Archive for 1 septiembre 2014

El espejo ruso se ha roto

1 septiembre, 2014

brokenglassDurante la década pasada, la Europa democrática construyó una imagen de Rusia que correspondía a la de un país inmerso en un tan intenso como irreversible proceso de modernización político, económico y social. El desarrollo económico, se auguraba, crearía una sociedad de clases medias donde, como en tantos otros lugares de la Europa de la posguerra fría, los individuos aspirarían a realizarse como personas en un marco de libertad, derechos y prosperidad compartida. Como es propio de las sociedades democráticas, en esa sociedad, losaparatosdel Estado, tan omnipresentes en la historia de Rusia, verían su protagonismo disminuido a favor de los ciudadanos, las empresas y los consumidores, que serían, por fin, tanto los protagonistas como los dueños de su futuro. Muchos soñaron incluso, si no con la adhesión de Rusia a la Unión Europea, con el establecimiento de un marco tan estrecho de relaciones en el que cupiera “todo menos las instituciones”.

Aunque retrospectivamente pudiera parecer que este análisis confundía los deseos con la realidad, este devenir de los acontecimientos era sumamente plausible. El presidente Dmitri Medvédev no sólo parecía empeñado en la modernización del país, lo que suponía cambiar el modelo del crecimiento desde uno basado en la extracción y exportación de materias primas a una sociedad de servicios abierta al conocimiento y la innovación, sino que contaba para ello con el concurso de socios estratégicos claves. Alemania, con su increíble capacidad exportadora e inversora, pero también el resto de la comunidad occidental, deseosa de hacer un hueco a Rusia en instituciones como el G-7, lograrían poco a poco la inserción de Rusia el sistema político y económico multilateral.

Aunque muchos no lo percibieran entonces (ahora sí que resulta evidente), ese espejo ruso se rompió en septiembre de 2009 cuando Vladímir Putin, que ya había completado dos mandatos como presidente, anunció su intención de presentarse como candidato a la presidencia en las elecciones que se celebrarían en 2012. El propio Mijaíl Gorbachov, que en el pasado había alabado a Putin como un modernizador, mostró públicamente su preocupación por este giro que tomaba la política rusa y pidió a Putin que reconsiderara su decisión. Proféticamente, Gorbachov anticipó que la reelección de Putin ahondaría el impás en el que se encontraba el proceso de modernización económico y significaría la pérdida de cinco años cruciales. Un retrato que representaba a un Putin en el año 2025, envejecido y en uniforme militar plagado de medallas, corrió como la pólvora por la blogosfera y las redes sociales rusas: Putin se había transfigurado en Leónidas Bréznev, secretario general del Partido Comunista de la Unión Soviética entre 1964 y 1982, máximo representante del estancamiento y del inmovilismo que llevó a la URSS al colapso.

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Negligencia criminal

1 septiembre, 2014

descargaHace escasamente dos meses, con motivo de su visita a Israel y Palestina, el Papa Francisco logró arrancar el compromiso de los presidentes correspondientes, Simón Peres y Mahmud Abbas, de acudir al Vaticano en las próximas semanas para rezar juntos por la paz en Oriente Próximo. Dos meses después de ese anuncio, israelíes y palestinos se encuentran encerrados en una desgarradora espiral de violencia cuya prolongación no sólo supone un coste intolerable en vidas (fundamentalmente civiles palestinos) sino que, al hacer aún más inviable cualquier perspectiva de paz, tendrá consecuencias regionales y globales muy negativas. Desde Libia hasta Irak, Oriente Próximo se desliza hacia el caos, sin nadie que parezca querer o poder detenerlo.

No se trata pues de ironizar sobre la capacidad diplomática del Papa, pues al parecer ni su cercanía con el Altísimo ha ayudado, sino precisamente de resaltar el hecho de que, provenga de donde venga, se manifieste como se manifieste, la comunidad internacional parece haber renunciado, a corto plazo, a detener este conflicto y, a largo plazo, a desbloquear su solución.

Vemos estos días cómo estadounidenses y europeos están, acertadamente, señalando el camino a Vladímir Putin, intentando tanto disuadirlo de continuar desestabilizando Ucrania como sancionándole cuando no se toma en serio las advertencias de Washington y Bruselas. Hablamos de sanciones a Rusia, una potencia nuclear con 140 millones de habitantes, unas formidables fuerzas armadas y unos recursos económicos de primera magnitud.

