Archive for 26 julio 2013

7-25-50

26 julio, 2013

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Mapa: el mundo redibujado de acuerdo al PIB de cada país. Worldmapper

7-25-50*. Tres cifras que forman una secuencia elegante y fácil de memorizar. Esas tres cifras son lo que nos definen como europeos. Sin ellas no podemos entender nuestro presente ni pensar nuestro futuro.

La primera nos habla de cuántos somos. Y la verdad, no somos muchos. La Unión Europea representa hoy el 7% de la población mundial. Somos algo más de 500 millones en un mundo que ha pasado la barrera de los 7.000 millones. Y vamos a ser todavía menos pues, según las proyecciones demográficas, cuando el siglo cruce el ecuador estaremos en torno al 5%. Para entender las diferencia de pensarnos a nosotros mismos en 2040-2050 siendo una fracción tan pequeña de la población mundial, tenemos que mirar atrás y recordar que en 1960, cuando este curioso experimento llamado integración europea se puso en marcha, la vieja Europa, aún abatida y derrotada por la guerra, representaba el 20% de la población mundial. Pasar de un mundo en el que uno de cada cinco habitantes era europeo a otro en el que sólo uno de cada veinte lo será obliga a una reflexión muy profunda sobre quiénes somos, qué queremos y cómo y con quien lo queremos conseguir.

La segunda cifra, 25%, habla de nuestra riqueza. La Unión Europea es la economía más grande del mundo y, con el 16% de las exportaciones mundiales, la primera potencia comercial, por delante de China y EEUU. Pese a la crisis económica que atravesamos, los europeos seguimos constituyendo una enorme isla de riqueza. Que con el 7% de la población produzcamos el 25% de la riqueza mundial habla de nuestra extraordinaria capacidad productiva. Pero también aquí nuestro futuro está en entredicho. Y no sólo por nuestros problemas, pues Europa está estancada económicamente, endeudada y tiene un récord de parados (26 millones) sino porque los demás, fuera de Europa, lo vienen haciendo mucho mejor que nosotros desde hace mucho tiempo. Europa tiene, además, un problema de dependencia energética muy acusado, pues importa el 54% de la energía que consume, un porcentaje que llega al 85% cuando se trata del petróleo o del 62% cuando hablamos de gas.

La tercera cifra (50%) es el porcentaje que supone el gasto social en Europa sobre el total del gasto social mundial. Si Europa es una potencia mundial en algo es en gasto social: destinamos prácticamente uno de cada tres euros que producimos (el 29.4% del PIB) a políticas sociales. Esa creencia en la equidad y la inclusión que articulamos en torno al concepto de estado del bienestar es una parte esencial de nuestra identidad. Pero financiar estos ideales es muy caro: las políticas de salud, que han permitido a los europeos disfrutar de una esperanza de vida récord, se llevan el 11% de lo que producimos y la pensiones que dignifican a nuestros mayores un 12%. Pero aún con todo ese formidable esfuerzo, en la UE hay 40 millones de personas que viven en situación de extrema pobreza y exclusión social.

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He vuelto

19 julio, 2013

drone-landingCoincidiendo con el cambio de siglo, se puso de moda hablar del declive de Occidente y del auge de Asia y los BRIC (Brasil, Rusia, India y China). El argumento dominante era que el siglo XXI iba a ser un siglo asiático y que Occidente tenía que tomárselo con deportividad: al fin y al cabo, se decía, lo verdaderamente anómalo de los últimos doscientos años era el auge de Occidente; el siglo XXI simplemente nos traería la restauración del poder económico y militar de Asia a los niveles habituales durante la mayor parte del último milenio.

La crisis financiera iniciada en 2008 no haría sino confirmar esas proyecciones. En una reedición del argumento de La Guerra de los Mundos de H. G. Wells, EE UU parecía haber sido derrotado por el virus del liberalismo económico y financiero que con tanto empeño había inoculado al resto del mundo. No en vano, Warren Buffet, el multimillonario estadounidense, definiría las hipotecas subprime y los derivados financieros como las verdaderas armas de destrucción masiva de nuestro tiempo.

Al otro lado del Atlántico, el resto de Occidente no parecía estar en mucho mejor forma: también en Europa una innovación financiera llamada euro, teóricamente destinada a proteger a sus portadores de la inestabilidad financiera y garantizarles un lugar al sol en el siglo XXI, se convertía en una pesadilla, poniendo en cuestión su modelo de integración político y económico y, a la vez, acelerando su declive global.

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Inclusión

8 julio, 2013

Imagenes-disturbios-Egipto_10

Un país no puede ser gobernado desde dos legitimidades contrapuestas: un Estado necesita que los ciudadanos le concedan el monopolio legítimo de la violencia. Pero véase lo que ocurre en Egipto: tú dices hoja de ruta, yo digo golpe de Estado; tú dices tener la legitimidad de las urnas, yo la de las calles; tú dices querer instaurar una democracia, yo sostengo que quieres devolvernos a la dictadura. Egipto vive el peor tipo de conflicto político al que puede hacer frente un país: el que se abre paso cuando la legitimidad se fractura en dos.

No merece la pena pues malgastar mucho tiempo debatiendo sobre calificativos: sin duda que la intervención del Ejército constituye un golpe de Estado. A quienes quieren retorcer los conceptos hasta el punto de querer hablar de un golpe de Estado democrático conviene advertirles de que eso en nada cambia las cosas, al revés: pone aún más de manifiesto hasta qué punto la ruptura en la legitimidad será difícil, si no imposible, de cerrar.

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