Archive for 18 julio 2014

10/10

18 julio, 2014

10La nota es 10/10: esa es la calificación que Rusia ha obtenido en Ucrania. El orden europeo se asienta sobre 10 principios. Pues bien, la Federación Rusa ha violado todos y cada uno de ellos. Esa es la conclusión, acompañada de una dura condena, de la Asamblea Parlamentaria de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE), de la que forman parte 57 Estados de Europa, Asia Central y América del Norte, reunida en Bakú el pasado 2 de julio. Esos 10 principios fueron consagrados en el Acta Final de Helsinki de 1975, que es la clave de bóveda del orden de seguridad europeo. El llamado “decálogo de Helsinki” establece la igualdad de los Estados; la abstención del uso de la fuerza; la inviolabilidad de las fronteras; la integridad territorial; la obligatoriedad de la resolución pacífica de las disputas; la no intervención en los asuntos internos de otros países; el respeto de los derechos humanos y libertades fundamentales; el derecho a la autonomía de los pueblos; la cooperación entre Estados, y el respeto a las obligaciones derivadas del derecho internacional.

En contraste con estos principios, Moscú se ha anexionado Crimea, modificando por la fuerza las fronteras de Europa. Además de apoyar con armas y dinero a los secesionistas prorrusos en el Este de Ucrania, se ha negado tanto a aceptar el despliegue de observadores militares en la frontera como a someter a la OSCE sus quejas sobre las supuestas violaciones de los derechos de esa minoría. Estados Unidos y la Unión Europea han insistido en numerosas ocasiones en la necesidad de resolver el conflicto ucranio de forma pacífica. También han insistido en que las sanciones a Rusia no son un castigo, sino un incentivo para la negociación, de ahí su moderación y gradualidad.

Pero Putin no está dispuesto a aceptar un proceso que inevitablemente desembocaría en el desarme de las milicias prorrusas, dirigidas por Igor Strelkov, un militar ruso que no oculta su identidad, y en el despliegue de observadores internacionales en el Este de Ucrania. En estas circunstancias, la tercera ronda de sanciones económicas a Rusia, aprobadas ayer de forma coordinada por Washington y Bruselas, eran inevitables.

Todo este conflicto, recordemos, comenzó porque Rusia quiso evitar que Ucrania firmara un Acuerdo de Asociación con la Unión Europea, un acuerdo que a los ojos de Putin haría que Kiev basculara hacia el Oeste haciendo, además, inviable su proyecto de Unión Euroasiática. Si el objetivo de Putin era evitar ese acuerdo, su fracaso es evidente pues ese acuerdo, junto con uno similar con Moldavia y Georgia, se firmó el 27 de junio. Putin ha ganado Crimea, pero ha perdido Ucrania, y está cada vez más aislado. Dada su trayectoria y su visión del mundo, sabemos que no aceptará aparecer como el perdedor. Atentos a su próximo movimiento.

Publicado en la edición impresa del Diario ELPAIS el viernes 18 de julio de 2014

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Jean-Claude habla italiano

18 julio, 2014

Renzi“Salvamos la eurozona y el mercado interior pero seis millones de personas perdieron sus empleos, entre ellos muchos jóvenes. La confianza está volviendo lentamente a Europa pero algunos miembros están todavía lejos de lograr un crecimiento sostenible. Hemos cometido errores en el manejo de la crisis: el ajuste no se ha distribuido equitativamente, sino de forma socialmente injusta y, además, las decisiones tomadas durante la crisis no han disfrutado de suficiente legitimidad democrática, lo que ha deteriorado el apoyo ciudadano a la Unión Europea”.

Este resumen de la intervención de Jean-Claude Juncker ayer en el Parlamento Europeo, significativamente titulado Un nuevo comienzo para Europa: mi agenda para el empleo, el crecimiento, la equidad y el cambio democrático, es lo que explicaría el apoyo recibido por el candidato luxemburgués a la Comisión Europea por parte de socialistas, liberales y verdes. El mensaje de Juncker, junto con las diez prioridades que ha detallado en su programa de gobierno, dibuja una Comisión asentada en un gran pacto político entre las principales fuerzas europeístas que quiere huir de la confrontación ideológica entre izquierda y derecha y cargar todo el peso sobre un eje reformista. Juncker quiere centrarse en la movilización de la inversión pública, el impulso a los servicios digitales, la integración financiera, las interconexiones energéticas, las políticas de inmigración o la creación de un presupuesto separado para la zona euro. Es indudable que el Juncker presidente de la Comisión ha querido desmarcarse del Juncker presidente del Eurogrupo en los momentos álgidos de la crisis o del Juncker primer ministro luxemburgués que, sobre la base de legales pero poco éticas prácticas, logró convertir ese pequeño país en un pequeño paraíso (fiscal y terrenal).

