Posts Tagged ‘Bin Laden’

Dólares en vez de bombas

18 julio, 2014

dollarIndignación en Francia por la multimillonaria multa, nada menos que 6.600 millones de euros, impuesta por el gobierno estadounidense al banco francés BNP-Paribas por haber violado el régimen de sanciones impuesto en 1997 al régimen sudanés en razón tanto de su apoyo a Bin Laden y su papel en el genocidio de Darfur. El Gobierno francés, vía su Ministro de Hacienda, Michael Sapin, ha declarado que esta multa es injusta y desproporcionada. A juicio de Sapin y muchos otros en Francia, esta multa obliga a los europeos a cuestionarse la supremacía que el dólar disfruta como medio de pago internacional. Basta ya, dicen, del abuso de poder que ejerce Estados Unidos mediante el dólar, que ya el general De Gaulle definió como un “privilegio desmesurado”.

En lo referido a la supremacía no les falta razón: la economía estadounidense representa un quinto de la economía global pero el 85% de las transacciones de divisas se llevan a cabo en dólares y, a su vez, el dólar supone el 60% de las reservas de los bancos centrales del mundo. Tampoco están desencaminados en lo absurdo de esa supremacía: multitud de bancos y empresas europeas siguen denominando sus transacciones entre ellos en dólares, en lugar de en euros. También en la cuestión de la legalidad de las sanciones está BNP en lo cierto: aunque manejar las transacciones exteriores del régimen de un terrorista y genocida como Omar al Bashir fuera repugnante desde el punto de vista moral, si esas transacciones hubieran sido llevadas a cabo en euros, habrían sido plenamente legales, pues la Unión Europea no secundó dichas sanciones.

A la luz de estas razones, parece evidente que un mundo con algo menos de unipolaridad monetaria sería más que bienvenido. ¿Seguro? No está tan claro. Fijémonos en las discusiones sobre paraísos fiscales y, en general, sobre la opacidad del sistema bancario internacional. Durante décadas, esa opacidad no pareció importar mucho a los gobiernos, ni siquiera al estadounidense. Pese al tópico que dibujaba los paraísos fiscales como islas tropicales de aguas cristalinas, los más importantes estaban en lugares tan anodinos como Delaware o Zúrich, pero también en el corazón Europa, como Luxemburgo, Viena o las islas del canal de la Mancha. Al parecer, mientras los paraísos fiscales sirvieron para que empresas e individuos eludieran impuestos y blanquearan dinero proveniente de la corrupción, el crimen organizado o los tráficos ilícitos, no hubo mucha urgencia en acabar con ellos. De ahí que la cháchara proveniente de las reuniones de la OCDE o el G 20 no sirviera de mucho. Pero desde que Estados Unidos asumió que ese canal financiero paralelo era el que permitía sobrevivir al terrorismo y a sus patronos y financiar el programa nuclear de Irán, Washington decidió pasar a la ofensiva y poner fin a la opacidad del sistema financiero global. Sin la presión de Estados Unidos, vecinos tan respetables como Luxemburgo, Suiza o Austria, que durante décadas han bloqueado cualquier avance en esta materia, estarían todavía resistiéndose a cambiar su legislación sobre transparencia bancaria. Paradoja: el miedo de gobiernos y empresas al Departamento del Tesoro estadounidense puede ser una herramienta de progreso global.

