Posts etiquetados ‘Europa’

Europaradolandia

10 mayo, 2013

jobless_in_spain.previewCelebramos ayer el día de Europa bajo dos sombras. La primera es la severísima situación de desempleo, precariedad, estancamiento económico y recortes en el Estado del Bienestar que sufren millones de europeos como consecuencia de la crisis. Las magnitudes son impresionantes: si los 26 millones parados que tiene hoy la UE declararan la independencia, ese hipotético estado, Europaradolandia, sería nada menos que el séptimo miembro de la UE, por detrás de Alemania, Francia, Reino Unido, Italia, España y Polonia.

¿Qué país mejor que España para ilustrar el drama que vive Europa? Hay hoy más españoles en paro que ciudadanos daneses en total (5,5 millones), eslovacos (5,4), finlandeses (5,3), irlandeses (4,5), lituanos (3,3) letones (2,3), eslovenos (2,2) estonios (1,3) o que chipriotas, luxemburgueses y malteses juntos (1,7). Si los 6,2 millones de parados españoles decidieran marcharse de España y fundar su propio Estado, en la UE habría nada menos que 11 países con menor población que esta hipotética “República Independiente del INEM” formada sólo por desempleados españoles. Claro que mientras que todos esos parados españoles carecen de una voz política propia que puedan articular institucional o políticamente, esos 11 Estados de la UE tienen un Comisario, se sientan en el Consejo Europeo y pueden bloquear la reforma de los Tratados.

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Los socialistas y Europa

3 febrero, 2013

MitterandEl 9 de mayo es la fecha con mayor carga simbólica de Europa. En ese día se celebra tanto el aniversario de la Declaración Schuman de 1950, que puso los cimientos de la actual Unión Europea, como la capitulación de la Alemania nazi. Pero para los socialistas españoles, la fecha del 9 de mayo trae un recuerdo amargo. Fue precisamente ese el día, en 2010, en el que Zapatero dio un giro completo a su política económica y adoptó un severo plan de ajuste para la economía española. Zapatero fue doblegado por los mercados, los ministros de Economía europeos reunidos de emergencia en domingo en Bruselas y hasta el mismo Obama, que por teléfono le advirtió de que si caía España, caería Europa desencadenándose una crisis económica global. Ironías de la historia para los socialistas españoles, tan profunda y sinceramente europeístas, el día de Europa de 2010 dio paso a una debacle electoral de primera magnitud.

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El nuevo tablero europeo

9 enero, 2013

MAPA FISICO EUROPALa crisis del euro ha forzado una realineación sin precedentes en la geografía política europea. Durante décadas, la integración europea ha funcionado como un tablero de juego con varias dimensiones: económica, política, estratégica. En cada una de ellas ha habido dinámicas distintas, pero también equilibrios que han permitido que todos los participantes en el proceso pudieran sentirse satisfechos.

En el tablero económico ha habido siempre asimetrías de tamaño y fortaleza, pero nunca una hegemonía que hiciera a nadie sentirse amenazado. La integración europea ha funcionado como una globalización “buena”. Europa se ha dotado de unas reglas del juego transparentes y equitativas, pero también de la autoridad y las instituciones para hacerlas cumplir. Cada país ha podido buscar su nicho de mercado, experimentar con diversos modelos socioeconómicos y de crecimiento y ajustarlos hasta encontrar el éxito. Todos los miembros de la UE han tenido al alcance buenas oportunidades no solo de crecer, sino de hacerlo de forma cohesionada, tanto hacia dentro, generando inclusión social, como hacia fuera, acortando las diferencias de renta entre países.