Esta transformación de Juncker hay que anotársela a Marine Le Pen, líder del Frente Nacional en Francia, y a Matteo Renzi, el recién llegado primer ministro italiano. A la primera porque el auge de los populismos eurófobos ha convencido a los líderes europeos de que, aunque el proyecto europeo haya estado severamente amenazado por los mercados, quienes de verdad podrían enterrarlo son los ciudadanos, dándole la espalda. Al segundo le debe Juncker algo que la UE ya había comenzado a practicar pero que necesitaba formalizar: un compromiso de flexibilidad respecto a las políticas de austeridad y, en paralelo, un programa de inversiones públicas que estimule el crecimiento y el empleo.

Los socialistas españoles, junto con los laboristas británicos, se han desmarcado de este gran pacto. Hace cinco años estaban en el Gobierno, lo que les permitió apoyar a Barroso a cambio de situar a una socialista, Lady Ashton, como ministra de Exteriores y lograr una cartera de primer nivel para Joaquín Almunia. Ahora están en la oposición, en periodo de reconstitución y no se jugaban nada, así que han preferido votar en clave interior y contrarrestar el auge de Izquierda Unida y Podemos. La Italia de Renzi llena el vacío europeo que dejan los socialistas españoles. Un frente que el nuevo líder, Pedro Sánchez, deberá atender de forma prioritaria.

Publicado en la edición impresa del Diario ELPAIS el miércoles 16 de julio de 2014

Dólares en vez de bombas

18 julio, 2014

dollarIndignación en Francia por la multimillonaria multa, nada menos que 6.600 millones de euros, impuesta por el gobierno estadounidense al banco francés BNP-Paribas por haber violado el régimen de sanciones impuesto en 1997 al régimen sudanés en razón tanto de su apoyo a Bin Laden y su papel en el genocidio de Darfur. El Gobierno francés, vía su Ministro de Hacienda, Michael Sapin, ha declarado que esta multa es injusta y desproporcionada. A juicio de Sapin y muchos otros en Francia, esta multa obliga a los europeos a cuestionarse la supremacía que el dólar disfruta como medio de pago internacional. Basta ya, dicen, del abuso de poder que ejerce Estados Unidos mediante el dólar, que ya el general De Gaulle definió como un “privilegio desmesurado”.

En lo referido a la supremacía no les falta razón: la economía estadounidense representa un quinto de la economía global pero el 85% de las transacciones de divisas se llevan a cabo en dólares y, a su vez, el dólar supone el 60% de las reservas de los bancos centrales del mundo. Tampoco están desencaminados en lo absurdo de esa supremacía: multitud de bancos y empresas europeas siguen denominando sus transacciones entre ellos en dólares, en lugar de en euros. También en la cuestión de la legalidad de las sanciones está BNP en lo cierto: aunque manejar las transacciones exteriores del régimen de un terrorista y genocida como Omar al Bashir fuera repugnante desde el punto de vista moral, si esas transacciones hubieran sido llevadas a cabo en euros, habrían sido plenamente legales, pues la Unión Europea no secundó dichas sanciones.

