Archive for 28 octubre 2011

Rebelión en las capitales

28 octubre, 2011

// Pese a las medidas adoptadas por el último Consejo Europeo, estamos todavía lejos de ver la luz al final del túnel. Como viene siendo costumbre desde que comenzara la crisis, los líderes europeos han adoptado medidas de cortísimo alcance, parches que tapan temporalmente las diferentes vías de agua que se han abierto en el edificio del euro y que vuelven a posponer las soluciones que proporcionarían estabilidad al sistema. El reguero de cumbres europeas y votaciones parlamentarias que ha requerido la ampliación a un billón de euros del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEEF) es la mejor prueba de que la crisis que vivimos es de naturaleza esencialmente política. Es hoy más evidente que nunca que los líderes europeos funcionan con un esquema mental inverso al que la situación exige: en lugar de solucionar los problemas nacionales pensando desde parámetros europeos, intentan solucionar los problemas europeos pensando desde parámetros exclusivamente nacionales.

No es de extrañar que las cuentas no nos salgan, ni a los ciudadanos ni a los mercados: hace tiempo que ambos se han dado perfecta cuenta de que no es la suma de estas partes nacionales, cada vez más incapaces y enfrentadas entre sí, la que salvará a Europa. Por un lado, el Parlamento alemán y el partido de Merkel (la CDU) imponen cada día más limitaciones a la capacidad de actuación de la canciller y, al mismo tiempo, condiciones más severas al resto de los socios. El borrador de declaración sobre Europa y la crisis que la CDU debatirá en su congreso del 14 de noviembre (reproducido en el blog Café Steiner) plantea una reforma de los Tratados cuya lógica es meramente punitiva: sacrificios y exigencias de toda índole sin ninguna contrapartida política de largo alcance.

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El cortafuegos francés

24 octubre, 2011

El desenlace de la crisis del euro no está muy lejos. El presidente saliente del Banco Central Europeo, Jean-Claude Trichet, ha sido rotundo: “Estamos ante una crisis sistémica”. Y una crisis sistémica solo tiene dos finales posibles: un colapso del sistema o un cambio del sistema. No se trata de meras posibilidades teóricas: por primera vez en muchos meses, ambas son igualmente probables. Si fracasa, la cumbre del domingo abrirá el último acto del colapso; si triunfa, será el primero de la recuperación.

En cuanto al colapso del sistema, que los cortafuegos fueran insuficientes o que el fuego fuera demasiado grande es lo de menos: el caso es que durante los dos últimos años, los mercados financieros han saltado una tras otra las barreras que las autoridades europeas han ido instalando. La crisis cruzó primero el Atlántico, dejando tras de sí un reguero de bancos y cajas con problemas; luego se trasladó al sector público, cebándose con Grecia, Islandia, Irlanda y Portugal. En los últimos meses, la lengua del fuego se ha divido en dos, con un frente activo en España e Italia y otro revolviéndose contra un sector financiero europeo doblemente amenazado por el estrangulamiento del crédito y el enorme volumen de deuda soberana adquirida. La última escena de esta película de terror no la hemos visto todavía, pero ya la hemos comenzado a intuir. Si la crisis llega a Francia, lo que seguramente hará si se produce una quiebra desordenada de Grecia o si siguen sin tomarse decisiones de calado, el sistema se colapsará. Los bancos y la deuda soberana de Francia, resguardadas hoy detrás de una calificación de triple A y un reducidísimo diferencial con Alemania en su prima de riesgo, representan el último cortafuegos antes de que el sistema implosione. De ahí los nervios y prisas de Sarkozy.

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Café Steiner

20 octubre, 2011

El 29 de septiembre de 2011 abrí un nuevo blog: Café Steiner, “un blog de ideas y análisis, un espacio en el que compartir aquellas pistas que llaman nuestra atención, que nos señalan caminos inéditos, que nos ayudan a entender lo que está ocurriendo a nuestro alrededor. Así pues, en “A golpe de azul” seguiré colgando mis columnas semanales en el Diario ELPAIS, que no suelen estar abiertas a comentarios, y que podéis recibir por suscripción. Mientras,. la idea de Café Café Steiner es llevar a los lectores de EL PAIS “las mejores ideas que producen los expertos de los centros de pensamiento nacionales e internacionales, los análisis más brillantes y agudos que lee la gente más influyente y mejor informada, los libros y artículos que están dando que hablar, los conceptos que se están abriendo camino y los debates en los que se encuentran inmersos los que están a punto de tomar las decisiones que marcarán nuestro futuro”.

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Una izquierda no muy diestra