En el tablero político, las cosas no han sido muy diferentes, pues las vocaciones europeas de Francia y Alemania, aun cuando fundamentalmente diferentes en su origen, ambiciones y visiones, se han complementado siempre. Pero lo mejor del motor franco-alemán ha sido que ha liderado Europa sin necesidad de obligar a los demás a tomar partido por Berlín o París. De esa forma, países como España han podido jugar siempre a múltiples bandas de forma simultánea. Y por si fuera poco, el Reino Unido ha ofrecido siempre una tercera puerta a la que llamar, haciendo del todo imposible que una eventual intención de Francia y Alemania de constituir un duopolio pudiera materializarse.

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El efecto coyote

1 junio, 2012

Como todo el mundo sabe, en el popular Correcaminos los problemas del coyote no empiezan cuando la carretera acaba y se queda suspendido en el vacío. El coyote sabe que hay un precipicio, pero también sabe que solo caerá cuando mire hacia abajo. Por tanto, si consigue evitar la tentación de mirar, no caerá; incluso podrá retroceder y volver a zona segura. La paradoja de la situación que define el efecto coyote es que, a veces, para sobrevivir hay que negar la realidad cuantas veces sean necesario.

Esta es la situación en la que se encuentra Europa y, por extensión, España. Tras tres años de medias y tardías respuestas, siempre desmentidas al minuto siguiente por los acontecimientos, todos los actores en este juego, Gobiernos, mercados y ciudadanos, han llegado al convencimiento de que la eurozona está suspendida sobre el vacío. Si no quieren mirar hacia abajo es porque saben perfectamente tanto lo que encontrarán como lo poco que les gustará.

Allá abajo verán, en primer lugar, una moneda común que ha demostrado serlo solo en apariencia. Si fuera una moneda común, tendría los atributos que normalmente tienen las monedas: un Banco Central que actuara como prestamista de última instancia y que estuviera dispuesto a intervenir ilimitadamente en el mercado para respaldar esa moneda, fuera vía los tipos de interés, mediante compras de deuda o sencillamente dándole a la máquina de imprimir billetes. Si esa moneda común fuera tal, también tendría una política fiscal y un presupuesto común dotado de los suficientes recursos como para prevenir y atajar las crisis, incluyendo un mecanismo común para resolver las crisis bancarias y, en definitiva, el respaldo de un verdadero Gobierno económico europeo.

Nada de eso encontraremos si miramos hacia abajo: si lo hiciéramos, lo que en realidad nos encontraríamos es un sistema de tipo de cambios fijos extremadamente rígido que, no solo carece de mecanismos colectivos para corregir desequilibrios y atajar las crisis, sino que tiene como principal objetivo contener los problemas de deuda, privada o pública, en el ámbito nacional, aunque, como muestra el caso de España, generen un círculo vicioso y una dinámica insostenible que lleve a que sus miembros caigan uno detrás de otro.

El Gobierno es consciente de la situación y sabe que España está suspendida en el vacío. Cómo hemos llegado hasta aquí da un poco igual: probablemente haya partes iguales de ingenuidad, inexperiencia, exceso de fe europeísta, dogmatismo ideológico, soberbia y puro y simple desbordamiento por acontecimientos imprevistos, nada en definitiva que no sea recurrente en la política y común entre los seres humanos. El plan original del Gobierno, hacer un ajuste rápido y duro y ganar la confianza de los mercados, se parecía demasiado al puesto en marcha por el Partido Popular al llegar al Gobierno en 1996. El problema es que ahora las circunstancias son radicalmente distintas ya que en lugar de un contexto europeo favorable, tenemos uno completamente adverso. Eso explica que el Gobierno haya tardado meses en salir al ruedo europeo: en el planteamiento inicial, la secuencia era ajustar primero y hacer política europea después sobre la base de la credibilidad ganada. Ahora, la secuencia es más compleja, pues se es consciente de que sin política europea el ajuste no servirá de nada pero, a la vez, se descubre día a día que hacer esa política sin credibilidad ni plan alguno es tan imposible como frustrante.