A la luz de estas razones, parece evidente que un mundo con algo menos de unipolaridad monetaria sería más que bienvenido. ¿Seguro? No está tan claro. Fijémonos en las discusiones sobre paraísos fiscales y, en general, sobre la opacidad del sistema bancario internacional. Durante décadas, esa opacidad no pareció importar mucho a los gobiernos, ni siquiera al estadounidense. Pese al tópico que dibujaba los paraísos fiscales como islas tropicales de aguas cristalinas, los más importantes estaban en lugares tan anodinos como Delaware o Zúrich, pero también en el corazón Europa, como Luxemburgo, Viena o las islas del canal de la Mancha. Al parecer, mientras los paraísos fiscales sirvieron para que empresas e individuos eludieran impuestos y blanquearan dinero proveniente de la corrupción, el crimen organizado o los tráficos ilícitos, no hubo mucha urgencia en acabar con ellos. De ahí que la cháchara proveniente de las reuniones de la OCDE o el G 20 no sirviera de mucho. Pero desde que Estados Unidos asumió que ese canal financiero paralelo era el que permitía sobrevivir al terrorismo y a sus patronos y financiar el programa nuclear de Irán, Washington decidió pasar a la ofensiva y poner fin a la opacidad del sistema financiero global. Sin la presión de Estados Unidos, vecinos tan respetables como Luxemburgo, Suiza o Austria, que durante décadas han bloqueado cualquier avance en esta materia, estarían todavía resistiéndose a cambiar su legislación sobre transparencia bancaria. Paradoja: el miedo de gobiernos y empresas al Departamento del Tesoro estadounidense puede ser una herramienta de progreso global.

Publicado en la edición impresa del Diario ELPAIS el viernes 11 de julio de 2014

La socialdemocracia en la era de la austeridad

10 julio, 2014

socialdemocraciaPor qué la socialdemocracia pierde fuerza en Europa? ¿Son las ideas, que se han quedado desfasadas? ¿Son sus líderes, que han dejado de conectar con sus bases? ¿Es la globalización o, su copia local, la integración europea, que hace inviable su proyecto de redistribuir rentas y oportunidades? ¿O son la heterogeneidad y fragmentación de las sociedades actuales las que hacen imposible un proyecto como el socialdemócrata, esencialmente homogeneizador?

Estas preguntas nos retrotraen a los problemas históricos de la izquierda con el libre mercado. En sus orígenes, la izquierda despreció a la democracia liberal, pues la consideraba el instrumento mediante el cual la burguesía, que se había librado del absolutismo, explotaba ahora a la clase trabajadora. De ahí que, como ha recordado recientemente Santos Juliá en el contexto español, la izquierda no quisiera repúblicas burguesas, sino revoluciones obreras que instauraran dictaduras del proletariado, es decir, que expropiaran los medios de producción a capitalistas y burgueses.

Pero un día, una parte de la izquierda hizo un sencillo cálculo mental: si la democracia era el gobierno de la mayoría y los trabajadores eran más que los burgueses, entonces las urnas, no la revolución, eran el camino hacia el poder. De ahí que, en la afortunada formulación del politólogo Adam Przeworski, que popularizó el concepto de “piedras de papel”, los trabajadores dejaran de arrojar adoquines a las autoridades y comenzaran a lanzar papeletas a las urnas. Así nació la socialdemocracia, como un gran pacto entre capital y trabajo para redistribuir la renta y las oportunidades en un marco político y económico de carácter liberal. Los socialdemócratas ganaron las elecciones, sí, pero a cambio tuvieron que aceptar la economía de mercado y el sistema de derechos de propiedad inherente a la democracia liberal, un pacto que todavía hoy divide a la izquierda.

Pese al más de un siglo transcurrido desde su nacimiento como fuerza y proyecto político, el núcleo duro de la identidad socialdemócrata no ha variado mucho, como tampoco lo ha hecho su posición en el espacio político. A su derecha siguen quedando los que creen que es el mercado, y no el Estado, el que más eficientemente redistribuye las oportunidades. Por tanto, no sólo no tienen un problema con la desigualdad, sino que les parece un resultado racional económicamente y aceptable moralmente. De ahí su visión del Estado de bienestar como un anacronismo histórico que desmantelar en aras tanto de la competitividad como del rechazo a vincular las prestaciones sociales a la ciudadanía en lugar de a la productividad. La solución conservadora a la crisis no pretende sólo restringir los derechos sociales y limitar el Estado de bienestar, sino también limitar el componente mayoritario de la democracia, sustrayendo de la competición política áreas cada vez más amplias (la política monetaria o la fiscal, entre las más relevantes) para, a continuación, depositarlas en manos de tecnocracias independientes y así reducir el poder transformador de las piedras de papel.