Piénsese ahora en el silencio, impotencia, dejadez o complicidad de EE UU y la Unión Europea en Oriente Próximo. También, por supuesto, de otros interlocutores, desde Turquía a Egipto, pasando por las monarquías del Golfo Pérsico, la propia Liga Árabe o las Naciones Unidas. Dejo a cada lector que elija el calificativo que mejor se ajuste a su parecer, pero cuando muere gente como consecuencia de la no actuación de quien tenía la obligación de hacerlo, eso se llama “negligencia criminal”.

La comunidad internacional tiene la responsabilidad de proteger a los civiles inmersos en conflictos bélicos, y parece que ha incumplido esa obligación casi 1.500 veces desde que comenzó este conflicto. También tiene la obligación de intervenir para detener la escalada, sentando a ambas partes a la mesa de negociación. Sancionar o amenazar con sancionar a Israel por sus excesos en Gaza no supone invalidar su derecho a defenderse sino hacer ver que, en calidad de miembro de la comunidad internacional, no es libre de interpretar libremente dónde están los límites de sus actuaciones ni de decidir por sí misma cuál es la ecuación entre medios y fines en este conflicto.

Lo más grave de todo es que este conflicto no es irresoluble: tiene una solución que está diseñada y trazada en los mapas desde hace años, pero que dos actores, la derecha israelí y Hamás, se niegan a aceptar. Dejarles que elijan sus métodos y objetivos sin ningún coste es una negligencia criminal.

Publicado en la edición impresa del Diario ELPAIS el viernes 1 de agosto de 2014

Malas hierbas

1 septiembre, 2014

imagesHay algo sumamente perturbador en la naturalidad con la que una gran parte de la sociedad israelí parece haberse acostumbrado a vivir en el odio hacia los palestinos, la indiferencia hacia su sufrimiento y, sobre todo, en la incapacidad de imaginar una paz justa y duradera con ellos. Como se ha dicho gráficamente, son muchos en la sociedad israelí los que contemplan Israel como un jardín rodeado de campos donde crecen las malas hierbas y al Ejército israelí como una cortadora de césped que de vez en cuando hay que, inevitablemente, sacar a pasear.

Quienes sin más motivación que alimentar el odio secuestraron y asesinaron a Eran Gilad Shaar y Neftalí Fraenkel, ambos de 16 años, y Eyal Yifrah, de 19, cuando hacían autoestop en la zona de Cisjordania bajo ocupación israelí, cumplieron muy eficazmente con su objetivo de atornillar aún más este conflicto. La posterior espiral de violencia y represión, sucesora y a la vez predecesora de otras que vendrán, tiene como efecto anestesiar tanto las posibles empatías con los palestinos como el deseo de paz que pudiera surgir en la sociedad. Como en todo contexto bélico, las valientes voces que dentro de la sociedad israelí intentan hablar de los derechos del otro son acalladas en razón de la incomodidad que genera imaginar que en el otro bando también hay sujetos de derechos.

La desproporción entre las víctimas de ambos bandos, tanto en número como en su carácter, fundamentalmente civil en el lado palestino, no sólo refleja la anestesia moral que necesita practicar quien se quiere imponer al otro por la fuerza, sino el convencimiento de que la responsabilidad última por esos cientos de víctimas civiles, niños incluidos, no es del que aprieta el gatillo, sino de los líderes de Hamás. Ese mismo mecanismo de exoneración de la responsabilidad propia es el que llevó a los aliados a autorizar los bombardeos sobre ciudades alemanes o japonesas, en este último caso con armas atómicas incluidas, generando cientos de miles de víctimas civiles. ¿Estaba la razón moral del lado de los aliados en la Segunda Guerra Mundial? Sin duda. ¿Cometieron crímenes de guerra? Sin duda. ¿Los necesitaban cometer para prevalecer? No (aunque algunos sostienen que sí).

Inmediatamente se contrargumentará que algo parecido, si no idéntico o agravado por el fanatismo de Hamás, ocurre al otro lado y que todos los que critican a Israel lo hacen desde un doble rasero tan hipócrita como ignorante de la situación real sobre el terreno y la amenaza existencial que pende sobre esa sociedad. Pero los que acusan a los acusadores de manejar un doble rasero no sólo tienen razón, sino que deberían estar orgullosos.

Porque el día que deje de aplicarse a Israel ese doble rasero de exigencia, eso significará que Israel habrá cruzado la línea de absoluta indiferencia moral que Hamás hace tiempo decidió franquear. No sólo debemos exigir más a Israel, sino que haciéndolo les ayudamos a no convertirse en aquello que dicen querer combatir.

Publicado en al edición impresa del Diario ELPAIS el viernes 25 de julio de 2014