Posts Tagged ‘Alemania’

La troika y el gallina

4 marzo, 2015

312195800_70ffb91a48_zMuchos analistas están dibujando el conflicto entre Grecia y Alemania como un “juego del gallina”, ya saben, ese en el que dos coches se dirigen a toda velocidad uno contra otro para ver quién se aparta primero. El juego tiene varios resultados posibles: los dos demuestran que son muy machos, pero mueren; los dos se apartan en el último segundo y se van juntos a celebrar su sensatez; o, por último, uno se arruga y es humillado y el otro queda victorioso y celebra su valentía.

El juego revela algunas de las dinámicas que estamos viendo estos días entre Tsipras y su ministro de Finanzas, Varoufakis, a un lado, y Merkel y su ministro de Finanzas, Schäuble, por otro. Pero no captura bien la realidad. Más que un juego del gallina, estamos ante un juego en dos niveles, típico de las negociaciones internacionales, en el que los negociadores principales no sólo se tienen que poner de acuerdo entre ellos, sino a su vez lograr que el acuerdo que firmen sea aceptable cuando vuelven a casa. En muchos casos, y este es uno de ellos, se produce una situación de difícil solución: que los acuerdos posibles arriba (entre las partes), no coinciden con los acuerdos que pueden ser ratificados abajo (una vez en casa).

En su primera comparecencia en el Parlamento griego, Tsipras declaró el programa de rescate finalizado. Mi Gobierno, dijo, ha recibido un mandato del pueblo griego para acabar con ese programa, que ya ha sido cancelado por su propio fracaso. Al dar por finalizado unilateralmente el rescate y dar por hecho que cualquier negociación con el Eurogrupo partirá de ese hecho, Tsipras se ha colocado en una situación enormemente complicada y a la vez absurda. ¿Por qué? Pues porque con tal de cumplir con su mandato podría verse obligado a rechazar una prórroga del rescate muy favorable a Grecia y, a cambio, aceptar un programa-puente aunque fuera más costoso para Grecia por las incertidumbres asociadas a él (elevación de la prima de riesgo, caída de la Bolsa, retirada de depósitos, fuga de capitales). Algo parecido le pasa al Eurogrupo, pues aunque podría modificar el programa de rescate de mil formas para acomodar las demandas del nuevo Gobierno griego, lo que no puede consentir (por las repercusiones que tendría en Alemania y en los otros países deudores) es dejar a Tsipras salirse con la suya, atribuirse el tanto de haber matado a la troika y puesto fin al rescate y, para colmo, llevarse de premio un crédito-puente desde el que negociar con calma.

Lo peor de todo, y en esto el error de Tsipras es garrafal, es que la troika ya estaba técnicamente muerta: la había matado la Comisión, con Juncker a la cabeza; el Parlamento, que hizo un informe durísimo sobre ella; el Tribunal de Justicia, que ha dicho que el BCE no pinta nada allí, y el Eurogrupo, que quería sacar al FMI. Pero como a los zombis, a la troika le atrae el ruido, así que en vez de desaparecer silenciosamente, ahora, cortesía de Tsipras, la tenemos otra vez en primer plano.

Publicado en la edición impresa del Diario ELPAIS el jueves 12 de febrero de 2015

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Siempre Francia

16 mayo, 2014

VallsAlemania es la potencia que no quiere ser, Francia la potencia que ya no puede ser. Todos los problemas actuales de Europa pueden ser expresados retornando una y otra vez a esta asimetría de las voluntades. Las dos están siempre en tensión: Alemania buscando que se cumplan las normas, Francia buscando la oportunidad de hacerlas o rehacerlas. “Si todo el mundo cumpliera las reglas”, he oído decir en la Cancillería en Berlín, “no necesitaríamos líderes”. Pero la reflexión en el Elíseo es completamente distinta, más bien un lamento: “¡ay si nosotros tuviéramos el poder de Alemania!” Berlín no quiere liderar, dice que para eso se hacen las reglas, para que todo el mundo sepa lo que tiene que hacer sin necesidad de que nadie tenga que decirlo. Pero en París, que saben mucho más de la vida, no se les ha olvidado ni por un minuto que el poder consiste en hacer las reglas y que las reglas reflejan la distribución de poder en una comunidad.