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Oferta de empelo: se busca High Rep

10 julio, 2014

inem,Se busca High Rep (pronúnciese Jai-rep). Es como en la jerga comunitaria se refiere uno al Alto Representante de la Unión para la Política Exterior y de Seguridad. La alternativa es usar el acrónimo en castellano, pero saldría algo bastante horrísono: ARUPES ¿Por qué pudiendo llamarle ministro de Exteriores de la Unión Europea no lo hicieron así? La complejidad no es nunca inocente, y menos en la UE: algunos Estados miembros quisieron dejar claro que la Unión no iba a tener un ministro de Exteriores sino que, al contrario, los ministros de Exteriores de los Estados miembro tendrían un representante. Distinción crucial y que pesa como una losa sobre el puesto.

En cualquier caso, el empleo está vacante. Si se anima, los requisitos mínimos son dos idiomas (inglés y francés), aunque se valorará mucho un tercer, cuarto y quinto idioma. Además de la obvia disponibilidad para viajar, se requiere experiencia diplomática, bien en ministerios de Exteriores u organismos internacionales o europeos. Haber sido ministro de Exteriores es conveniente: ayuda a ser respetado por otros 28 ministros de Exteriores, aunque tampoco es que lo garantice. Un problema adicional para los candidatos es que el mérito no es el único criterio ya que la designación es parte de una complicada quiniela en la que hay que equilibrar los perfiles ideológicos, geográficos y de género de otros puestos que también se reparten: la presidencia de la Comisión, del Banco Central, del Parlamento y del Consejo Europeo. Nada menos.

Quizá alguien se anime a diseñar una sencilla app que combine estos criterios y nos dé la solución; por el momento estamos tan a oscuras como inundados de rumores. Lo que sí sabemos es que hay tres perfiles. El primero sería el de “discreto-representante”, alguien que en público se mantendría en un segundo plano, no asumiendo nunca protagonismos innecesarios para no provocar a sus colegas, pero que en privado no dudaría en presionar y aislar a los más reticentes si fuera necesario. El segundo sería el “buro-representante”, algo parecido a un anodino ratón gris, tímido pero muy meticuloso a la hora de aplicar los encargos que se le hagan pero sin tomar nunca ninguna iniciativa propia para no irritar a los tres gatos grandes del callejón (Londres, París y Berlín). Y el tercero sería el de “testo-representante”, alguien con mucha ambición y algo de mala uva que aspire a hablar en nombre de Europa y que no se arrugue antes sus colegas; al contrario: que no tenga miedo de empujarles para abrirse paso. En definitiva, un tipo (o tipa) duro. Hasta la fecha, la UE ha probado con los dos primeros perfiles. ¿Por cuál se decantará esta vez?

Publicado en la edición impresa del Diario ELPAIS el viernes 4 de julio de 2014

Obama, el más europeo

10 julio, 2014

obama berlinComparado con sus predecesores, Obama estaba destinado a ser el presidente menos europeo de todos. Europa fue siempre la referencia de los varones blancos que llegaron a la Casa Blanca. Pero Obama iba a ser diferente. Como cuenta en sus dos libros biográficos, las referencias vitales de su infancia están dispersas entre las calles de Yakarta y un colegio en Hawái donde había una mezcolanza de etnias y culturas. Con un padre keniata y una madre antropóloga que le transmitió una mirada muy amplia sobre las religiones y culturas, era difícil que Obama se sintiera muy de algún sitio. Si acaso, sus otras experiencias vitales más intensas, sobre todo las vividas como voluntario en los barrios deprimidos de Chicago, junto con el impacto que la familia de su mujer, Michelle, tuvo en él, decantaron su identificación del lado afroamericano, asumiendo como propio el relato de la larga lucha desde la esclavitud hasta los derechos civiles de esa comunidad.

De su primera visita a Europa en abril de 2009 no ha quedado nada, apenas un discurso en Praga proponiendo una reducción sustancial de las armas nucleares. Y del resto de sus viajes a Europa tampoco se puede decir mucho: la incapacidad de los europeos para ponerse de acuerdo sobre la crisis del euro y la política exterior han sido una fuente de irritación que Obama nunca ha disimulado. Incluso se ha permitido ironizar en público sobre la complejidad institucional de la Unión Europea: cuando recientemente David Cameron se trastabilló al referirse al Presidente del Consejo y de la Comisión Europea, a Obama le faltó tiempo para afirmar: “Llevo años viniendo por aquí y tampoco entiendo muy bien cuál es la diferencia entre los dos”.

