Posts Tagged ‘Cameron’

Quiero mi dinero

23 noviembre, 2012

¿Cómo es posible que en plena crisis, cuando todos los Estados están recortando sus gastos y sometiéndose a durísimas medidas de austeridad, la Comisión Europea aparezca con una propuesta de presupuesto para el periodo 2014-2020 que aumenta el gasto de la Unión Europea en nada menos que el 5%? ¿No sería más lógico que, en un contexto de recesión, la UE también se apretara el cinturón, especialmente teniendo en cuenta que los recursos que financian la UE vienen de los propios presupuestos de los Estados miembros, vía contribuciones directas, y de los bolsillos de los ciudadanos, por medio de las contribuciones del IVA? ¿No tendría más sentido congelar o incluso reducir el presupuesto de la UE, que en la actualidad asciende a 943.000 millones de, euros en lugar de subirlo hasta 1,09 billones, como proponía la Comisión?

 

Un razonamiento con el que sería tentador alinearse si no fuera porque coincide exactamente con la línea argumental que está defendiendo el Gobierno de David Cameron, que ha puesto sobre la mesa la exigencia de una congelación del presupuesto en términos reales, lo que según el Tesoro británico significaría bajar el techo de gasto hasta 886.000 millones de euros. Una vez más, Londres saca a relucir su genio diplomático, mostrando ser uno de los países que mejor ha entendido que en la Unión Europea negociar es argumentar y argumentar negociar.

 

Reforzando la posición negociadora de Cameron están los ultra-escépticos como el alcalde de Londres, Boris Johnson, y el líder del partido por la independencia del Reino Unido, Nigel Farage, dos políticos populistas, de trazo grueso y vuelo rasante cuyas carreras políticas parecen estar dedicadas exclusivamente a desmentir ante el mundo que los británicos son unos caballeros educados y pragmáticos amantes del fair-play. Escuchando a Cameron decir que una de sus cifras favoritas sobre la UE es que el 16% de sus funcionarios ganan más de 100.000 euros al año, parece que Johnson y Farage serán aplacados con algún sacrificio ritual que afecte a los 55.000 funcionarios de las instituciones europeas, que verán sus salarios y beneficios laborales reducidos en consonancia con los recortes que los Estados están imponiendo en casa.

 

Pero no son los histrionismos de Johnson y Farage los que deben preocupar a los países de la cohesión como Polonia, uno de los grandes beneficiarios del presupuesto, o España, que se arriesga a perder 20.000 millones de euros de un presupuesto que ya era sumamente negativo para España en razón de la disminución de los pagos agrícolas, que caen un 13.4%, y en concepto de fondos estructurales y de cohesión territorial, que disminuyen en un 12.7%. El problema es que España y otros se enfrentan a una doble penalización: sufrirán por culpa de unas políticas de austeridad exageradas y contraproducentes y, además, por la ausencia de las únicas medidas de estímulo que la economía europea podía esperar, que eran las provenientes de un presupuesto europeo ya de por sí raquítico (pues apenas representa el 1% del tamaño total de la economía europea).

 

Agazapados detrás de los británicos están los alemanes, los holandeses, los austriacos y los suecos, que no ven con malos ojos recortar las políticas de solidaridad. Berlín es víctima desde hace tiempo de esa mal llamada “fatiga del donante”. Pagó la factura de la ampliación mediterránea en los años ochenta, luego la de su propia unificación en los noventa y más tarde asumió gran parte del coste de la ampliación al Este. Pero cuando pensó que el ciclo había terminado se ha encontrado con que vuelve a financiar la rehabilitación del Sur vía las garantías y avales que hacen viables los paquetes de rescate a Grecia, Portugal y España (también a Irlanda).

 

Disfrazados de “amigos de un mejor gasto”, estos países ya han logrado que la presidencia chipriota rebaje la propuesta de la Comisión en 53.000 millones, a lo que Van Rompuy ha añadido otro recorte de 27.000 millones para desesperación de España, que ve las ayudas para Andalucía, Castilla La Mancha y Galicia reducirse sustancialmente. No es de extrañar que las tensiones se hayan disparado: de seguir así, el presupuesto para 2013 estará por debajo del de 2012, lo que resulta inaceptable para un grupo de países, España entre ellos, que consideraban que lo último que necesita la economía europea es otro recorte, esta vez por arriba, en las cuentas europeas. Así es la Unión Europea en la que vivimos: todo el mundo mira por lo suyo y nadie por lo de todos.