El contraste entre el autocontenido liderazgo de los Cancilleres alemanes más relevantes de la Alemania democrática (Adenauer, Brandt, Schmidt, Kohl y la propia Merkel) y la recreación en el poder de los Presidentes de la V República (De Gaulle, Giscard d’Estaing, Mitterrand, Sarkozy y Hollande) es todo menos una casualidad. Nada explica mejor la manera de gobernar de Merkel que esa aversión a los hombres fuertes grabada (por suerte) en lo más profundo del ADN democrático alemán de hoy. Y, a la vez, nada explica mejor Francia que la obsesión con el poder ejecutivo, la búsqueda constante del líder clarividente que mostrará el camino, una patología que los politólogos llamamos “ejecutivismo”.

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El pasado como excusa

14 febrero, 2014

tobruk war cemetery

Mercantilismo indiferente. Ese sería, a decir de los críticos acérrimos, el paradigma que habría dominado la política exterior alemana durante la legislatura anterior. ¡La China de Europa!, señalaban los más exaltados, solo preocupada por vender armas, comprar energía barata y abundante, no hacer muchas preguntas sobre la democracia y los derechos humanos y desentenderse de cualquier responsabilidad en lo relativo al mantenimiento de la paz y seguridad mundiales.

Criticamos con frecuencia la política europea de Merkel por cortoplacista (¿recuerdan cuando el ministro de Exteriores español, García-Margallo, dijo que Merkel “siempre llegaba 15 minutos tarde” a la crisis del euro?). Pues eso no ha sido nada comparado con la política exterior de Merkel y su ministro de Exteriores en el anterior Gobierno, el liberal Guido Westerwelle. No es que el tren llegara tarde, es que nunca salió de la estación. ¿Por qué esa diferencia entre una política y otra? Mientras en las cuestiones europeas, Merkel siempre ha tenido a su lado un ministro de Economía y Hacienda, Wolfgang Schäuble, mucho más europeísta y con más visión del largo plazo que ella, en Exteriores y en Defensa, los ministros de Merkel han tendido a reforzar su desinterés y desentendimiento en lugar de cuestionarlo.

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Miopías

15 noviembre, 2013

gafasQue el euro se ha salvado del colapso parece ser algo que los mercados dan por descontado. Las tensiones especulativas contra el euro, que a punto estuvieron de llevárselo por delante el año pasado, han remitido casi por completo. Todo ello gracias a la intervención del Banco Central Europeo y de su Presidente, Mario Draghi, que anunció su determinación a utilizar todo el arsenal de recursos a su disposición para salvar la moneda única. Sin embargo, como estamos viendo estos días, superada la peor fase de la crisis del euro, nos estamos adentrando en una muy preocupante fase de crisis política. Porque si las tensiones en torno al euro han remitido, las tensiones políticas están aumentado, especialmente en lo que se refiere al papel de Alemania, que se está situando cada vez más en el centro de la crítica, tanto por sus acciones como, especialmente, por sus omisiones.

Hemos visto estos días las reacciones airadas que en Alemania ha provocado el doble dardo que la política económica de Merkel ha recibido, primero desde Washington, donde el Departamento del Tesoro ha calificado públicamente el superávit comercial alemán como una fuente de inestabilidad para el resto de los miembros de la eurozona, y posteriormente desde Bruselas, desde donde se ha puesto en marcha un procedimiento de vigilancia especial sobre los riesgos que para la eurozona se derivan del excesivo y persistente superávit comercial alemán.

El enfrentamiento es político, sí, pero tan vinculado a las identidades que adquiere un carácter casi existencial. Para muchos alemanes, ser criticados por ahorrar y exportar en exceso no sólo supone un ataque frontal a la identidad de la Alemania posterior a la segunda guerra mundial, sino una muestra más de la insensatez de algunos de sus vecinos, que no sólo no tienen a bien admirar sus reformas económicas, aplicándolas a regañadientes con suma laxitud y aún más débil voluntad sino, lo que es peor, parecen empeñados en destruir a base de consumo, deuda e inflación el que consideran el único modelo económico exitoso del continente.