Publicado en la edición impresa del Diario ELPAIS el viernes 11 de julio de 2014

Bin Laden ante el espejo

9 septiembre, 2011

Imaginemos a Bin Laden delante del espejo en su guarida de Abottabad. Aunque él no lo sepa, son sus últimos días. Sí que sabe que desde hace mucho tiempo todos los días se parecen demasiado unos a otros. Aislado del mundo exterior y decrépito físicamente, observa cómo le tiñen el pelo antes de su próxima sesión de vídeo. Pero mientras sus caducos vídeos llaman a extender la yihad, desde Rabat a Damasco los jóvenes del mundo árabe y musulmán han tomado las calles en demanda de libertad sin atender a jerarquía política, religiosa ni tecnológica alguna. Cierto que entre ellos hay islamistas. Y cierto también que son los líderes laicos que Bin Laden tanto detestaba los que están cayendo en el norte de África y, quién sabe, incluso en Siria y más allá. Pero mirando el mapa del mundo que tiene ante sí, Bin Laden solo puede constatar la presencia de Al Qaeda en el sur de Somalia, las zonas tribales del noroeste de Pakistán, partes de Yemen y algunas zonas inhóspitas del Sahel. Diez años después del 11-S, Al Qaeda no ha conseguido volver a golpear en Estados Unidos y, aunque los talibanes no han sido doblegados, Occidente no solo no ha sido derrotado, ni en Irak ni en Afganistán, sino que los cazas de la OTAN se pasean por los cielos de Libia aplaudidos por la población.

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Afganistán sin Bin Laden

20 mayo, 2011

Parece que la vaca se quedó tan enredada en las alambradas que los soldados no tuvieron más remedio que sacrificarla y despedazarla para poder retirarla. Vemos a los ancianos del pueblo, unos hombres de largas barbas y extrema delgadez, acercarse al puesto a pedir explicaciones. Tras discutir un rato sobre lo ocurrido, piden una compensación de 400 dólares (280 euros). El sargento se niega, dice que les puede dar algo de comida, pero no dinero. Todo ello ocurre en el puesto avanzado Restrepo, situado en el valle de Korengal, provincia de Kunar, Afganistán, en una zona remota y aislada, de una pobreza extrema, sin agua corriente ni electricidad, donde no parece que nada haya cambiado mucho en los últimos 200 años. En el pueblo solo hay ancianos, mujeres, niños y algunos adolescentes: es casi seguro que los varones adultos están del lado talibán, y no muy lejos. A un kilómetro del pueblo, sobre un risco, el segundo pelotón de la Compañía C del 503 Regimiento de Infantería del Ejército estadounidense ocupa un pequeño fortín construido a base de planchas de acero y sacos terreros donde no caben más de 15 soldados. Los soldados estadounidenses están en desventaja, pues la población local desconfía de ellos y, además, son hostigados todos los días por el fuego de un enemigo al que nunca alcanzan a ver. Su primera incursión en el pueblo vecino termina con cinco niños heridos y algunas viviendas de adobe destruidas. El capitán se disculpa por medio de un intérprete, pero en esta y en cada ocasión que tiene de hablar con los lugareños insiste machaconamente: estamos aquí para ayudaros, vamos a traer una carretera y empleos para que podáis prosperar, pero a cambio nos tenéis que ayudar con los talibanes. No sabemos lo que piensan los lugareños, pero podemos imaginarlo: “¿Una carretera?, ¿para que vengan más como vosotros?”.

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Anestesia moral

6 mayo, 2011

Da la impresión de que entre los 10 años, millones de dólares, cientos de miles de horas y miles de personas empleadas en localizar a Bin Laden, nadie dedicó un minuto a pensar qué se haría después de su muerte, ni con su cadáver, ni con sus fotos. Tampoco parece que se dedicara mucho tiempo a afinar la estrategia de comunicación para que el relato de su desaparición reforzara la imagen de Estados Unidos en el mundo, y no la debilitara, como está camino de ocurrir. Que la revista New Yorker haya rescatado la historia de la ejecución del Che Guevara a manos de la CIA después de haber sido apresado vivo lo dice todo sobre cómo la destrucción de un mito puede contribuir a reforzarlo. Así que, la noticia de la década va camino de convertirse en un desastre de relaciones públicas de proporciones incalculables. Para ello, han debido aliarse la ausencia de plan previo alguno y las confusas, contradictorias y cambiantes explicaciones dadas a posteriori sobre todo lo acontecido. Conociendo Estados Unidos, y recordando lo que ocurrió con la ejecución de Sadam Husein, hay que temer que acabaremos viendo las fotos borrosas de su muerte o el vídeo de mala calidad de su singular entierro marino, ceremonia islámica incluida, obtenidas vía el teléfono móvil de algún participante en la operación.

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