La situación es desquiciada, pero no irreversible. Aunque parezca mentira, el coyote puede desandar el camino y volver a tierra segura. Y si puede hacerlo es porque en política, como en los dibujos animados, las leyes de la física se pueden manipular. En otras palabras, mientras que el saber técnico nos dice que de no cambiar las actuales circunstancias la zona euro muy probablemente se colapsará, el saber político nos dice que la zona euro no está inevitablemente condenada al colapso y que es posible salvarla. Claro que decirlo es más fácil que hacerlo, pues todo lo que necesitamos para salvar la eurozona es precisamente aquello que no podemos conseguir ya que Berlín se opone frontalmente.

Pero dejemos a un lado los reproches a Alemania. Ha llegado la hora de sincerarnos con Berlín y decirle que aunque reconocemos la solidaridad alemana, no es lo que necesitamos. Lo que necesitamos es el egoísmo ilustrado de Alemania, una visión de si esta unión les merece la pena a ellos, no a nosotros. Berlín tiene que hacer sus cuentas y decirnos bajo qué condiciones les compensa esta unión y hasta dónde está dispuesta a llegar. Luego ya decidiremos qué hacer. Así que mientras los alemanes deciden hasta dónde llega su sano egoísmo, intentaremos no mirar hacia abajo.

Publicado en la edición impresa de elpaís 1 de junio de 2012

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El día después del bombardeo a Irán

24 febrero, 2012

¿Qué dirá el comunicado que emane de Bruselas el día después del bombardeo israelí a Irán?¿”Lamentará”? ¿“Deplorará”? ¿”Notará con preocupación”? No sabemos si tal comunicado está ya redactado, seguramente no, pero tal y como van las cosas, sería absurdo no ir preparándolo. Con todo, la experiencia nos dice que la redacción no será el mayor de los problemas: la Unión Europea es especialista en encontrar el lenguaje adecuado para que todos los estados puedan firmar una declaración, da igual cual sea el tema. Mal que bien, el alambique funcionará y, como es su obligación, producirá una alambicada declaración.

La única intriga es cuánto se desviarán los ministerios de exteriores nacionales de ese comunicado de Bruselas. Haciendo honor a la diversidad de visiones que sobre Israel tienen los Estados miembros de la UE, cada capital podrá jugar con los matices: unos comunicados barrerán hacia Israel y otros se mostrarán menos comprensivos. Seguir esos matices será interesante: Reino Unido lamentará el uso de la fuerza pero rápidamente volcará toda la responsabilidad sobre Irán; Alemania hará malabarismos para compensar su acendrado pacifismo y respeto por la legalidad internacional con su incapacidad estructural para criticar Israel; Francia intentará equilibrar su visión tradicionalmente crítica con Israel con su alineamiento estratégico con Occidente. Sumados los 27 puntos de vista, es bastante fácil anticipar que unas posiciones cancelarán a las otras y que todo quede en nada o muy poco.

El bombardeo, de producirse, supondrá una clara violación de la legalidad internacional por parte israelí pero es difícil que la UE se una para sancionar a Israel, máxime si hay represalias iraníes que afecten a los europeos, económica o militarmente, obligándoles a intervenir y tomar partido en la crisis que se abrirá posteriormente. En el peor de los casos, los europeos podrían verse obligados a intervenir militarmente para preservar la seguridad de la navegación en el Estrecho de Ormuz. Pero sin ir tan lejos, las consecuencias económicas serían por sí solas bastante graves pues un repunte de los precios del petróleo y de la inseguridad económica no es precisamente lo que necesitan las maltrechas economías europeas. En cualquiera de los casos, Europa aparecerá como un actor marginal e irrelevante, un actor que, una vez más, se verá obligado a gestionar las consecuencia de las decisiones adoptadas por otros, sin haber podido influir de antemano en ellas.