20 octubre, 2011

La mayor parte de las discusiones (más bien, lamentos) acerca del futuro de la izquierda caben en el sencillo juego de palabras con el que abre esta columna. Para unos, el problema es que la izquierda no es muy diestra, es decir, que es muy torpe a la hora de convencer a sus potenciales votantes de que tiene la solución a sus problemas. Esta línea de pensamiento parte del supuesto de que, a grandes rasgos, la izquierda no solo tiene razón (histórica y / o moral, da igual), sino de que existe una mayoría de votantes potencialmente dispuesta a votar a una izquierda moderna pero fiel a sus principios de siempre. Para los que así piensan, que los votantes no respalden mayoritariamente en las urnas las opciones de izquierdas es un problema de primer orden, pero puede ser achacado a factores endógenos (las estrategias de comunicación, la calidad del liderazgo o los sistemas electorales, entre otros) o bien a factores exógenos. Entre estos últimos suele destacarse (piénsese en EE UU) el hecho de que el poder económico respalde económicamente a los partidos conservadores, lo que situaría a la izquierda en evidente inferioridad de condiciones. También se menciona el hecho de que, por razones varias (exclusión social o débil cultura política), aquellos que más se beneficiarían de las políticas de izquierda se abstengan de votar, o se señala el hecho de que las dinámicas económicas (globalización) hagan imposible “la socialdemocracia en un solo país”. En resumidas cuentas, por usar una terminología económica, los partidos de izquierda tendrían un problema de oferta (tendrían que mejorar la calidad de su producto) pero no un problema de demanda (porque habría demandantes dispuestos a comprar su producto). Por tanto, ante una crisis económica como la actual, la respuesta estaría clara: más y mejor izquierda.

Para otros, el problema es que la izquierda no es suficientemente diestra en el sentido de que no está suficientemente centrada. En una sociedad moderna políticamente, sólida económicamente y dominada por las clases medias, dicen, los partidos de izquierda se enfrentan a un grave problema de demanda. Puede que sigan teniendo razón, sí, y que sus principios clave sigan siendo validos, pero dado que la democracia es el gobierno de la mayoría, tener razón sirve de poco si uno nunca consigue una mayoría con la que llevar a la práctica sus ideas. Así las cosas, la creencia típicamente izquierdista en un Estado que regule los mercados y que garantice la igualdad de oportunidades mediante (elevados) impuestos progresivos y servicios públicos de calidad, tan loable como pueda ser considerada, podría estar en vías de extinción si solo el tercio más desfavorecido de la sociedad le concede su apoyo en las urnas. Continuando con la analogía económica, la oferta sería adecuada, pero no habría suficientes demandantes. Aquí, averiguar qué ha pasado con los desertores sería crucial. ¿Han cambiado de intereses, y por tanto de valores, es decir, se han derechizado? O, alternativamente, ¿han colonizado algunos valores de la izquierda (especialmente los referidos a la libertad personal, como el aborto, divorcio, pero también el medio ambiente…) otros espacios políticos, permitiendo a muchos electores de clase media abandonar la izquierda sin renunciar enteramente a sus principios? Fuera lo que fuese, en ambos casos, la izquierda tendría que repensar no ya sus estrategias, sino revisar a fondo sus planteamientos.

Ninguna de las respuestas a estas preguntas es sencilla ni inmediata. No obstante, desconocer cuáles son las preguntas que uno tiene que hacerse es mucho más grave que desconocer las respuestas a esas preguntas. Y da la impresión de que algo así le está pasando hoy a la izquierda. Por un lado, la izquierda (española, europea y estadounidense) percibe que la inequidad en la distribución de la riqueza, las diferencias sociales y la falta de regulación de los mercados (a pesar de su importancia) han dejado de ser el factor de movilización electoral decisivo que inclina las elecciones a su favor. Por otro, también percibe que los valores de libertad individual no están puestos en cuestión ya que una muy amplia mayoría de los ciudadanos (también en la derecha) no solo los tolera, sino que los practica. A la vez, muchos en la izquierda creen en la libertad económica y de empresa como fuente de prosperidad y de distribución de oportunidades, incluso en lo referido a la prestación de servicios públicos esenciales, debilitando el credo redistributivo de la izquierda. Con todo este mestizaje de ideas y valores, la impresión es que la manta de la izquierda se ha quedado corta: si se tapa los pies, tiene frío en el pecho y si se tapa el pecho, se le hielan los pies.

ELPAIS INTERNACIONAL 13/10/2011

El embudo democrático

10 octubre, 2011

Con la acampada en Wall Street, la indignación popular con la crisis termina de cubrir todo el arco político y geográfico que va desde Estados Unidos a Grecia. A primera vista, hay pocas semejanzas entre ambos casos. Mientras que la Grecia de Papandreu está en crisis debido a un Estado clientelista sumamente ineficiente que se ha endeudado hasta lo insostenible, el Estados Unidos de Obama es víctima de unos mercados financieros que han implosionado y llevado la economía al colapso. Fallo de Estado a un lado, fallo de mercado al otro, podríamos decir simplificando.

Sin embargo, Grecia y Estados Unidos se parecen mucho más de lo que sospechamos estos días. La arquitectura nos da una buena pista: que los edificios públicos de Washington y Nueva York reproduzcan tan fehacientemente el ideal griego no es una casualidad. Atenas y Washington son la cuna de la democracia: la primera de la democracia directa, la segunda de la democracia representativa. Ese ideal, tan magistralmente explicitado en dos textos con una impresionante similitud, la Oración fúnebrede Pericles y el discurso de Lincoln en Gettysburg, es el que hoy está cuestionado. Primero le tocó el turno a la democracia directa, que degeneró en populismo, demagogia e ingobernabilidad. Viendo el trágico final de Sócrates, forzado a tomar la cicuta, no es de extrañar que los padres fundadores de Estados Unidos rechazaran hablar de democracia y prefirieran describir su sistema político como de “gobierno representativo”, es decir, un sistema en el que más que permitir al pueblo gobernarse a sí mismo, se le concedía el poder de elegir y deponer a sus gobernantes regularmente como forma de preservar sus libertades (más exactamente, la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad, como diría la Declaración de Independencia de Estados Unidos).  (more…)