Pero, ironías de la historia, las críticas que recibe Obama le dibujan como un presidente típicamente europeo, es decir, preocupado sólo por las cuestiones sociales y reticente a asumir ningún compromiso exterior. Y no les falta razón. Obama ha consumido casi todo su capital político en una reforma sanitaria Obacamare que pone fin a una increíble anomalía: que la ciudadanía del país más poderoso del mundo careciera de una cobertura sanitaria universal. Y si le dejaran, seguiría por las escuelas, el medio ambiente y la inmigración.

El resto lo ha dedicado a poner fin a los dos compromisos militares heredados (Afganistán e Irak) y a evitar dejarse arrastrar a otros conflictos que han ido apareciendo. Aunque criticado por su discurso del Nobel de la Paz, en el que aceptaba el uso de la fuerza como un instrumento legítimo en las relaciones internacionales, se ha negado a bombardear Irán, como le ha pedido Israel; adoptó un papel secundario en Libia, ha rechazado intervenir en Siria, y se lo está pensando en Asia, Ucrania y, nuevamente, Irak. ¿No es eso un presidente europeo? ¿Incluso más europeo que los europeos?

Publicado en la edición impresa del Diario ELPAIS el viernes 27 de junio de 2014

Irak, fragua del siglo XXI

10 julio, 2014

fraguaGustaban de llamarse a sí mismos “los vulcanos” en honor a Vulcano, dios romano del fuego y protector de los herreros. Porque eso es lo que pretendían, forjar (a sangre y fuego) un siglo XXI americano. Si Estados Unidos había terminado el siglo XX como única e incontestada superpotencia mundial, habían concluido, era gracias a la combinación de claridad moral y poder militar con la que Ronald Reagan había logrado derrotar a la Unión Soviética y con ella al mal superior: el comunismo. No es que admiraran a Reagan, que sólo era el actor ejecutor del renacimiento americano, es que ellos eran Reagan: casi todos habían trabajado en los segundos escalones de su administración y ahora estaban en la primera fila de la de Bush hijo. Hablamos de Dick Cheney, alojado en la vicepresidencia; Donald Rumsfeld, Paul Wolfowitz y Richard Perle (apodado El Príncipe de las Tinieblas) en el Pentágono y John Bolton, en Naciones Unidas. También de muchos otros, agrupados en torno a un potente laboratorio de ideas: el “Proyecto para un Nuevo Siglo Americano”.

Los herreros ya tenían un martillo, el ejército americano, la máquina militar más poderosa, sofisticada tecnológicamente y costosa de la historia, que suponía el 50% del total del gasto militar mundial. Les faltaban dos cosas: un enemigo de altura, que representara un mal moral absoluto y una fragua donde forjar la historia. Lo primero se lo proporcionó Bin Laden, cuyo desafío fue rápidamente elevado a la categoría de islamofascismo con el fin de facilitar una certeza moral equivalente a la que proporcionó el comunismo. Lo segundo se lo proporcionó Irak. A pesar de que el FBI certificara repetidamente que en Irak no había terroristas de Al Qaeda, Irak era la fragua perfecta para estos herreros. Frente a Afganistán, un país de menor entidad sin valor estratégico, Irak ofrecía una plataforma geopolítica única e inmensamente rica en recursos petrolíferos desde la que controlar todo Oriente Próximo, incluyendo a Irán. Muchos de estos neocon reprochaban a Bush padre, mucho más pragmático que el hijo, no haber “completado el trabajo” en la primera Guerra del Golfo de 1990-1991, dejando a Sadam Husein salir intacto. Ahora era el momento.

Según cuentan los presentes, el 1 de mayo de 2002, un Bush hijo enfadado por las reticencias de la prensa a secundar el entusiasmo contra Sadam, dijo a Ari Fleischer, entonces su jefe de prensa: “Voy a patear el puto culo de Sadam por todo Oriente Medio” (“I’m going to kick his sorry motherfucking ass all over the Middle East”). Bush cumplió su promesa, pero con el trasero de Sadam pateó también al Partido Baas, la Administración y las Fuerzas Armadas iraquíes, que eran las que históricamente habían contenido las tensiones entre kurdos, shíies y suníes, sembró la región de terroristas y encumbró a Irán a la categoría de primera potencia regional. De este siglo que nació con una cita de tanta altura estamos recogiendo ahora los pedazos.