La discusión sobre el día después debe servir para pensar en el día antes. El bombardeo de Irán por parte de Israel representará un fracaso de primera magnitud. Ese fracaso es un tren que todo el mundo en Europa ve venir pero sobre el que nadie sabe, puede o se atreve a hacer mucho. En la mayoría de las capitales europeas se tiene la sensación de que Israel está manipulando muy efectivamente la situación para que aceptemos el bombardeo como inevitable. Se percibe, con toda claridad, que el camino que Israel quiere emprender es completamente contradictorio con la estrategia que hemos puesto en marcha, consistente en incrementar las sanciones y la presión diplomática sobre Irán. Pero como en 2003, cuando algunos decidieron unilateralmente y de antemano que las sanciones a Irak no funcionarían, tenemos dos juegos funcionando en paralelo: por un lado, el camino incompleto, incierto y sin garantía de éxito de la sanciones, las inspecciones y la legalidad internacional; por otro, el mucho más arriesgado, ilegal e igualmente incierto recurso al uso de la fuerza. Como en 2003, estos dos lenguajes no están integrados: el uso de la fuerza (o la amenaza de su uso) no representa un eslabón más del proceso negociador. Irán sabe perfectamente que este Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, con Rusia y China con derecho de veto, nunca aprobará una acción militar contra ella, incluso aunque las sanciones fallen. Por esa misma razón, los europeos, aunque hemos progresado mucho y hemos logrado unirnos para llevar a cabo una nueva ronda de sanciones, sabemos de antemano (aunque no lo decimos) que las sanciones no serán efectivas: harán daño, pero no forzarán al régimen iraní a abandonar su programa nuclear. Eso explica la percepción, casi unánime, de que el camino de la diplomacia, aunque no esté cerrado, será inútil, lo que a su vez es precisamente lo que necesita Israel para justificar su bombardeo. Y como no logramos romper ese círculo vicioso vivimos ya en el día después de haber sido arrastrados a una guerra que no pudimos evitar. Irán, nos dice Israel, está entrando en la “zona de inmunidad”. Con ese argumento, mientras tanto, Israel se sitúa en la zona de impunidad.

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El gran pacto que Europa necesita no está listo

27 enero, 2012

El euro es la clave de bóveda del proyecto europeo. Por esa razón, una crisis que afecte al euro es una crisis existencial. Y por eso también es fácil entender por qué, aunque la Unión Europea haya estado antes en crisis, nunca se había asomado al abismo y sentido tanto vértigo. La crisis de la silla vacía, la época de “euroesclerosis”, el bloqueo de Margaret Thatcher a causa del cheque británico, las divisiones ante la unificación alemana, las turbulencias en torno a la ratificación del Tratado de Maastricht o la rebeldía popular ante la Constitución europea, todos esos momentos agitaron las aguas europeas, pero nunca amenazaron con hacer zozobrar la nave europea. En contraste, la crisis del euro ha recorrido transversalmente y presionado intensamente sobre todas y cada una de las líneas de fuerza subyacentes al proyecto europeo.

La crisis ha agudizado las tensiones entre los viejos y los nuevos miembros, entre el Norte y el Sur, entre protestantes y católicos, entre los miembros de la eurozona y los que están fuera de ella. También ha sometido a tensión las políticas que constituyen el núcleo de la Unión: el mercado interior; la libertad de circulación y la política exterior y de seguridad. En todos esos ámbitos hemos asistido a presiones centrífugas que han debilitado el espíritu común y la capacidad de actuación conjunta.

Publicado el 26/01/2012 en el diario elpais  como parte del suplemento especial editado por cinco periódicos europeos.

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Despilfarros exteriores

12 enero, 2012

Jean Monnet decía que un problema no podía entenderse correctamente hasta que no se visualizaba en una tabla. Sus tablas, a cuya preparación dedicaba ingentes esfuerzos, ayudaban a los estados a visualizar las ineficiencias que se derivaban de las duplicidades en su gasto y las ventajas de la cooperación y la coordinación. Siguiendo su inspiración, en algún momento de la pasada década, alguien decidió contar cuántas embajadas y consulados tenían los (entonces) 25 estados miembros de la Unión Europea. El resultado fue revelador: frente a las 243 misiones que mantenía EEUU, los 25, a los que había que añadir la Comisión y el Consejo Europeo, sumaban nada menos que 3.230 delegaciones. Con 110.545 personas a su servicio, la UE era el actor diplomático más extenso dotado del mundo. Si nadie se había dado cuenta hasta la fecha, era por una buena razón: el retorno de ese inmenso despliegue era ínfimo. La UE era el primer bloque económico y comercial del mundo, también el segundo en gasto militar, muy por delante de China o Rusia, pero diplomáticamente apenas existía.