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El triunfo del modelo alemán

20 septiembre, 2013

merkelrajoyLa muy probable victoria de Angela Merkel y la amplitud del consenso en torno al modelo económico alemán permiten augurar pocos cambios una vez celebradas las elecciones del domingo. A la desmovilización del electorado en razón del buen comportamiento de la economía se une la rebaja sustancial de la tensión en la eurozona gracias al cambio de política operado por el Banco Central Europeo en el otoño de 2012 al comprometerse a respaldar sin límite al euro frente a los ataques especulativos de los mercados.

La relajación de la presión sobre el sur, que ha visto extendidos los plazos para cumplir los objetivos de déficit, también ha contribuido a generar un nuevo clima de confianza. Frente a la durísima batalla contra la austeridad a ultranza que dominó el año pasado, ahora vemos a muchos gobiernos del sur, el español al frente, celebrando en público los (supuestos) buenos resultados de la política de austeridad impuesta por la eurozona. Aferrados al crecimiento de las exportaciones y a las ganancias de competitividad, los pronósticos del Gobierno español constituyen la mejor prueba de la hegemonía ideológica de la Alemania de Merkel: pese a estar en el sexto año de la crisis, sufrir un 26% de paro, tener una deuda pública que se acerca al 100% del PIB y un déficit público todavía muy lejos del 3%, celebramos con orgullo la instauración del modelo económico alemán, felizmente interiorizado. Que los déficits sociales, laborales, demográficos, energéticos y de infraestructuras que sufre Alemania, y que sin duda están asociados a ese modelo, no preocupen mucho, ni allí ni aquí, es todo un indicador de lo que nos depara el futuro.

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El problema es Europa, no Alemania

20 septiembre, 2013

alemania_foto610x342El curso político europeo 2013-2014 se abrirá con las elecciones generales alemanas el 22 de septiembre y se cerrará con las elecciones al Parlamento Europeo el 25 de mayo de 2014. En teoría, las primeras deberían tener una importancia secundaria y las segundas ser cruciales. Pero, paradojas de la vida política europea, la situación es más bien la contraria: las primeras son cruciales para el futuro de Europa mientras que las europeas tendrán una importancia marginal. Previsiblemente, un gran número de europeos, que desde 1979 tienen derecho a elegir a un Parlamento, por cierto, bastante poderoso, ni se molestarán en acercarse a las urnas en mayo de 2013 (recuérdese que en las últimas elecciones europeas, celebradas en junio de 2009, la participación fue del 43%). Sin embargo, conscientes la importancia que para su futuro ha adquirido Alemania, es bastante probable que, si se les diera la oportunidad, muchos europeos sí que tuvieran interés en votar en las elecciones alemanas.

Todo ello nos habla de la gigantesca disociación sobre la cual está organizada la Unión Europea: mientras que bienes, servicios, capitales y personas circulan libremente en un enorme territorio articulado en torno a una moneda común, la política sigue organizándose sobre la base de una serie de unidades nacionales sumamente fragmentadas y de muy desigual tamaño y capacidad. Esta incoherencia entre las fronteras de la política y la economía es lo que llevó al Emperador Marco Aurelio Antonino a extender la ciudadanía a todos los habitantes del Imperio Romano. El edicto de Caracalla, promulgado en el año 212, utilizaría un argumento de bastante actualidad: “es legítimo que el mayor número no sólo esté sometido a todas las cargas, sino que también este asociado a mi victoria”. Está asociación entre los impuestos y la legitimidad de un régimen político es pues una constante en la historia y ha llegado hasta nuestros días en forma de una regla de muy sencilla: uno debe votar donde contribuya con sus impuestos y financiar con sus impuestos sólo aquello sobre lo que pueda votar.

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Mala sangre

3 mayo, 2013

bad bloodEn inglés, la expresión bad blood se usa para describir el deterioro que en una relación provoca la percepción de que una de las partes está dañando a la otra. El resultado es la animosidad pero, sobre todo, la ruptura en la capacidad de las partes de comunicarse e interactuar cordialmente. Piensen ahora en los retratos de Angela Merkel caracterizada como una nazi en las manifestaciones en Atenas o en las esvásticas que se vieron en las calles con motivo de su visita a Lisboa. O fíjense, en sentido contrario, en la desgraciada portada de Der Spiegel, la prestigiosa revista alemana, con un montaje en el que presenta un campesino típico del sur de Europa subido en un burro cargado de billetes bajo un paraguas europeo acompañado del titular: “La mentira de la pobreza, cómo los países en crisis esconden su riqueza”.