Publicado en la edición impresa del Diario ELPAIS el 20 de junio de 2014

La UE ha ganado, Rusia ha perdido

10 julio, 2014

ucraniaSuena extraño, sí. Debe ser la falta de costumbre. La Unión Europea no suele ser fuente de buenas noticias. Pero si echan la vista atrás, y sobre todo si echan la vista hacia delante, observarán que, pese al despliegue de retórica nacionalista y músculo militar con el que Putin nos ha obsequiado estos últimos meses, la cruda realidad es que Rusia ha perdido y la UE ha ganado.

A primera vista, Rusia no sólo se ha anexionado Crimea, sino que ha logrado mantener el este de Ucrania bajo control de las milicias prorrusas. Por tanto, Rusia no sólo se habría cobrado una pieza de altísimo valor estratégico (la península de Crimea y la base naval de Sebastopol), sino logrado su segundo objetivo: desestabilizar Ucrania. Pero Moscú habría logrado algo incomparablemente más valioso: lograr desafiar el orden europeo de la posguerra fría, basado en la inviolabilidad de las fronteras y en el rechazo al uso de la fuerza, sin pagar precio alguno por ello, degradando sustancialmente la capacidad de disuasión de la OTAN, convertida en una herramienta patéticamente inútil.

Pero ahora, denle la vuelta a la situación. Si el objetivo de Rusia era mantener a Ucrania en su esfera de influencia, su fracaso es que más que evidente. Las elecciones del 25 de mayo, calificadas como limpias y justas por la comunidad internacional, lejos de llevar al poder a la extrema derecha nacionalista y antisemita, como algunos predecían, han llevado al poder a un presidente, Petro Poroshenko, que goza de una gran legitimidad para estabilizar el país y orientarlo hacia la UE (eso, si no comete los errores de sus antecesores). Sin Ucrania, la Unión Euroasiática que Rusia ambiciona no tiene entidad suficiente para convertirse en un polo de poder alternativo. Y en cuanto al acercamiento energético entre Rusia y China, es evidente que los chinos son demasiado listos para confundir los intereses de Moscú con los suyos propios.

Moscú ha recibido el mensaje: sus conquistas tendrían un coste económico prohibitivo
El problema de Rusia es que ha ganado un juego obsoleto. La Unión Europea, que se ha negado a jugar el juego de la disuasión militar y las esferas de influencia, ha entendido mucho mejor cuáles son las dinámicas de poder que hoy importan. Las dos primeras rondas de sanciones adoptadas por la UE y EE UU, junto con la amenaza de una tercera ronda de profundo calado, han estado muy bien calibradas. Han hecho llegar a Moscú un mensaje crucial: que sus conquistas geopolíticas tendrían un coste económico prohibitivo. La economía rusa, necesitada de una profunda modernización, no puede vivir aislada de la Unión Europea, que sigue siendo la principal economía del mundo y líder mundial en comercio e inversiones. Como hemos experimentado estos últimos años de forma tan vívida, fuera de los mercados financieros no hay soberanía. Bienvenidos a la realidad del siglo XXI, queridos amigos rusos.

Publicado en la edición impresa del Diario ELPAIS el 13 de junio de 2014

La alianza más larga

10 julio, 2014

guadan615Dicen que el Día D, cuyo 70º aniversario ahora se conmemora, fue el día más largo. Pero más larga ha sido la alianza que se fraguó ese día. Eso explica por qué esas cruces blancas perfectamente alineadas en los cementerios militares de Normandía son tan importantes: lo son porque no solo hablan de los que dejaron su vida allí, sino del compromiso inquebrantable que los que sobrevivieron adquirieron para que aquello no se volviera a repetir. Observando el legado de prosperidad, paz y libertad que esos jóvenes dejaron en nuestro continente puede decirse con toda solemnidad que su sacrificio, el máximo, no fue en vano.