Con ese diagnóstico en la mano, la UE adoptó un plan increíblemente ambicioso: fusionar los servicios diplomáticos de la Comisión y el Consejo e integrar en el nuevo servicio hasta un tercio de diplomáticos provenientes de los Estados miembros. En la cúspide del sistema habría un “ministro” de Exteriores (llamado alto representante) asistido por un comité de embajadores permanentes con sede en Bruselas, además de otros servicios de planeamiento, gestión de crisis, etcétera. Para muchos Estados, este plan, plasmado en el Tratado de Lisboa, abriría la posibilidad de cerrar o compartir embajadas en todos aquellos lugares donde sus intereses fueran sobre todo europeos más que exclusivamente nacionales, permitiéndoles concentrarse en aquellos temas y regiones donde su valor añadido fuera mayor. Las diplomacias nacionales se veían obligadas a pensar en cómo reinventarse y desplegarse, toda vez que una gran parte de sus funciones tradicionales (especialmente en el ámbito comercial y consular) estaban ya en manos de la Unión Europea, no de los Estados.

Pero resulta que mientras los 27 Estados de la UE dedicaban casi una década a la ingente tarea de diseñar los instrumentos legales, políticos y financieros que les permitieran coordinar sus capacidades diplomáticas y racionalizar su despliegue exterior, dentro de España, las Comunidades Autónomas recorrían el camino exactamente inverso abriendo un ingente número de delegaciones exteriores (hasta 200) y estableciendo sus propias agencias de cooperación al desarrollo pese a sus elevados niveles de endeudamiento o incluso, al hecho de que, como en el caso de Andalucía, se tratara de regiones que recibían importantes subsidios por parte de los países más ricos de la UE.

Retrospectivamente, el problema no reside tanto en las competencias de acción exterior en sí, pues estas tienen cierto sentido en un Estado descentralizado, máxime en los ámbitos de promoción cultural, turística o comercial, sino en el volumen de gasto (150 millones de euros) y, sobre todo, en la falta de coordinación y búsqueda de sinergias. Se trata de un problema endémico de nuestro sistema autonómico, en el que la cooperación horizontal entre CCAA y la supervisión por parte de terceros actores brillan por su ausencia o son extremadamente débiles. Esto da lugar a situaciones paradójicas. Por ejemplo: de acuerdo con el procedimiento denominado “semestre europeo” Bruselas puede examinar los presupuestos del Estado con antelación a su aprobación por la Cortes Generales, pero las Comunidades Autónomas no estén sometidas a la misma exigencia por parte del Estado central, ello pese a que este tendrá luego que responsabilizarse de su déficit ante Bruselas, incluso haciendo frente a importantes multas y sanciones.

Todo ello pone de manifiesto una situación difícil de entender y para la que en absoluto parecíamos estábamos preparados. Mientras, como consecuencia del proceso de integración europeo, el Estado central se ha “europeizado” y cedido competencias de supervisión a Bruselas hasta niveles insospechados (y más que lo está haciendo y lo hará con la crisis actual), las Comunidades Autónomas han logrado en gran medida zafarse del control y supervisión, de sus ciudadanos, por abajo, y de otros entes, sean el Estado o la UE, por arriba. La crisis podría, al menos, servir para corregir esta contradicción entre la europeización de la Administración central y la “deseuropeización” de las Comunidades Autónomas.

