierno en 1996. El problema es que ahora las circunstancias son radicalmente distintas ya que en lugar de un contexto europeo favorable, tenemos uno completamente adverso. Eso explica que el Gobierno haya tardado meses en salir al ruedo europeo: en el planteamiento inicial, la secuencia era ajustar primero y hacer política europea después sobre la base de la credibilidad ganada. Ahora, la secuencia es más compleja, pues se es consciente de que sin política europea el ajuste no servirá de nada pero, a la vez, se descubre día a día que hacer esa política sin credibilidad ni plan alguno es tan imposible como frustrante.

La situación es desquiciada, pero no irreversible. Aunque parezca mentira, el coyote puede desandar el camino y volver a tierra segura. Y si puede hacerlo es porque en política, como en los dibujos animados, las leyes de la física se pueden manipular. En otras palabras, mientras que el saber técnico nos dice que de no cambiar las actuales circunstancias la zona euro muy probablemente se colapsará, el saber político nos dice que la zona euro no está inevitablemente condenada al colapso y que es posible salvarla. Claro que decirlo es más fácil que hacerlo, pues todo lo que necesitamos para salvar la eurozona es precisamente aquello que no podemos conseguir ya que Berlín se opone frontalmente.

Pero dejemos a un lado los reproches a Alemania. Ha llegado la hora de sincerarnos con Berlín y decirle que aunque reconocemos la solidaridad alemana, no es lo que necesitamos. Lo que necesitamos es el egoísmo ilustrado de Alemania, una visión de si esta unión les merece la pena a ellos, no a nosotros. Berlín tiene que hacer sus cuentas y decirnos bajo qué condiciones les compensa esta unión y hasta dónde está dispuesta a llegar. Luego ya decidiremos qué hacer. Así que mientras los alemanes deciden hasta dónde llega su sano egoísmo, intentaremos no mirar hacia abajo.

Publicado en la edición impresa de elpaís 1 de junio de 2012

Sígueme en @jitorreblanca y en el blog Café Steiner en elpais.com

El día después del bombardeo a Irán

24 febrero, 2012

¿Qué dirá el comunicado que emane de Bruselas el día después del bombardeo israelí a Irán?¿”Lamentará”? ¿“Deplorará”? ¿”Notará con preocupación”? No sabemos si tal comunicado está ya redactado, seguramente no, pero tal y como van las cosas, sería absurdo no ir preparándolo. Con todo, la experiencia nos dice que la redacción no será el mayor de los problemas: la Unión Europea es especialista en encontrar el lenguaje adecuado para que todos los estados puedan firmar una declaración, da igual cual sea el tema. Mal que bien, el alambique funcionará y, como es su obligación, producirá una alambicada declaración.

La única intriga es cuánto se desviarán los ministerios de exteriores nacionales de ese comunicado de Bruselas. Haciendo honor a la diversidad de visiones que sobre Israel tienen los Estados miembros de la UE, cada capital podrá jugar con los matices: unos comunicados barrerán hacia Israel y otros se mostrarán menos comprensivos. Seguir esos matices será interesante: Reino Unido lamentará el uso de la fuerza pero rápidamente volcará toda la responsabilidad sobre Irán; Alemania hará malabarismos para compensar su acendrado pacifismo y respeto por la legalidad internacional con su incapacidad estructural para criticar Israel; Francia intentará equilibrar su visión tradicionalmente crítica con Israel con su alineamiento estratégico con Occidente. Sumados los 27 puntos de vista, es bastante fácil anticipar que unas posiciones cancelarán a las otras y que todo quede en nada o muy poco.

El bombardeo, de producirse, supondrá una clara violación de la legalidad internacional por parte israelí pero es difícil que la UE se una para sancionar a Israel, máxime si hay represalias iraníes que afecten a los europeos, económica o militarmente, obligándoles a intervenir y tomar partido en la crisis que se abrirá posteriormente. En el peor de los casos, los europeos podrían verse obligados a intervenir militarmente para preservar la seguridad de la navegación en el Estrecho de Ormuz. Pero sin ir tan lejos, las consecuencias económicas serían por sí solas bastante graves pues un repunte de los precios del petróleo y de la inseguridad económica no es precisamente lo que necesitan las maltrechas economías europeas. En cualquiera de los casos, Europa aparecerá como un actor marginal e irrelevante, un actor que, una vez más, se verá obligado a gestionar las consecuencia de las decisiones adoptadas por otros, sin haber podido influir de antemano en ellas.

