Posts Tagged ‘Abu Bakr Al Bagdadi’

Pesadilla en el Levante

3 octubre, 2014

imagesPese a la guerra, el curso escolar también ha comenzado en el territorio controlado por los hombres del Estado Islámico (EI), el grupo armado que se ha hecho con el control de partes importantes del territorio de Irak y Siria. Según los residentes locales, una circular de la recién creada Oficina de Educación del nuevo Califato Islámico ha anunciado a los creyentes “la buena nueva del príncipe de los creyentes” (su líder, Abu Bakr al Bagdadí, encumbrado como Califa Ibrahim). ¿En qué consiste la buena nueva? En la prohibición de las asignaturas de arte, música, historia, geografía y literatura. Todo ello con el fin de “poner fin a la ignorancia, promover las ciencias de la religión y rechazar los programas de educación corruptos”. Para la población local, la elección entre llevar a sus hijos a la escuela, y ser adoctrinados, y dejarlos en casa y ser represaliados, no es fácil. Si el futuro de la región es este Califato, su aspecto no puede ser más terrible.

La existencia de esta Oficina de Educación revela claramente que el salto del Estado Islámico a la estatalidad no es retórico. Los grupos terroristas atacan a los estados y se protegen en santuarios establecidos en otros estados, pero no pretenden suplantarlos. Pero el EI aspira a ejercer el monopolio de la violencia sobre un territorio delimitado y una población. Son 56.000 kilómetros cuadrados, una población de ocho millones de habitantes y unos ingresos regulares provenientes de los 80.000 barriles de petróleo diarios que extraen de los seis pozos del petróleo que controlan en Siria y los cuatro con los que se han hecho en Irak. Al contrario que los diamantes o las drogas, nos dicen los expertos, las bandas criminales que extraen petróleo necesitan estructuras paraestatales. Lo que coincide con las crónicas que dicen que en Raqa, la capital de este Califato distópico (una distopía es una utopía convertida en pesadilla), los milicianos del Estado Islámico regulan el tráfico, recaudan impuestos a los comerciantes y se disponen a cobrar el agua y la luz a los residentes.

Se puede bombardear al Estado Islámico, sí. Y mejor con una coalición amplia de Estados que incluya a países árabes y musulmanes. Turcos, kurdos, jordanos, cataríes o saudíes han de implicarse en la lucha contra el EI, también iraníes. Pero nada de eso oculta dos verdades muy incómodas. La primera, que la derrota del EI requiere la presencia de tropas de tierra (los bombardeos los debilitarán pero difícilmente los derrotarán) y que sólo entonces se verá quién está dispuesto a hacer los sacrificios correspondientes. La segunda incomodidad se origina en el escepticismo respecto al día después del Estado Islámico (si es que llega). Aunque muchos querrían ver en una eventual derrota del EI la oportunidad de recomponer la región y sentar las bases de una convivencia duradera y negociada entre todas las partes, la realidad es que la coalición anti EI sólo parece tener en común la designación de ese grupo como el mal mayor, pero que el día después, kurdos y turcos, chiíes y suníes, e iraníes y saudíes retomarán sus rivalidades con aún mayor intensidad.

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Publicado en la edición impresa del Diario ELPAIS el viernes 26 de septiembre de 2014

El nuevo desorden mundial

3 octubre, 2014

Congress_of_ViennaAl final, el verano de 2014 se ha resistido al fatídico emparejamiento con 1914 que algunos proponían. Pero nadie le podrá negar a este largo y caluroso verano sus méritos: como hace 100 años, agosto ha sido temporada alta para los cañones. Los conflictos son conocidos (Ucrania, Gaza, Irak, Siria y Libia): lo que cuesta es imponerles una jerarquía que haga justicia a su magnitud y a consecuencias. Cada uno de esos conflictos nos ha dejado encima de la mesa un doble desafío: el de la pérdida de vidas humanas, ya grave de por sí; y, en paralelo, la demolición de algunos de los soportes sobre los que se asienta el orden internacional.

Cada vez más, los conflictos que enfrentamos, y los que lamentablemente parece que enfrentaremos en el futuro, se caracterizan por una asimetría muy descarnada entre sus repercusiones, que nos alcanzarán de lleno aunque nos abstengamos de involucrarnos en ellos, y nuestras posibilidades de actuación, que quedan mucho más allá de nuestras capacidades políticas o militares. Eso explica, sirva de ejemplo, que no sólo lamentemos el trágico destino de las minorías del norte de Irak sometidas a una brutal campaña de limpieza étnica por parte de los yihadistas del Estado Islámico, sino que en nuestro fuero interno lamentemos aún más saber que la eventual ayuda que les proporcionemos no restaurará el orden en la región. Armar a los kurdos o lanzar ataques aéreos contra los yihadistas son decisiones inevitables, pero no recompondrán el dividido y maltrecho Estado iraquí ni cimentarán un eventual proceso de paz en Siria.

Las dificultades que experimentamos con el orden tienen su foco principal en el factor estatal. Por un lado tenemos Estados que se desordenan y por otro Estados que niegan el orden internacional y sus normas, es decir, que desordenan a los demás. Las amenazas que plantean así como sus motivaciones son muy distintas, pero confluyen en un único punto: el estrechamiento progresivo del orden liberal internacional vigente, un proceso que puede acabar en un estrangulamiento completo y la apertura de un periodo prolongado de anarquía y conflicto internacional.

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