 

Publicado en ELPAIS.com el 10 de enero de 2011 como complemento al Reportaje: ¿Diplomacia o despilfarro?

Presentación del libro “La fragmentación del poder europeo”

14 septiembre, 2011

Madrid, 13 de septiembre de 2011. Ayer se celebró la presentación de La fragmentación del poder europeo, libro escrito por José Ignacio Torreblanca, director e investigador principal de ECFR Madrid, en el auditorio de la Fundación Mapfre. Felipe González, Diego Hidalgo, Darío Valcárcel y Diego López Garrido acompañaron al autor en un acto con muchísima repercusión en los medios de comunicación

El diario El Mundo lleva hoy en su portada de la edición impresa una noticia sobre el acto: “González avisa: ‘La UE está al borde de un abismo irreversible’”. También en la edición digital del diario El País se recoge el evento: “Felipe González aboga por una política fiscal común de la UE para salir de la crisis“. La Vanguardia, por su parte, también lo saca en la web: “Felipe González: “La UE está al borde de un abismo irreversible“, además de añadir un pequeño vídeo de 30 segundos con un corte de la intervención del expresidente, que se puede ver en este mismo blog. ABC, también online, titula “Felipe González: “Estamos al borde del precipicio“, e incluye el mismo vídeo; mientras que en El Periódico de Catalunya, también con el vídeo, leemos que “Felipe González avisa de que la UE está “al borde de un abismo irreversible” si no hay reacción política“.

En el diario Expansión encontramos la siguiente noticia “Felipe González: la UE debe admitir que estamos “al borde del precipicio“, en 20 minutosFelipe González avisa de que la Unión Europea está “al borde de un abismo irreversible“, en La GacetaFelipe González pide a la UE admitir que se está “al borde del precipicio“, en El EconomistaFelipe González avisa de que la UE está “al borde de un abismo irreversible” si no hay una reacción política” y en Europa PressFelipe González avisa de que la UE está “al borde de un abismo irreversible” si no hay una reacción política

También las televisiones se han hecho eco de la noticia. En Antena 3, con un pequeño reportaje incluido titulan “Felipe González: “Estamos al borde del precipicio“, y en TelecincoFelipe González avisa de que la UE está “al borde de un abismo irreversible“.

La noticia también ha estado presente en las radios. En la Cadena SER leemos que “Felipe González pide a la UE admitir que se está “al borde del precipicio“, en la COPE ”Felipe González: la UE está “al borde de un abismo irreversible“, mientras que en Radio Nacional de España fue parte de la tertulia del programa 24 horas.

Por Javier García Toni Foto: elpais.com. Autor: Uly Martín.

Europa de mis pecados

2 septiembre, 2011

El diagnóstico clásico de Ortega y Gasset, “España es el problema, Europa es la solución”, resume de forma sencilla y directa la visión que de Europa han tenido varias generaciones de españoles. Detrás de ese aserto se esconden una serie de anhelos del todo comprensibles viendo el inexorable rumbo de decadencia emprendido por España y el trágico desenlace de su siglo XX. En un país supuestamente dado a la polarización ideológica, la fragmentación territorial y el enfrentamiento social, siempre hubo un consenso que se impuso a cualquier desavenencia: que solo la completa e irreversible europeización de la vida política, social y económica sería capaz de arrancar a España de un pasado trágico y proyectarla hacia un futuro democrático, estable y próspero.

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¿Se salvará Europa?

15 febrero, 2010

Una noche de abril de 1967, cuando el actual primer ministro griego, George Papandreu, tenía 13 años, los militares entraron en su casa y, apuntándole a la cabeza, le conminaron a que revelara el paradero de su padre, Andreas, que luego sería tres veces presidente del Gobierno entre 1981 y 1996. La sensación de presión sobre la sien experimentada entonces no debe haber sido muy distinta de lo que Papandreu ha debido experimentar esta semana a manos de los mercados financieros. (más…)


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