 Publicado en la edición impresa del Diario ELPAIS el 23 de noviembre de 2012

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Rebelión a bordo

27 abril, 2012

El poder se puede ejercer de dos maneras: directamente, sometiendo una decisión a debate público y posterior votación, o de una manera más sutil, eliminando de la agenda pública la discusión sobre una política y sus alternativas. De lo que no se habla, no existe; de ahí que los políticos dediquen tantas energías a controlar la agenda pública.

Así estaban las cosas en Europa respecto a la austeridad. Sin embargo, en poco menos de una semana, los diques se han roto y el debate ha irrumpido con fuerza, permitiendo una recomposición total de los términos del debate europeo. Como todo cambio súbito, resulta más fácil explicarlo a posteriori que predecirlo a priori pero lo cierto es que han sido numerosas las voces que en los dos últimos años se han mostrado a favor de un cambio de estrategia. No obstante, una y otra vez, estas voces fracasaron. Y si fracasaron fue en gran parte porque los destinatarios de estos mensajes pudieron cuestionar la legitimidad de los que planteaban el cambio de rumbo. Por un lado, los mensajes provenientes del otro lado del Atlántico eran rehusados con el argumento, primero, de que Estados Unidos y la Unión Europea era tan distintos que hacían imposible que las recetas aplicadas en un lado funcionaran en otro y, segundo, al atribuir un sesgo ideológico izquierdista a los economistas estadounidenses (Krugman, Sachs y Stiglitz, entre otros) más críticos con las políticas de austeridad europeas.

Algo parecido ha venido ocurriendo con los mensajes que venían del sur de Europa, rechazados con argumentos similares: por ideológicos, cuando venían de los socialistas, o por auto-interesados, al cuestionarse el derecho de un paciente irresponsable y endeudado a opinar sobre su tratamiento. Eso explica que ni siquiera el cambio a gobiernos de orientación conservadora en los cuatro países del Sur de Europa pudiera alterar los términos del debate europeo. Pese a sus impecables credenciales conservadoras, Passos Coelho, Rajoy, Monti y Papademos han estado amordazados: en su actual situación de debilidad económica, coaligarse contra Alemania y Francia, de la que dependen para salvarse, carecía de sentido.

En esas circunstancias, no cabe dudar de que la victoria de Hollande en la primera vuelta de las presidenciales francesas es la que ha dado un vuelco al debate. Sin embargo, Hollande no es toda la historia: primero, porque todavía no ha ganado; segundo, porque los conservadores del sur de Europa tienen, por razones obvias, reticencia a confiar en un socialista francés; y tercero, porque incluso aunque gane, su margen de maniobra será mínimo y su capacidad de imponerse a Alemania muy reducida. En la memoria de Hollande sin duda está grabado lo ocurrido en 1981, cuando Mitterrand salió en tromba por la izquierda y fue inmediatamente devuelto al redil por los mercados, que se cebaron contra el franco (ahora lo harían contra su deuda).

Tan importante para el cambio o incluso más aún ha sido: primero, la caída del Gobierno en los Países Bajos, pues el Gobierno conservador de Rutte era y es un aliado esencial de Alemania. Segundo, que el Fondo Monetario Internacional pasara a cuestionar públicamente la rigidez con la que la estrategia de austeridad se está aplicando. Tercero, el fracaso de las políticas de austeridad en el Reino Unido, donde Cameron, otro adalid de la austeridad, no ha podido generar crecimiento ni siquiera con el respaldo de los bajísimos tipos de interés sobre su deuda garantizados por el Banco de Inglaterra. Y cuarto y último, la sucesión de datos económicos negativos a lo largo de toda Europa han mostrado que el desacoplamiento económico entre los países del Norte, que irían creciendo como resultado de sus virtuosas políticas, y del Sur, que tendrían que esperar a crecer hasta que tuvieran efecto las reformas, es imposible.