La discusión sobre el día después debe servir para pensar en el día antes. El bombardeo de Irán por parte de Israel representará un fracaso de primera magnitud. Ese fracaso es un tren que todo el mundo en Europa ve venir pero sobre el que nadie sabe, puede o se atreve a hacer mucho. En la mayoría de las capitales europeas se tiene la sensación de que Israel está manipulando muy efectivamente la situación para que aceptemos el bombardeo como inevitable. Se percibe, con toda claridad, que el camino que Israel quiere emprender es completamente contradictorio con la estrategia que hemos puesto en marcha, consistente en incrementar las sanciones y la presión diplomática sobre Irán. Pero como en 2003, cuando algunos decidieron unilateralmente y de antemano que las sanciones a Irak no funcionarían, tenemos dos juegos funcionando en paralelo: por un lado, el camino incompleto, incierto y sin garantía de éxito de la sanciones, las inspecciones y la legalidad internacional; por otro, el mucho más arriesgado, ilegal e igualmente incierto recurso al uso de la fuerza. Como en 2003, estos dos lenguajes no están integrados: el uso de la fuerza (o la amenaza de su uso) no representa un eslabón más del proceso negociador. Irán sabe perfectamente que este Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, con Rusia y China con derecho de veto, nunca aprobará una acción militar contra ella, incluso aunque las sanciones fallen. Por esa misma razón, los europeos, aunque hemos progresado mucho y hemos logrado unirnos para llevar a cabo una nueva ronda de sanciones, sabemos de antemano (aunque no lo decimos) que las sanciones no serán efectivas: harán daño, pero no forzarán al régimen iraní a abandonar su programa nuclear. Eso explica la percepción, casi unánime, de que el camino de la diplomacia, aunque no esté cerrado, será inútil, lo que a su vez es precisamente lo que necesita Israel para justificar su bombardeo. Y como no logramos romper ese círculo vicioso vivimos ya en el día después de haber sido arrastrados a una guerra que no pudimos evitar. Irán, nos dice Israel, está entrando en la “zona de inmunidad”. Con ese argumento, mientras tanto, Israel se sitúa en la zona de impunidad.

Sígueme en Twitter @jitorreblanca y en el blog Café Steiner en elpais.com

El gran pacto que Europa necesita no está listo

27 enero, 2012

El euro es la clave de bóveda del proyecto europeo. Por esa razón, una crisis que afecte al euro es una crisis existencial. Y por eso también es fácil entender por qué, aunque la Unión Europea haya estado antes en crisis, nunca se había asomado al abismo y sentido tanto vértigo. La crisis de la silla vacía, la época de “euroesclerosis”, el bloqueo de Margaret Thatcher a causa del cheque británico, las divisiones ante la unificación alemana, las turbulencias en torno a la ratificación del Tratado de Maastricht o la rebeldía popular ante la Constitución europea, todos esos momentos agitaron las aguas europeas, pero nunca amenazaron con hacer zozobrar la nave europea. En contraste, la crisis del euro ha recorrido transversalmente y presionado intensamente sobre todas y cada una de las líneas de fuerza subyacentes al proyecto europeo.

La crisis ha agudizado las tensiones entre los viejos y los nuevos miembros, entre el Norte y el Sur, entre protestantes y católicos, entre los miembros de la eurozona y los que están fuera de ella. También ha sometido a tensión las políticas que constituyen el núcleo de la Unión: el mercado interior; la libertad de circulación y la política exterior y de seguridad. En todos esos ámbitos hemos asistido a presiones centrífugas que han debilitado el espíritu común y la capacidad de actuación conjunta.

Publicado el 26/01/2012 en el diario elpais  como parte del suplemento especial editado por cinco periódicos europeos.

(more…)