Y no olviden que pese a que el centroizquierda se haya hecho con el Gobierno en Italia, el 55% de los italianos votaron a Beppe Grillo o a Silvio Berlusconi, cuyos discursos electorales fueron furibundamente antialemanes. Como se ha visto en la polémica generada por el documento interno del Partido Socialista francés en el que se acusa a la “intransigencia egoísta” de Alemania de hundir Europa, no hablamos solo de las calles o las portadas de la prensa, sino de la extensión del resentimiento por los pasillos del poder donde se mueve la élite política; mientras Hollande se hunde en las encuestas, dicen en París, Merkel se encamina a su reelección. España tampoco queda al margen: como mostró la tribuna del embajador alemán en este mismo diario el viernes pasado (Desde la profunda amistad),las relaciones de España con Alemania, que en razón de la ausencia de una historia negativa o conflicto bilateral han sido de las mejores existentes en todo el seno de la Unión Europea, se han despeñado por una sima de desconfianza recíproca y percepciones cruzadas sumamente negativas. Mala sangre.

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El desgobierno europeo

24 marzo, 2013

chipreLo ocurrido esta semana en relación con Chipre ha puesto de manifiesto con total brutalidad hasta qué punto la Unión Europea tiene un problema de desgobierno. Son cuatro las razones que explican por qué el sistema decisorio europeo está gripado.

El sistema no resuelve los problemas.

Primero, no es eficaz a la hora de atajar los problemas que pretende resolver. Más bien al contrario, tiende a agravarlos. Esto es cierto tanto en el nivel macro como en el nivel micro. En el primero, observamos cómo el crecimiento se estanca, el desempleo sigue subiendo y la deuda no sólo se reduce sino que crece. La combinación de un diagnóstico de la crisis erróneamente centrado en la deuda pública, seguido de unas prescripciones articuladas en torno a la austeridad a ultranza y unos líderes europeos pegados a la arena electoral de cada país nos han llevado a un sistema de crisis permanente.

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El nuevo tablero europeo

9 enero, 2013

MAPA FISICO EUROPALa crisis del euro ha forzado una realineación sin precedentes en la geografía política europea. Durante décadas, la integración europea ha funcionado como un tablero de juego con varias dimensiones: económica, política, estratégica. En cada una de ellas ha habido dinámicas distintas, pero también equilibrios que han permitido que todos los participantes en el proceso pudieran sentirse satisfechos.

En el tablero económico ha habido siempre asimetrías de tamaño y fortaleza, pero nunca una hegemonía que hiciera a nadie sentirse amenazado. La integración europea ha funcionado como una globalización “buena”. Europa se ha dotado de unas reglas del juego transparentes y equitativas, pero también de la autoridad y las instituciones para hacerlas cumplir. Cada país ha podido buscar su nicho de mercado, experimentar con diversos modelos socioeconómicos y de crecimiento y ajustarlos hasta encontrar el éxito. Todos los miembros de la UE han tenido al alcance buenas oportunidades no solo de crecer, sino de hacerlo de forma cohesionada, tanto hacia dentro, generando inclusión social, como hacia fuera, acortando las diferencias de renta entre países.

En el tablero político, las cosas no han sido muy diferentes, pues las vocaciones europeas de Francia y Alemania, aun cuando fundamentalmente diferentes en su origen, ambiciones y visiones, se han complementado siempre. Pero lo mejor del motor franco-alemán ha sido que ha liderado Europa sin necesidad de obligar a los demás a tomar partido por Berlín o París. De esa forma, países como España han podido jugar siempre a múltiples bandas de forma simultánea. Y por si fuera poco, el Reino Unido ha ofrecido siempre una tercera puerta a la que llamar, haciendo del todo imposible que una eventual intención de Francia y Alemania de constituir un duopolio pudiera materializarse.