Como ocurre tantas veces en la vida, hay hechos que tienen pleno sentido cuando los miramos desde la distancia, pero que en realidad son solo el producto de un cúmulo de circunstancias y casualidades que muy bien pudieran haber acabado de forma diferente. Porque que unas playas de Normandía recibieran nombres clave como Omaha o Utah no fue algo que respondiera a un plan prediseñado. Al contrario, acostumbrados durante décadas al intervencionismo americano en todo el mundo (recuérdese que desde 1950 ha habido tropas estadounidenses estacionadas en nada menos que 54 países diferentes), olvidamos que en diciembre de 1941, con toda la Europa continental ocupada por Hitler y los ejércitos nazis a punto de doblegar a Stalin, Estados Unidos todavía dudaba de si aquella guerra era su guerra. Fue Japón, con su ataque sorpresa a Pearl Harbour, y no la brillante retórica de Churchill, quien inclinó la balanza del lado de la intervención.

Si todo cambió a partir del Día D fue porque Estados Unidos, al contrario que lo que había hecho al acabar la I Guerra Mundial, decidió no marcharse de Europa, sino quedarse y asegurar la reconstrucción económica, política y moral de los europeos. La vieja Europa, cuna de la Ilustración, la Revolución Francesa y de las más bellas artes y letras, se había suicidado en 1914, e increíblemente otra vez en 1939, alcanzando unos niveles de devastación económica y moral que todavía hoy se nos antojan incomprensibles. “Europa no se construyó y fue la guerra”, dice la Declaración Schuman con la que se inicia en 1950 la reconciliación franco-alemana. Así que si este tortuoso y complicado proceso de integración en el que estamos embarcados los europeos pudo ver la luz fue gracias al paraguas de seguridad, económico y político, que Estados Unidos le concedió. Sin los juicios de Núremberg, el Plan Marshall o la Alianza Atlántica, Europa no sería hoy la que es.

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Cameron en el córner

10 julio, 2014

cornerHay líderes que improvisan tan bien que parece que tienen un plan. Otros se empeñan en sostener que tienen un plan cuando lo que hacen es improvisar. Pero el caso del primer ministro británico, David Cameron, es especial: no sólo es un maestro del oportunismo, sino que encima tiene mala suerte.

Temeroso de perder al electorado euroescéptico, Cameron se había ido desplazando hacia posiciones cada vez más radicales: se había apuntado a la crítica feroz de la Unión Europea como una organización inútil y burocrática y, lo que es peor, no había dudado en adoptar la agenda antiinmigración de sus principales rivales. Pero la promesa de convocar un referéndum sobre la eventual retirada del Reino Unido de la Unión Europea, sumada a una infame tribuna en Financial Times el pasado mes de noviembre titulada “El libre movimiento tiene que ser menos libre”, no le han servido de nada.

Al contrario, ha servido para mostrar al electorado que despreciar a la Unión Europa y sentir fobia hacia los inmigrantes no es algo de lo que avergonzarse. ¿El resultado?: situarse como tercera fuerza política de su país en las pasadas elecciones europeas, después de los populistas de Nigel Farage y de los laboristas.

Anda ahora Cameron medio implorando, medio amenazando a Angela Merkel que no proponga al popular Jean-Claude Juncker como presidente de la Comisión Europea, a pesar de haber ganado las elecciones. Si lo hace, advierte, no podrá garantizar que Reino Unido permanezca en la UE. ¿Le funcionará este chantaje? Aunque en política nada es imposible, no parece muy factible. Ceder ante Cameron enfrentaría a Merkel con los socialistas europeos, que parecen estar dispuestos a apoyar a Juncker a cambio de algunas concesiones.

Pero es que, además, Cameron obvia un pequeño detalle: que en 2009 decidió sacar a los conservadores británicos del Partido Popular Europeo y fundar su propio grupo junto con los euroescépticos checos, polacos y otros socios menores de Croacia, Dinamarca, Hungría, Holanda, Italia, Letonia y Lituania.

Ese grupo (Conservadores y Reformistas Europeos) ha obtenido 46 escaños, aunque baraja incluir algunos miembros de otros partidos (algunos con condenas por xenofobia) para llegar hasta los 55 escaños. Aunque no parezca haberse enterado, eso significa que Cameron no sólo ha perdido las elecciones en casa, sino también en Europa. Que alguien le avise de una vez de que ha perdido dos elecciones y que está regateando al banderín del córner.

Publicado en la edición impresa del Diario ELPAIS el 6 de junio de 2014