Frente a los argumentos de fuera (EEUU), de abajo (el Sur de Europa) o de enfrente (los socialistas), estos argumentos provienen del corazón del sistema, lo que ha hecho imposible que fueran ignorados. Así pues, un cambio en Francia era una condición necesaria, pero no suficiente. Hasta qué punto cambiarán las cosas como resultado de este realineamiento de fuerzas es todavía una incógnita pues el proceso acaba de empezar y está lleno de incertidumbres: en mayo tendremos la segunda vuelta de las elecciones presidenciales francesas, las elecciones griegas y el referéndum en Irlanda sobre el Tratado fiscal, y en junio las elecciones legislativas francesas. Entre medias, una Angela Merkel sometida a presiones contradictorias desde múltiples ámbitos tendrá que someter a ratificación ante el Bundestag el pacto fiscal europeo y el mecanismo europeo de estabilidad (MEDE). Más que nunca, el futuro de Europa pasa por las manos de la canciller. ¿Sofocará la rebelión y mantendrá el rumbo o aceptará la necesidad de virar?

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 Publicado en ELPAIS el 27 de abril de 2012

Rebelión en las capitales

28 octubre, 2011

// Pese a las medidas adoptadas por el último Consejo Europeo, estamos todavía lejos de ver la luz al final del túnel. Como viene siendo costumbre desde que comenzara la crisis, los líderes europeos han adoptado medidas de cortísimo alcance, parches que tapan temporalmente las diferentes vías de agua que se han abierto en el edificio del euro y que vuelven a posponer las soluciones que proporcionarían estabilidad al sistema. El reguero de cumbres europeas y votaciones parlamentarias que ha requerido la ampliación a un billón de euros del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEEF) es la mejor prueba de que la crisis que vivimos es de naturaleza esencialmente política. Es hoy más evidente que nunca que los líderes europeos funcionan con un esquema mental inverso al que la situación exige: en lugar de solucionar los problemas nacionales pensando desde parámetros europeos, intentan solucionar los problemas europeos pensando desde parámetros exclusivamente nacionales.

No es de extrañar que las cuentas no nos salgan, ni a los ciudadanos ni a los mercados: hace tiempo que ambos se han dado perfecta cuenta de que no es la suma de estas partes nacionales, cada vez más incapaces y enfrentadas entre sí, la que salvará a Europa. Por un lado, el Parlamento alemán y el partido de Merkel (la CDU) imponen cada día más limitaciones a la capacidad de actuación de la canciller y, al mismo tiempo, condiciones más severas al resto de los socios. El borrador de declaración sobre Europa y la crisis que la CDU debatirá en su congreso del 14 de noviembre (reproducido en el blog Café Steiner) plantea una reforma de los Tratados cuya lógica es meramente punitiva: sacrificios y exigencias de toda índole sin ninguna contrapartida política de largo alcance.

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La guerra de Nicolás

1 septiembre, 2011

Todo en el conflicto de Libia ha sido atípico y extraño, desde su inicio hasta sus estertores. Para comenzar, la guerra de Libia nunca debió ser, al menos sobre el papel. Pese al lugar común, el petróleo nunca fue crucial, pues Gadafi era la mejor garantía no solo de un abastecimiento continuado de crudo sino de importantes contratos en Libia para las petroleras europeas y cuantiosas inversiones libias en Europa. Prueba del muy marginal interés estratégico de Libia para Estados Unidos, Obama fue arrastrado a la guerra en contra de sus deseos y del parecer de su Administración, espantada ante la sola idea de abrir un nuevo y tercer frente bélico en (imposible que fuera una casualidad) otro país musulmán. Incluso halcones y neocons, a los que supondríamos proclives a enzarzarse en una guerra con ese Gadafi convicto de terrorismo al que Reagan había llamado “perro loco” y bombardeado, criticaron a Obama por meter al país en guerra por la puerta de atrás, amenazando desde el Congreso con negarle los fondos para las operaciones militares.

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