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Europa sin Grecia

11 mayo, 2012

Esta Europa no da un respiro, como si odiara la previsibilidad que durante tantas décadas hizo que la gente no le prestara la más mínima atención. Apenas unos días después de que la victoria de Hollande en Francia abriera una rendija de esperanza, nos encontramos de bruces con los dos problemas que definen esta crisis. Por un lado, la fragilidad de los sistemas políticos, que como vemos en Grecia se autodestruyen en el empeño de convencer a sus ciudadanos de que se sometan a una austeridad sin límite ni perspectiva y que sean ellos los que soporten en solitario el peso principal de la crisis. Por otro, como estamos viendo en España, la fragilidad de partes importantes del sistema financiero, fruto de una década de exceso de liquidez, mala gestión y peor supervisión. Esas dos fragilidades se suman y se retroalimentan llevándonos a una situación insostenible: en Grecia, porque la perspectiva de una renegociación de los términos del paquete de rescate supone situarse en el umbral de la salida del euro; en España, porque la condición absolutamente necesaria para que funcione esa combinación de reformas y recortes que constituye, hoy por hoy, la única agenda del gobierno es que tenga lugar en un marco de estabilidad financiera y confianza exterior.

Tanto para mantener a Grecia dentro del euro como para evitar que una eventual salida produjera una reacción en cadena que afectara a España, los gobiernos de la eurozona tendrían que tomar medidas de gran calado. Esas medidas deberían asegurar a los mercados bien que Grecia tiene un futuro dentro del euro o bien que su salida sería un hecho aislado. Pero como no ven a los líderes europeos levantando los cortafuegos necesarios, los mercados no se creen ninguna de esas afirmaciones. En ese pesimismo preocupante han empezado a coincidir muchos dentro de las instituciones europeas al percibir hasta qué punto Grecia y Alemania han llegado al límite de sus esfuerzos: a un lado, tenemos la fatiga de austeridad griega; a otro, la fatiga de solidaridad alemana.

Es imprescindible recuperar el aliento y tomar perspectiva: una salida de Grecia del euro sería un desastre de primera magnitud, para los griegos y para el resto de los miembros de la eurozona. Además del deterioro aún mayor en las condiciones de vida de los griegos, los partidos extremistas se harían todavía más fuertes. Aunque formalmente Grecia no saliera de la Unión Europea, su salida afectaría a todas las políticas en las que se basa su pertenencia a la UE, especialmente en lo referido al mercado interior por lo que, en la práctica, sería como una salida de la UE.

Las consecuencias serían también geopolíticas: precisamente cuando, después de una turbulenta historia, la UE intenta atraer a su seno a los Balcanes Occidentales y se dispone a admitir a Croacia, la salida de Grecia del euro abriría un nuevo frente de desgobierno y fracaso estatal en una región bastante complicada. Psicológicamente, los griegos identificarían el proyecto europeo con un fracaso por lo que, lógicamente, querrían alejarse de él. Para colmo, la deseuropeización de Grecia podría dar alas a las voces y fuerzas antioccidentales que históricamente han sido más fuertes en ese país que en otros vecinos del sur de Europa como España, Italia o Portugal, lo que podría tener repercusiones importantes en materia de seguridad, bien mediante un cuestionamiento de la pertenencia a la OTAN o vía un auge del nacionalismo y de las tensiones con Turquía y Macedonia.

Para el resto de Europa, las consecuencias no podrían ser peores. El eufemismo de moda (una salida controlada), esconde una esperanza bastante cínica de que los griegos fueran los únicos afectados. En la práctica, sin embargo, esa salida se produciría en el peor momento ya que Portugal, Italia y España están en el punto de máxima vulnerabilidad, pues los recortes han hecho el máximo daño, las reformas todavía no han tenido resultados y el paquete de crecimiento todavía no ha llegado a la mesa. En otras palabras, la salida de Grecia se produciría en el peor momento, que es precisamente aquél en el que su factor de contagio sería más alto y su probabilidad de aislamiento más bajo.

La Comisión Europea tiene en el cajón y está desempolvando a toda prisa la batería de medidas para estimular el crecimiento que podrían tener un importante impacto para introducir algo de esperanza en el horizonte. Se trataría de un cóctel donde se mezclarían fondos estructurales, préstamos del BEI y algo de flexibilidad en la aplicación de los objetivos de reducción del déficit. Pero con el ojo puesto en Grecia, el optimismo que ha sucedido a la victoria de Hollande y que ha hecho que en Bruselas se respire un aire completamente distinto tiene que convivir con una duda muy incómoda: ¿y si Hollande hubiera llegado demasiado tarde?

Publicado en la sección impresa del Diario ELPAIS el 11 de mayo de 2012

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